Yo Maestra Feminista ¿Por qué me uno al Paro el 9 de marzo?


Delma Cecilia Martínez Muñoz *

A las madres y padres de Familia

A mis estudiantes: 

Mientras una niña o una mujer en el mundo no goce de la plenitud de sus derechos y sufra de violencia, será necesario alzar nuestras voces. 

En los últimos días escuchamos decir que esto no es una guerra de hombres contra mujeres, que la violencia no tiene género, que ni machismo ni feminismo, que es personas malas contra personas buenas, que esto se soluciona con educar en valores. Estas ideas se arraigan en la Sociedad como se arraiga el machismo y la misoginia, solo para perpetuar el sistema patriarcal dominante, consiguiendo con ello invisibilizar la problemática, convirtiéndote en parte de ella, pero no de la solución, pues juzgar desde nuestros privilegios, pensando que a todas les ha ido como a mí y han “vivido libres” de violencia, es carecer de empatía. 

 Ideas van y vienen, pero yo estoy aquí como maestra, como educadora, tomando una decisión y quise que esta decisión fuera como es mi responsabilidad, una decisión informada, alejada de prejuicios, de fanatismo, de ignorancia. Puesto que soy maestra y me corresponde la formación de Jóvenes y señoritas a mi cargo, me corresponde también, tomar esta decisión leyendo, argumentando y ejerciendo un pensamiento crítico. Por ello he decidido parar este 9 de marzo. Porque los PAROS no requieren autorizaciones, porque la historia la han construido las personas que se rebelan a los sistemas de injusticia y opresión.

Es cierto que desafortunadamente en México no todas las mujeres podrán parar, porque no todas como ya se ha mencionado viven en los privilegios que muchas de nosotras tenemos. Algunas tendrán que ir a trabajar porque no asistir les representa el sustento del día. Sin embargo, yo hago paro por ellas también, por las que no gozan de aguinaldo, vacaciones, servicio médico, carecen de vivienda digna, de medio de transporte, de tres comidas al día, por las jornaleras y migrantes, las empleadas domésticas, por las mujeres indígenas, lo hago también en solidaridad de todas las familias víctimas de la violencia que hoy lloran a  sus hijas. Porque no tengo que esperar que me pase a mí, para sentir su dolor.

También paro porque los movimientos de mujeres a lo largo de la historia nos han dado los derechos de los cuales hoy gozamos, sino fuera por las mujeres que me antecedieron, hoy no podría asistir a la escuela, trabajar, tener una propiedad, aspirar a la igualdad de derechos. Muchas de ellas dieron su vida, como Olympe De Gouges y algunas Sufragistas, para que hoy pueda tomar la decisión de No parar o de Parar, para que hoy tenga mi voz.  Y paro para continuar la lucha por las que vienen y por las que ya no están.

En México, hombre y mujeres reciben y ejercen violencia.  Es cierto, la violencia es sistémica. La violencia tiene muchas causas, muchas formas de expresarse y por eso debe estudiarse y atenderse desde diversas perspectivas.  Por ello,  la violencia de género se fundamenta en las desigualdades asignadas en virtud del sexo biológico, desigualdades que se ven muy claramente en los  roles y estereotipos que se le asignan a cada género, donde la construcción masculina es dotada del valor de la fuerza y superioridad y coloca a la mujer, las niñas, los niños, las y los jóvenes, las y los ancianos, la comunidad LGBT, en condiciones de vulnerabilidad y opresión. Agregando a las niñas y mujeres los roles tradicionales de las labores domésticas que implican una doble o triple jornada de trabajo.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) indica que en México, el 63% de las mujeres mayores de 15 años han sido víctimas de violencia.  Según cifras de INEGI el 76% de las víctimas de violencia intrafamiliar son mujeres, 75% de abuso sexual, 80% de las víctimas de violación, 92% de las de rapto, 90% acoso, en todos los delitos la mayoría de víctimas son mujeres y entre el 86% y 90% de quien los comete son  hombres.  Esto nos muestra entonces que este sistema normaliza la violencia que cometen los hombres y que la cometen por este sistema que los obliga a no llorar como niñas, a no ser cobardes, a mostrar siempre su hombría. Se trata de relaciones de dominación de género estructurales que se sirven de la violencia para imponerse, para castigar, para vigilar, enjuiciar y a veces hasta perdonar. (Lagarde)

Aunque en proporción mueren mucho más hombres que mujeres, debemos de entender basado en los argumentos anteriores que no por las mismas causas ni por las mimas razones, los hombres mueren en su mayoría a manos de otros hombres y por cuestión de situaciones de demostración de poder o crimen organizado, mientras que las 10 mujeres que mueren al día víctimas de feminicidio, mueren a manos de alguien que dijo amarlas, asesinadas de formas brutales  y por el simple hecho de ser mujeres, porque alguien las consideró más vulnerables. 

También sabemos que no todos los hombres matan y violan, que muchos de ellos se han sumado a la corresponsabilidad de la crianza y las labores domésticas, ejerciendo masculinidades no hegemónicas ni violentas. Pero desafortunadamente, sí los suficientes hombres para que tengamos miedo, para que nos sintamos inseguras, para que todas mis estudiantes de secundaria levanten la mano al preguntarles quién ha sido acosada en la calle o en su casa.

No creo que necesitemos llenarnos de cifras escalofriantes, todas las personas a las que dirijo este mensaje,  hemos pensado siempre que una niña requiere más protección y cuidados que un hombre, les damos más consejos cuando salen de casa y nos sentimos con más miedo cuando parten, si es así,  nos indica que hay un sistema que a ellas les es hostil y violento. 

Respetamos a aquellas docentes que han decidido no hacer paro y esperamos que ese día en las aulas alcen la voz con una fuerte campaña de concientización para que nuestras hijas, nuestras hermanas, nuestras madres no tengan miedo de caminar por las calles, no tengan que rezar cada vez que sus hijas se van a la Universidad, no teman cuando su hija no responda el teléfono, no tengan miedo al cruzar el parque, al salir de una fiesta, al tomar una bebida, a sus novios, a sus parejas, a un extraño.  Respetamos su derecho a NO parar, como exigimos respeto a las que hemos decidido sumarnos, porque eso es lo que queremos, decidir, tener voz, ser libres de expresarnos sin persecución y sin amenaza. Romper los pactos de silencio que se hacen cuando una mujer o una niña sufre de violencia. Argumentando que fue su culpa o que es la cruz que le tocó vivir.

Este 9 de marzo, me uno al paro con la plena convicción de que debemos decir basta, el paro es un símbolo, una forma de hacer visible un mundo sin Nosotras, El paro es una forma de exigir no más violencia, de pensar qué pasaría si un día  no volvemos, no es un día de descanso, no es un puente, es un día de conciencia nacional para entender que el mundo que le estamos dejando a nuestras hijas e hijos es un mundo terrible,  es un día de decir que nuestras vidas importan, exigir respeto y justicia, un día donde los hombres asuman que tienen que emprender acciones porque son parte del problema, pero también de la solución. Que no se sientan aludidos de manera personal, pero que si puedan ver que, aunque ellos no ejerzan violencia, no denuncian a quien sí la comete, se ríen de chistes machistas, comparten fotos con observaciones groseras del cuerpo de alguna mujer, las culpan por ser violadas o asesinadas y comenten micromachismos que van perpetuando el sistema de violencia y desigualdad.

No debemos y no podemos seguir permitiendo con nuestro silencio y nuestra normalización de la violencia, que las niñas y mujeres sigamos sufriendo el miedo de no volver a casa.   Me han preguntado si acaso creo que esto va a cambiar con un día.  No, no lo creo, pero lo que sí creo es que sí no hacemos algo para intentarlo, el mundo va a seguir así con su barbarie, asumir que México tiene que ser un país de muertas no es lo que yo quiero y No quiero tocarme el corazón y sentir el hielo. 

Este 9 yo paro porque Soy la voz de las que ya no tienen voz.

Paro porque creo que un mundo mejor es posible.


*Es Docente Sec. Emiliano Zapata 3038. Catedrática Centro Internacional de Pensamiento Crítico Eduardo del Río «Ríus» CINPECER CLACSO 


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