Cobarde golpe a la libertad de expresión

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En un descarado acto de venganza y sin argumento legal y convincente nuestro indigno Presidente ha desgreñado aún más su pésima reputación.

Ha asestado un perverso golpe dictatorial a la libertad de expresión y ha impuesto un moderno candado de censura a la periodista Carmen Aristegui por haberle causado grietas a su fantasioso sexenio. Ha expuesto sus garras, devorando la frágil y aparente libertad democrática que tanto ha “defendido”.

Se ha revolcado en el revanchismo como niño berrinchudo que se sale con la suya después de haber arrebatado su codiciado juguete.

Es un egoísmo deslumbrante que amenaza la supervivencia libre de los periodistas que como la Señora Carmen levanten la voz informando, a la vez que exige con su ejercicio informativo que los gobernantes  cumplan con la elemental obligación de informar a los mexicanos en qué gastan los recursos.

¿No es acaso viable que el pueblo se lo demande a nuestros insulsos representantes?

Es una bofetada llena de soberbia, un acto de plena cobardía reiterada; que por decir la verdad hasta la vida se vea amenazada.

Que una profesional investigación hoy sea motivo de persecución, al amparo de los colegas paleros que mueven la cola cual perros falderos. Pocos periodistas tienen integridad y valentía admirable.

¿Este es un gobierno democrático y tolerante? ¿Cuál será el nuevo engaño que postergará la dictadura priísta hasta la extinción de sus subordinados?

Baldemar Montejo Martínez

Baldemar Montejo Martínez

Profesor de educación primaria. Simpatizante de la justicia y la honradez.