Hace unos días, al navegar en mis redes sociales, encontré el video de una profesora en el que, además de saludar, imagino a sus seguidores, lanzó una pregunta que me pareció bastante interesante: “Oigan, “¿en su estado no están trabajando el Aula Blanca?”. Posterior a ello, comentó que en Nuevo León se estaba trabajando de esa forma, pero, además, dio una pequeña explicación diciendo que no era realizar esta actividad mediante rincones, aunque sí existían ciertas áreas para ello, sino una filosofía para el trabajo colaborativo en un grupo pequeño de niños (por ello la existencia de esas áreas), para que cada uno de estos estuviera trabajando sobre un mismo tema, pero en diferentes espacios.
Alguna profesora (así lo supuse por lo que redactó) le escribió que un Aula Blanca no se refiere a lo que ella comentaba, sino a que el aula no tuviera tantos distractores, es decir, que no hubiera tantas cosas pegadas en las paredes y, en cuanto a los espacios, señalaba que antes a eso se le llamaba colocar “áreas de trabajo o rincones”, que quedaban permanentes para que se pudiera echar mano de los recursos (con los que se contara) en cada espacio para que “x” cantidad de niñas y niños, mediante gafetes, pudieran realizar las actividades que se les asignaba.
Después de indagar un poco sobre este tema en esta entidad, pude averiguar que sí se ha llegado a aplicar esta disposición, no como un programa pedagógico normal con un decreto público único, sino a través de orientaciones técnicas o circulares en ciertas zonas escolares, con algunos criterios provenientes de las supervisiones, particularmente de preescolar y primaria, lo cual ha generado una fricción y discusión importante entre las autoridades, los directivos y el magisterio frente a grupo. Esto por dos cuestiones: 1) quienes han impulsado esta medida señalan que las aulas “saturadas” generan sobreestimulación visual, afectando la autorregulación y concentración de estudiantes con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDHA), Trastorno del Espectro Autista (TEA) o Barreras de Aprendizaje y la Participación y, por ello deben retirarse láminas, frisos, carteles y trabajos pegados con cinta para que las paredes estén limpias; 2) sin embargo, se dice también, que parte de estas indicaciones se debe a ciertos programas de mantenimiento y dignificación de planteles por parte de la Secretaría de Educación de Nuevo León, desde donde se instruye evitar el deterioro de los inmuebles con pegamentos, cinta canela, clavos, entre otros.
El tema, insisto, me resultó bastante interesante de analizar, más por los posibles beneficios o afectaciones al proceso de enseñanza y de aprendizaje que se vive al interior de los salones de clase que, por un tema, digamos, de política educativa local. Veamos.
El debate en torno al concepto de “Aulas Blancas” o aulas asépticas/neutras ha cobrado fuerza en la discusión pedagógica y de política educativa en los últimos años, debido a la tensión entre dos visiones opuestas del espacio escolar; me refiero a la pretensión de neutralidad pedagógica frente a la contextualización sociocomunitaria.
Originalmente, la metáfora del Aula Blanca alude a un entorno educativo diseñado o gestionado bajo un ideal de asepsia ideológica, cultural y social, porque se considera al aula: a) como una caja blanca o laboratorio cerrado (neutro o desconectado), donde los conflictos sociales, la política, la diversidad cultural y las realidades del entorno exterior quedan fuera de la puerta, b) la idea es trabajar con un enfoque con contenidos estandarizados, técnicos y medibles, asumiendo que el conocimiento es puramente objetivo y desprovisto de carga política o contextual, c) en consecuencia, el docente es reducido a un técnico trasmisor de programas curriculares preestablecidos, evitando posicionamientos críticos o reflexiones sobre problemas raciales. Hay algunos casos que se pueden o pudieron observar en Estados Unidos, Brasil, Hungría, Rusia, Francia o Singapur, donde se aplica o aplicó este modelo.
Sin embargo, tal concepción no ha sido bien vista en otros sectores o estados-nación, porque, por ejemplo, en corrientes como la educación popular, la pedagogía crítica o reformas enfocadas en el territorio y la comunidad (como la nuestra o la de Bolivia), el Aula Blanca se critica por despojar a la educación de su sentido transformador y por ignorar las desigualdades estructurales de las y los estudiantes. Esto ,por obvias razones genera tensión y/o polarización sobre algunos contenidos y valores, sobre todo en ciertos sectores conservadores que exigen aulas neutras o blancas para evitar la discusión de temas como perspectiva de género, educación sexual o integral, derechos humanos o memoria histórica, argumentado que dichos temas corresponden exclusivamente al ámbito familiar.
Ahora bien, tales ejemplos no son los únicos espacios donde se generan estas tensiones, existen otros que en México se conocen muy bien ya que, en el pasado reciente se aplicaron a rajatabla, me refiero a: 1. Las políticas basadas en pruebas masivas y currículos cerrados que, indistintamente, plantean de facto aulas asépticas (aunque esto no sea muy evidente) donde solo se prioricen los aprendizajes fácilmente cuantificables en detrimento del análisis crítico y la formación ciudadana, 2. Cuestionar la autonomía profesional del docente, ya que su actuar solo debe restringirse a la aplicación de un plan de estudios, sin que tenga la posibilidad de ser un mediador sociocultural con capacidad de contextualizar y cuestionar los sucesos de su entorno.
El caso que me ocupa y preocupa un poco, parece ser la excepción a lo largo y ancho de la República Mexicana, y qué bueno; hoy por hoy, la idea de imponer una Aula Blanca con las características que ya señalaba en nuestro sistema educativo no sería, desde mi perspectiva, nada sensato, sobre todo si consideramos la diversidad, pluriculturalidad, pluriétnico y plurigeográfico que es en nuestro territorio.
Pienso que en Nuevo León tal vez se haya aplicado el término con un sentido, digamos, físico y organizativo, enfocado en la reducción de estímulos visuales y el trabajo por rincones o áreas de interés, el gran problema viene cuando se emplean conceptos o ideas cuyo significado es diferente; tal vez, vuelvo a pensar ingenuamente, que las autoridades educativas no pretendieron con esta medida, que en la escuela no se hable de perspectiva de género, educación sexual, diversidad, etcétera; digo, esto lo comento porque recientemente hemos visto a Aurelio Nuño convivir con integrantes de Movimiento Ciudadano, partido político del que proviene el gobernador de esa entidad, y ya sabemos cómo se las gasta este personaje y el o los grupos políticos y empresariales a los que pertenece. En fin.
Es cierto, cada entidad federativa de nuestro país tiene la enorme posibilidad de desarrollar los programas que considere pertinentes, sin embargo, hay una enorme diferencia entre programas debidamente fundamentados y ocurrencias. Ojo, no con esto estoy diciendo que no se tenga que dialogar, por ejemplo, en el sobreestimulo visual que podrían recibir las y los niños en el salón de clases, lo que estoy diciendo es que no se deben emplear ciertos conceptos/concepciones sin el debido conocimiento de causa.
Sí, es probable que alguien mencione que la medida proveniente de la autoridad educativa de Nuevo León está basada en las aportaciones de Montessori, Reggio Emilia y la neuroeducación, y puede ser cierto, sin embargo, ¿dónde queda la autonomía docente o la tradición pedagógica de la lectoescritura constructivista y la educación popular? Otra vez, en fin.
Entre ocurrencias en los estados y en la federación, estamos por iniciar un ciclo escolar más, lleno de retos y grandes desafíos. De todo corazón, mis mejores deseos y parabienes para todo el gremio.
¡A darle maestras y maestros!
