El inglés en las escuelas y el salario precarizado del maestro

 

21 mil pesos más prestaciones (seguridad social del ISSSTE, créditos inmobiliarios, créditos de coches, aguinaldo y vacaciones) será el sueldo que perciban los maestros de inglés encargados de formar a los futuros maestros bilingües desde las Escuelas Normales.

Eso es en sustancia el centro de la Estrategia Nacional de Inglés que propone la Secretaría de Educación Pública (SEP) de Aurelio Nuño, es decir, formar maestros bilingües desde las Normales.

Tal como escribí en este espacio, Nuño  ve en el futuro a un ejército de maestros bilingües prestos y dispuestos a llevar el inglés a las escuelas públicas del País.  Claro está, antes tendrán que demostrar a través de la evaluación de ingreso que son maestros “idóneos” para merecer una plaza docente.

Pero, ¿cuál será el sueldo de estos futuros maestros bilingües una vez que ingresen al servicio docente? Se supone que el mismo que percibe un maestro de plaza inicial, pues el Secretario de Educación no ha dicho nada sobre las condiciones laborales de estos maestros del inglés (con un alto dominio del inglés avalado por la Universidad de Cambridge según Nuño).

Y es que para la SEP, enseñar inglés en las escuelas públicas no es un trabajo extra para los maestros sino parte de la currícula escolar y como consecuencia, una obligación del maestro concretar su enseñanza en aula escolar.

Dice el demagogo que está en la SEP: “Un mexicano que habla inglés, en promedio, puede tener un empleo  ganando entre 35 y 50 por ciento más que un mexicano que no habla inglés”.

Sin embargo, lo dice quien no lo garantiza en las condiciones laborales de los maestros.  Los futuros docentes que llevarán el inglés a las escuelas públicas tendrán que encontrar otra alternativa laboral paralela que les permita otro ingreso económico en función de su formación bilingüe porque en la SEP, simplemente no lo van a encontrar.

Se trata de la precarización del salario docente, de la carente sensibilidad de los admiradores de la educación en México que creen que los maestros pueden y deben cargar con todas las cargas administrativas, pedagógicas y de intendencia posibles…¡y por el mismo salario!

De paso, Aurelio Nuño afirma que el inglés en las escuelas no sólo es una cuestión curricular, sino una política de inclusión: “Es una política de inclusión como país, porque si todos los habitantes de este país hablamos inglés, México se va a insertar con mucha mayor eficacia en el mundo global y México podrá ser un actor cada vez más importante y tener beneficios para México y contribuir más al mundo”.

¿En serio?  Y pensar que la reforma educativa da a los mejores maestros, a los que encabezan las lista de prelación con base a su idoinedad, el beneficio de escoger la escuela de su preferencia, la más acorde a sus intereses.   No veo entonces a los mejores maestros idóneos elegir aquellas escuelas donde las necesidades de equidad e inclusión son más pronunciadas.  ¿Cómo le hacemos entonces Sr. Secretario para llevar el inglés a las comunidades más agraviadas por la desigualdad social si los criterios de asignación de plazas docentes está condicionada a intereses personales y no a las necesidades del servicio?

Por cierto, el Consejero del INEE Gilberto Guevara Niebla dijo entrevista para El Universal que la reforma educativa le debe reconocimiento social y económico a los maestros.

“Debe haber cantidades significativas de dinero para premiar a esos profesores que hacen un enorme esfuerzo y sacrificio para atender a las poblaciones más pobres y vulnerables”, expresó Guevara Niebla (El Universal.- 15/05/2017).

Esto aún no se cumple en los  maestros que trabajan en las zonas rurales más desfavorecidas del País, en las escuelas multigrado, en las escuelas indígenas…en las escuelas donde sus habitantes piensa en el hambre mucho antes que el inglés.

En fin, el tiempo que resta de este sexenio Peñista da para seguir escuchando a Aurelio Nuño sobre maestros comprometidos con la reforma educativa, el Nuevo Modelo Educativo y los planes y programas, de inclusión y equidad, de la evaluación docente y sus cifras alentadoras, de la meritocracia, del respaldo del Gobierno a la formación continua de los maestros, de inversión sin precedentes en infraestructura escolar, de niños felices  y, claro está, de un México bilingüe en 20 años.