¿Verdad que no es tan fácil educar?

Hemos cumplido una semana de trabajo a distancia a causa del confinamiento por el COVID-19 en el presente ciclo escolar con la estrategia Aprende en casa II, y aunque de marzo a junio se trabajó de manera similar, no fue más que un paliativo para subsanar los días perdidos de clase a causa de la epidemia. Hoy nos encontramos ante un reto complicado para docentes, padres de familia y alumnos, estos últimos, de los cuales no sabemos qué efectos emocionales y de aprendizaje tendrá posterior de una fecha, que desconocemos hasta ahora.

Hasta el día de hoy, durante el trabajo realizado en la primera semana de la estrategia  “Aprende en casa II”, el resultado ha sido conflictivo y confuso, pues la misión de los docentes por articular el programa de estudio, los libros de texto, los programas de televisión y los diversos recursos digitales, ha sido una tarea sumamente complicada. A pesar de que el secretario de educación pública Esteban Moctezuma Barragán, mencionó hace algunas semanas, que el 71% de los participantes, en ‘Aprende en Casa’, se encontraban satisfechos con el programa, dato que parece fuera de la realidad, ya que la cobertura de internet, la capacitación de los docentes, la impaciencia de los padres de familia y la preocupación por cuidar la salud propia y de los demás, impedía en ese momento, hacer una valoración puntual de los resultados positivos o negativos que había tenido dicha estrategia, que carecería de organización y planeación, dejando lugar a la improvisación e incertidumbre.

Comencemos por analizar los programas de televisión, que se muestran desarticulados, sin una organización previa, improvisados.  Parecen más cápsulas informativas del programa de Plaza Sésamo, que una clase impartida por un docente (que mucho se ha mencionado, que los alumnos se sintieran como en la escuela). Los contenidos que se mencionan ahí se muestran descontextualizados, pues encontramos programas que han sido creados en otros países latinoamericanos, teniendo errores fuera de la vida cotidiana y cultural del alumno. Se tuvo tiempo suficiente para planear tres semanas de clases, es decir 15 días hábiles, durante los meses de junio, julio y agosto, en donde el Gobierno Federal tenía conocimiento de la magnitud de la pandemia y de que, no se regresaría a clases de manera presencial, situación que no dio lugar a una organización curricular, pedagógica y didáctica de los contenidos de repaso que se mencionan, sin embargo, optaron por retransmitir programas de Aprenden Casa, de los meses de marzo a junio y del denominado “Verano Divertido”, es decir, si la única estrategia educativa a nivel nacional era la televisión, por lo menos lo debieron de haber hecho con calidad.

La estancia en la casa es otro caso, pues en las familias mexicanas, impera el desconocimiento del uso de las redes sociales, las plataformas de aprendizaje y los medios de comunicación, todo esto con fines educativos, los padres de familia que trabajan la mayor parte del día y que por supuesto no pueden apoyar al trabajo del alumnos, pues las actividades se encuentran en el teléfono que porta el tutor. Por otro lado, el poco entendimiento entre docentes y alumnos, respecto a la estrategia de comunicación, en la entrega de tareas, mencionar las indicaciones, compartir materiales o simplemente tener contacto entre las dos figuras, se ha vuelto frustrante para la práctica docente, preocupados por mejorar en los próximos días, las estrategias de comunicación, para garantizar, que por lo menos los alumnos obtengan las actividades para realizarlas en casa, ya no hablemos de una evaluación o retroalimentación de las mismas, ya que por la condición de tener un programa diseñado para impartirlo de manera presencial, tener alumnos que necesitan interacción con sus pares, manipular objetos y contar con un guía (profesor) para aprender, evidentemente impide un proceso de evaluación genuino.

Los docentes han realizado su trabajo de la mejor manera posible, echando mano de sus capacidades y habilidades mejor desarrolladas, sin embargo la ruptura de comunicación con los alumnos ocasionada por el desinterés, obstáculos digitales, tiempo para atender las indicaciones, la desigualdad de condiciones entre los que tienen internet, computadora, celular o tableta y los que no,  es una serie de diversos problemas relacionados con la educación a distancia que han entorpecido aún más la labor docente,  pues ciertamente, el único que se preocupa por el alumno con o sin barreras de aprendizaje (que hoy han aumentado por las condiciones de distancia) es simple y únicamente el docente, así como siempre, así como hasta ahora,

Los alumnos hasta el momento, son el sector más afectado, pero menos enterados, pues como cualquier otro niño o adolescente, tienen sus intereses y sus pasatiempos, mismos que se han visto afectados evidentemente, sin embargo la educación ha pasado a un segundo término, pues el permanecer por más de dos horas frente al televisor, con programas aburridos, si hay que decirlo, sin una figura que lo guíe y apapache, con unos padres que trabajan, ya sea fuera o dentro de casa, con medios digitales que pertenecen al padre de familia o que no funcionan como les han platicado o visto en las películas, ha generado en ellos un rezago educativo  importante, del cual, no tendremos datos hasta que esto pase. El problema es que no sabemos hasta cuándo podremos valorar el efecto de este atraso.

¿Verdad que no es tan fácil educar? Si no pregúntenle a la Secretaría de Educación Publica, pues ahora vive en carne propia, la misión de educar sin capacitación, sin recursos suficientes o necesarios para conseguir los propósitos planteados, recibiendo los efectos de las situaciones reales y cotidianas que enfrentan las familias y por ende los alumnos, la problemática de articular los contenidos y vincularlos con estrategias de enseñanza, implementar instrumentos de evaluación, entre otros, pues simplemente hace lo posible , así, como muchos maestros han hecho lo que ha estado en sus manos, por la educación del país, poniendo su vida entera para conseguir que sus alumnos aprendan, generación tras generación, sin los elementos sustanciales para llevar a cabo la labor docente. Es decir, la SEP está haciendo lo mismo y de la misma manera, que los docentes han  hecho a lo largo de la historia educativa nacional.

Nos queda como docentes, principalmente de nivel básico, continuar organizando el trabajo educativo, dentro de las posibilidades de los alumnos y fortalecer el trabajo como colectivo, con los directores escolares, subdirectores, docentes y personal de apoyo, para generar un trabajo colaborativo, otro tema que da para debate, pues digamos que este tipo de labor, no se nos da mucho en el gremio, pero estoy seguro, que es una fortaleza, que como escuela se debe nutrir para salir lo más a salvo posible y con la frente en alto de este fenómeno histórico.

Por su parte la SEP, tendrá que hace un balance de los resultados obtenidos, hacer un diagnóstico posterior a la pandemia (que aún no se sabe cuándo será) para fijar la postura respecto a la política educativa que tendrá que considerar, capacitación a docentes, cobertura de tecnología educativa y mostrar datos confiables, esto último, difícil de lograr en estos tiempos de política electoral.

Javier Rosales Gómez

Licenciado en Educación Secundaria y Maestro en Desarrollo Educativo. Director de Educación Básica. @PearlJavs
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