“Tiroteo mañana”: ¿juego o amenaza?

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Pienso que no todo es responsabilidad de la escuela y de las y los docentes, porque todas y todos, absolutamente todas y todos somos parte de esa escuela tan golpeada en los últimos años…


Pareciera ser que las redes sociales comienzan a establecer la dinámica escolar que deba desarrollarse en las escuelas que son parte del ya de por sí intrincado sistema educativo mexicano. Esto lo afirmo porque, tal vez pocos no se hayan dado cuenta de que los retos virales que suelen aparecer en plataformas como TikTok en las que se observa a ciertas personas realizar alguna acción que atente, por ejemplo, contra propia su vida, se viralizan rápidamente y, como parece lógico, las y los estudiantes de cualquier nivel educativo, pero, de manera significativa en básica y media superior, suelen realizarlos sin mayor problema dentro de los planteles educativos, lo cual ha propiciado eventos desafortunados para niñas, niños, adolescentes y jóvenes.

No vayamos tan lejos sobre este tema, en 2023 surgió uno de estos retos denominado “El que se duerma al último gana” que, después de su aparición, en un corto tiempo dejó de ser popular en las redes; hoy los números reportan un incremento considerable de este en escuelas secundarias de México pues, hasta el momento se tienen registrados 45 casos confirmados de estudiantes intoxicados por el consumo de una sustancia. Guanajuato registró 15 alumnos de una escuela primaria tras consumir un fármaco en el recreo; Ciudad de México reportó al menos 12 casos en escuelas secundarias; en Nuevo León 10 casos y, en Veracruz y Estado de México, se reportaron de 3 a 5 casos de alumnos que fueron atendidos por intoxicación y somnolencia extrema.

Como se sabe, en dicho reto, cierto grupo de estudiantes suelen tomar un medicamento (clonazepam) que se emplea para tratar trastornos de pánico, convulsiones, epilepsias y ansiedad, motivo por el cual actúa sobre el sistema nervioso central con propiedades sedantes o ansiolíticas; ello explica porque, después de su ingesta, causa somnolencia. Al ser un medicamento controlado, este se vende bajo receta médica, sin embargo, en un país como el nuestro, donde se pueden conseguir recetas a diestra y siniestra, se entiende que algunos establecimientos formales la otorguen sin ningún problema; y bueno, de lo que puede conseguirse en la informalidad mejor ni hablamos.

Sigo pensando si la idea de llevar a cabo un reto viral de esta naturaleza tenga que ver con esa otra vieja idea de que alguien que realiza cierta actividad y la difunde a través de sus redes sociales para que obtenga muchos “likes” lo convierta ipso facto en un chico o chica “popular” o, por el contrario, tendría que considerar que tales retos y, obviamente su realización, pase por esa necesidad creciente de muchas personas de ser “influencer’s”, es decir, de ser un nodo de influencia dentro de una red digital con su propia “marca personal” que, en palabras llanas, nos remite a una economía digital porque, como es sabido, en segundos puedes llegar a ser popular porque miles de sujetos te pueden seguir y ver el “contenido” que produces. En fin, tales cavilaciones ocuparían otra columna o artículo de opinión más adelante.

Volviendo al tema que me ocupa y preocupa, en los últimos días en nuestro país apareció un reto viral cuya denominación dejaría a más de uno perplejo, me refiero a eso que las y los chicos conocen como “Tiroteo mañana”. Este reto consiste en escribir la frase “Tiroteo mañana” o fechas específicas en lugares visibles de las escuelas (especialmente en los baños de los hombres) o publicar mensajes similares en grupos de WhatsApp y redes sociales mediante cuentas anónimas o de reciente creación. Su origen se remonta a Estados Unidos en 2021, a partir de un concepto que se difundió en TikTok, donde circularon amenazas anónimas y generales de ataques escolares en todo el país, lo cual provocó cientos de cierres preventivos de los planteles escolares. El éxito que pueda tener dicho reto para quienes lo realizan, es observar la reacción y movilización de los cuerpos de seguridad, la suspensión de clases y el miedo generado entre los padres y los alumnos del nivel educativo de que se trate.

Ahora bien, regresando a nuestro país, hasta abril de 2026 se habían registrado o documentado poco más de 150 amenazas directas de tiroteo en diversos planteles, quienes, como parece obvio, tuvieron que cerrar, suspender actividades o realizar evacuaciones preventivas debido a estos mensajes.

Es lógico que, ante esta situación, los padres de familia se preocupan y alarman y, por tal motivo, exijan a la escuela hacer algo; es más, hay quienes se han aventurado a afirmar que si esto está sucediendo es porque es culpa de las y los docentes o de las propias instituciones educativas, lo cual es incorrecto.

Hace unos días, leía con atención la propuesta de un secretario de educación de algún estado de la República en cuanto al urgente establecimiento y aplicación de protocolos para prevenir y actuar en caso de este tipo de incidentes; de hecho, afirmó que en su dependencia ya se encontraban trabajando en ello, lo cual me pareció bastante curioso porque, desde hace varios años ya existen documentos y protocolos al respecto; pienso que su idea era generar más protocolos para atender esta situación, hecho que podría sobrecargar el sistema con un protocolo que, además de que ya existe uno sobre el tema, deba de aplicarse otro cuya esencia sería la misma: prevenir y actuar en caso de un evento de esta naturaleza.

Ojo, no con esto estoy afirmando que los protocolos no sean relevantes y harto necesarios, lo que intento decir es que estos serían una pequeña acción que colabora en este tipo de “eventualidades” porque, es obvio que ni solucionan y, para como estás las cosas, ni prevengan lo que pueda o no ocurrir en los planteles escolares.

Es claro que, ante este tipo de retos virales, no solo se puede emitir una alerta nacional y establecer una postura firme que busque priorizar la seguridad física y emocional de las y los estudiantes sin normalizar la violencia, tal y como lo hizo Mario Delgado en días pasados; tampoco es suficiente el que se pretenda trabajar con un enfoque que combine seguridad pública y bienestar emocional de las y los alumnos; tendríamos que partir por entender la dinámica de las redes sociales y su impacto en las y los chicos, pero también, en regular, como ya he dicho en otros artículos, el contenido de estas plataformas, sin desligarse de lo que desde mi perspectiva sigue siendo una prioridad, las madres y padres de familia; ahí tenemos un tema al que nadie, pero nadie quiere entrarle porque, tal vez ello signifique restar votos en futuras elecciones.

En fin, pienso que no todo es responsabilidad de la escuela y de las y los docentes, porque todas y todos, absolutamente todas y todos somos parte de esa escuela tan golpeada en los últimos años y de esos docentes que hacen su labor aun y a pesar de estos pesares.

Espero que todas y todos hagamos algo al respecto, porque, recordando la fábula de Juan y el lobo, no esperemos que un juego se convierta en una gran tragedia como la ocurrida hace unos días en Michoacán. Sí, eso espero…

Al tiempo.


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