Carrera magisterial y los cambios por venir.

José Antonio Martínez Gutiérrez

Carrera magisterial, es un programa de estímulos horizontal que permite despegues salariales de los profesores quienes a través de su actualización, mejoran la calidad de  los aprendizajes de sus alumnos.

Es un programa que nació allá por el año de 1993, en plena vorágine del Acuerdo Nacional para la modernización de la educación básica.

Se trata de un sistema de estímulos económicos permanentes,  escalables y organizados en los  niveles A, B, C, D y E, y que han fortalecido, sin duda,  el poder adquisitivo de los maestros beneficiados con el programa.

De acuerdo con la ley del servicio profesional docente, carrera magisterial seguirá funcionando hasta que entre en vigor el programa al que se refiere el artículo 37 de esa misma ley.

Fue en el año 2011,  que el entonces titular de la SEP Alonso Lujambio (QEPD) y la ex líder del SNTE Elba Esther Gordillo Morales acordaron una reforma a sus lineamientos.

Los cambios fueron sustanciales.    El más importante, los 50 puntos que un maestro podía obtener en el factor aprovechamiento escolar a través de la prueba ENLACE, que  guste o no,  agudizó (aún más) la crisis de credibilidad de la prueba censal, que en éste 2014,   justamente fue suspendida por el INEE.

Solo las etapas  XXI y XXII se evaluaron con los lineamientos 2011,  pues la etapa XXIII, cambió de nuevo el sistema de evaluación acentuando mayor peso al factor preparación profesional, es decir, el examen que deberán presentar los profesores en el mes de junio.

De 2011 a la fecha, dos acentuados cambios que generan debate:   ¿más peso al factor aprovechamiento escolar o a la preparación profesional?

Ambos factores son importantes, sin embargo, la lógica en  todo sistema educativo es,  que las acciones que se emprendan  deben impactar en el objetivo principal:  el aprendizaje de los niños.

De ahí la importancia de una nueva carrera magisterial vinculada a los resultados de los alumnos, que estimule al docente en base a la evidencia tangible de lo que pasa en las entretelas del aula  escolar.

Y para ello, es preciso entender que valorar  el aprovechamiento escolar  va más allá de la simpleza de un prueba como ENLACE, sin control y perversa.

Hay que ir con rigor  al proceso,  donde el maestro deja constancia de su profesionalismo con su desempeño.

En ese sentido, el aprovechamiento escolar, así como la preparación profesional, son dos factores de obligada evaluación, pero no con  instrumentos estandarizados.

Celebro que desde la academia del INEE, se establezcan criterios para la política de evaluación tales como:

Los objetos, métodos, parámetros, instrumentos y procedimientos de la evaluación.

-Las directrices derivadas de los procesos de evaluación.

-Los indicadores cuantitativos y cualitativos.

-Los alcances y consecuencias de la evaluación.

-Los mecanismos de difusión de los resultados de la evaluación.

-La distinción entre la evaluación de personas, la de instituciones y la del Sistema Educativo Nacional.

-Las acciones para establecer una cultura de la evaluación educativa.

Ojalá que desde la visión del instituto de la evaluación,  la carrera magisterial salga fortalecida.    

Es todo un reto,  pero claro que se puede.

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