La eterna celebración del magisterio

 

No puedo pasar la ocasión estimados maestros y maestras para en serio felicitarles.

Como Director de Profelandia me siento agradecido de contar con la confianza de intensos lectores que día a día llevan nuestras publicaciones a la red con sus comentarios abiertos y sin censura, con sus tuits, retuits, likes, etc.

La responsabilidad que me ocupa al frente de este portal, me permite comprender con mayor amplitud los tiempos difíciles que abonan en torno a la labor magisterial, o mejor dicho… éste arte de enseñar.

Y digo arte porque no cualquiera puede darle vuelo a la hilacha de la profunda e increible imaginación de los niños y niñas como cuando sucede la magia del aprendizaje.

Claro está que el panorama complejo nos impone el reto de defender la sagrada misión de la enseñanza desde cualquier trinchera.

Aun cuando el discurso oficial se empeñe en hacernos creer que nada es contra el magisterio, lo cierto es que el peligro acecha a la figura del maestro.

¿Cuál peligro?  Hemos de saber que para el año 2016, gracias a la reforma educativa cualquier profesional podrá concursar por una plaza docente, es decir, en igualdad de condiciones con los egresados de las escuelas normales que se forman para ejercer pedagogía.

Tamaño golpe de “la reforma más importante en la historia de la educación pública (según el líder del SNTE)” pone en riesgo el futuro de la carrera docente.

¡Vaya ingratitud de desmemoriados verdugos levantadedos que hicieron todo lo humanamente posible para hacer palidecer la pedagogía mexicana!

¡Vaya cinismo incubado en la cúpula del SNTE, que convalida y acomparsa cada letra del discurso del Presidente Enrique Peña Nieto!

Estamos atestiguando maestros (a) el momento más abyecto y charril de un líder impuesto desde los Pinos en la figura de Juan Díaz de la Torre que,  para salvarse de su corrupción al lado de Elba Esther, practicamente  juró obedicencia al poder presidencial.

El panorama da cuenta del estado incierto del magisterio frente sus autoridades con un sindicato que está muy lejos de luchar por dignificar a sus representados.

Es desde mi punto de vista la vergonzante política de control presidencial y sindical;  la eterna celebración del magisterio cada 15 de mayo.