Prometer no empobrece.

Baldemar Montejo Martínez

Iniciamos este año lleno de propósitos y buenas intenciones, rozagantes de promesas que pintan arcoíris de bienestar en una tierra productiva, verde, pacífica y de abundante de amor. Discursos que contagian renovación y una actitud propositiva, alejados de las mentiras lisonjeras que tanto tiempo nos ha acompañado.

Iniciamos un periodo experimental, de medida, de cosecha; si, de recoger el fruto de un sistema político que le apostó a la ingenuidad de la población; una etapa de secuelas que prefabricaron tanto el gobierno del “cambio” (tabasqueño), como el de los “compromisos cumplidos. Nefasta pretensión continuar anhelando una vida de ensueño en días en los que ni dormir tranquilo se puede.

Y no es por ser pesimista y recurriendo a la ironía que tanto consuelo produce en personas como un servidor, que han visto lo estéril de este círculo vicioso en que se ha emergido permanentemente su patria. Pero todo anuncia la misma estrategia de nuestros gobernantes en turno. Tanto así los que se van, los que están y los que indefectiblemente vendrán a continuar prometiendo falsedades, vendiendo fantasías en el enorme circo que han construido con la hipocresía que los caracteriza por naturaleza.

No hay nada nuevo en los propósitos de paz y progreso que el gobierno anuncia, si más que palabras los hechos de hoy y mañana son sordos ante las buenas intenciones expresas en cadena nacional. Reafirmo que cada día es más evidente que existen mexicanos de primera, de segunda, de tercera, de quinta y hasta los que nunca existirán.

De la misma manera se ve como “normal” la compra de conciencias a través de distintas formas por distintas organizaciones de todos los colores (nuevas y arcaicas).

Este año desde ahora y hasta julio estaremos en una subasta donde la mercancía a rematar somos nosotros, por enésima vez estaremos deslumbrados por los reflectores ante una jauría completa de bestias rapaces que prometen ser “los elegidos”.   ¡Cínica desvergüenza!

Este primer semestre será el de las promesas mesiánicas, mentiras en horario estelar, mas ridiculeces pagadas con nuestros impuestos…al fin y al cabo, si algo sobra en nuestro país, es dinero. Azules, amarillos, rojos, turquesas, tricolores, etc. ratas producto de la bazofia humana, que aunque han ido mutando siguen conservando esa esencia que pudre todo lo que toca.

¡Prometer no empobrece, dar es lo que aniquila!

¡Revolucionemos el pensamiento colectivo…!

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