México vuelve a enfrentar un escenario preocupante. Según datos del Sistema Especial para la Vigilancia Epidemiológica, desde el 1 de enero de 2025 se han confirmado 9,074 casos de sarampión en el país, y en 2026 ya se registran 223 casos probables. La Secretaría de Salud informó que siete estados concentran el 85% de los contagios, con tasas superiores a 1 por cada 100 mil habitantes: Jalisco, Colima, Chiapas, Sinaloa, Nayarit, Tabasco y Ciudad de México. Aunque 24 entidades tienen menos de 100 casos acumulados, el brote no es menor. El grupo más afectado es el de 1 a 4 años, seguido por menores de 5 a 9 años y adultos jóvenes de 25 a 29 años.
El sarampión es una de las enfermedades más contagiosas del mundo: una sola persona puede infectar entre 12 y 18 más si no están inmunizadas. Dos dosis de la vacuna SRP ofrecen una protección superior al 95%. Entonces, la pregunta no es solo epidemiológica. Es estructural: ¿por qué reaparece una enfermedad prevenible?
La respuesta es compleja. Intervienen factores sociales, económicos, políticos y culturales: esquemas de vacunación incompletos, desinformación en redes, movilidad global constante, desigualdad territorial en servicios de salud y condiciones de vulnerabilidad para niñas, niños y personas con enfermedades crónicas. Aquí es donde la escuela no puede permanecer ajena.
Durante décadas, el modelo educativo neoliberal fragmentó la realidad. El conocimiento se parceló en asignaturas desconectadas de la vida. La llamada educación bancaria redujo al estudiante a receptor pasivo y al docente a ejecutor técnico. El problema sanitario quedaba fuera del aula, como si no formara parte de la experiencia cotidiana del alumnado. Esa mirada monocular, anclada en el positivismo instrumental, limitó la comprensión crítica de los fenómenos sociales.
La Nueva Escuela Mexicana propone otra lógica. La glocalización, planteada en Un libro sin recetas. Fase 4 (SEP, p. 61), invita a leer los fenómenos locales en diálogo con procesos globales. El sarampión es ejemplo claro: un virus que circula mundialmente encuentra condiciones específicas en cada comunidad para expandirse o contenerse. Comprender esa relación es tarea educativa.
Desde esta perspectiva, la glocalización se convierte en estrategia para trabajar por proyectos interdisciplinarios, codiseñados con los estudiantes. No se trata solo de informar, sino de problematizar y actuar colectivamente.
Un proyecto sobre sarampión puede articular:
- Ciencias: transmisión por gotas respiratorias, periodo de incubación (7 a 14 días), síntomas (fiebre alta, exantema, tos, conjuntivitis), posibles complicaciones como neumonía o encefalitis.
- Matemáticas: análisis de tasas por entidad, lectura de porcentajes de cobertura de vacunación, comprensión de la inmunidad colectiva (mínimo 95%).
- Lenguajes: elaboración de campañas informativas comunitarias, análisis crítico de noticias y desinformación digital.
- Ética y ciudadanía: reflexión sobre el derecho a la salud, la corresponsabilidad y el cuidado colectivo.
Las medidas preventivas deben integrarse como acción concreta: revisión de cartillas, promoción activa de la vacuna SRP, identificación temprana de síntomas, ventilación de espacios, higiene constante de manos, aislamiento ante sospecha y comunicación con autoridades sanitarias.
A ello se suman los ejes transversales, que fortalecen la mirada integral:
- Inclusión: priorizar a comunidades con menor acceso a servicios de salud.
- Pensamiento crítico: cuestionar la desinformación y los discursos antivacunas.
- Interculturalidad crítica: comprender prácticas y creencias locales sin estigmatizar.
- Vida saludable: promover hábitos preventivos sostenidos.
- Igualdad de género: reconocer cómo el cuidado sanitario suele recaer desproporcionadamente en mujeres.
- Apropiación de las culturas digitales: usar redes para difundir información verificada, no infodemia.
La glocalización no solo previene; también visibiliza injusticias. ¿Por qué ciertos territorios concentran mayores tasas? ¿Qué brechas estructurales explican la vulnerabilidad infantil? ¿Qué ocurre con docentes y personal médico que enfrentan brotes en condiciones precarias? La experiencia del COVID-19 dejó claro que quienes sostienen educación y salud suelen hacerlo con recursos limitados.
Educar desde la glocalización implica reconocer que la vida es el valor supremo. Que la escuela es tejido social activo. Que la prevención también se enseña. Que el cuidado colectivo es una construcción pedagógica.
Si el modelo anterior priorizaba la estandarización y la competencia individual, hoy se nos convoca a priorizar la protección comunitaria. La glocalización permite comprender que un fenómeno global encuentra respuesta en una comunidad organizada, informada y crítica.
La escuela no solo transmite contenidos. Puede salvaguardar vidas.
Bibliografía
El Financiero. (11 de febrero de 2026). Brote de sarampión en México: ¿Qué estados son los “focos rojos” de la enfermedad?
El País. (12 de febrero de 2026). El Gobierno se enfoca en siete Estados para contener la epidemia de sarampión (actualización epidemiológica y estrategias de vacunación).
El País. (10 de febrero de 2026). México se asoma al año de transmisión constante de sarampión (contexto epidemiológico, cobertura de vacunación y retos).
Un libro sin recetas para la maestra y el maestro. Fase 4. (SEP, p. 61). Secretaría de Educación Pública (SEP). (2023). (Marco conceptual de glocalización aplicado en educación).
Secretaría de Salud de México. (2025–2026). Informes diarios del brote de sarampión en México (estimaciones de casos y distribución por edad y entidad).
