Porque estás que te vas, y te vas, y te vas, y no te has ido


Primer acto: José Alfredo en la SEP

Esteban no se va, y parece que no se quiere ir; sigue todos los días su agenda programada con la ilusión de que no pasa nada en las escuelas, que hay que regresar a clases presenciales -¡en el momento más difícil de la pandemia!- y a la vez, seguir con Aprende en Casa III, que hay que evaluar los aprendizajes esperados, programar los rezagos y sus modos de atención, que hay que seguir, seguir y seguir como si no pasara nada, como si un año con el COVID-19 y sus estelas devastadoras rondando, rodeando las casas, las familias y las escuelas solo fuera un evento desafortunado pero que pasará, más pronto que tarde, solo hay que esperar el semáforo verde, o el amarillo para empezar con los Centros Comunitarios de Aprendizaje, y las cartas responsivas del magisterio (una suerte de Pin Parental sanitario) que harán menos difícil el regreso, pero regresaremos, pronto, regresaremos.

Esteban se queda porque es el mensaje del Pacto MORENO, el de la continuidad neoliberal, el de ya saben quién con el tal por cual (Salinas Pliego) y todos los poderes cognitivos, económicos, mediáticos de Mexicanos Primero, la Red de Derechos y todos los autores intelectuales y políticos de la reforma educativa de la IV T.

Del Pacto por México al Pacto MORENO algunos actores ocuparon mejores posiciones (Mario Delgado subió de nivel), cambió la hegemonía, cambió la jerarquía (ahora algunos dirigentes de la CNTE andan por ahí en las mesas de negociación), cambiaron las consignas (ahora la preponderante es “ya cayó, ya cayó, la reforma ya cayó”), para que en realidad todo quedara igual; o no, para que se mantuviera, legitimara y profundizara la reforma neoliberal en educación.

Por si fuera necesario decirlo, la que viene, o quizá llegue, la maestra-secretaria Delfina, ya anunció: No vengo a cambiar nada . Cierto, no va a cambiar nada, para eso la pusieron, justamente a ella, para administrar la continuidad neoliberal. En fin, nada sucede en la SEP; nada ocurre en la educación en México, nada que altere el desarrollo de un proyecto en marcha, es la NADA, esa distopía producida por la IV T en el territorio educativo; nada, excepto la pandemia y sus efectos.

Segundo acto: “Algo huele mal en el SEN”

Nada sucede, dijimos, en ese extraño paraíso artificial que llamamos Estebanlandia, el paraíso perdido de la IV T en educación, la distopía morena que pretende arrasar todo con sus leyes, sus cooptaciones, sus foros y sus coaliciones; quizá allá, porque acá, a ras de suelo, en los edificios escolares, en las casas convertidas en escuelas, en las recámaras o salas vueltas salones de clases, en los parques con señal gratuita, en las familias, en las camas, en las mentes y los corazones de niños, niñas y jóvenes, en los cuerpos y las vidas cotidianas de maestras y maestros, en las familias y sus hogares, en las vidas, los trabajos y los ingresos de millones de personas, suceden muchas cosas. Demasiadas para ser recogidas en algunas páginas, con palabras que son siempre insuficientes y las emociones impiden registrar sin estremecerse.

Entre el que está que se va y que se va, pero no se ha ido, y la que viene que no va a cambiar nada, la pandemia se encuentra en su punto más grave -algo que se sabía y se esperaba-. Esos no son datos, son muertes, son familias desoladas, son trabajos perdidos, son dificultades económicas, son alumnos que están contagiados, ellos y sus familiares, son maestros que han enfermado, muerto o sufren las secuelas del COVID-19, son alumnos de todos los niveles que no alcanzan a comprender cómo continuar con las evaluaciones y los aprendizajes esperados mientras sus familiares se contagian, enferman, mueren o siguen recuperándose.

Eso es lo que ocurre todos los días; y más en el regreso de vacaciones decembrinas, donde en cada sesión se cuentan historias desgarradoras de enfermedad, muerte, precariedad, pérdidas, miseria y desesperación. ¡Todos los días! ¡Todos los días nuestros alumnos, nuestros compañeros y compañeras de trabajo, docentes y no docentes, dan cuenta de la pandemia y sus circunstancias; todos los días tenemos que lidiar con estudiantes que no asisten, porque tienen dificultades para conectarse, por no tener equipo, por no tener modo de conexión, por no tener datos; eso lo sabíamos desde Aprende en Casa I, pero ahora lo común, lo diario, son las ausencias por contagio, por muerte, por desempleo, por duelo, ¡por enfermedad! ¡Todos los días!

¡Frente a todo eso? ¿Qué dice el que se va, pero no se ha ido, o la que viene para no cambiar nada? Pues nada. Nada. ¡NADA! Sus preocupaciones y problemas son otros: el regreso a clases presenciales, los CCA, los aprendizajes esperados y ¡las evaluaciones! Es el mundo del no pasa nada, solo una pandemia, que se conceptúa como un evento pasajero – ¡que ya tiene un año! -, que solo nos impide ir a clases, pero nada más.

¡No señor que no se ha ido y señora que no va a cambiar nada! ¡No es así! La pandemia está arrasando con las comunidades escolares, con docentes, trabajadoras, estudiantes y sus familiares; con los entornos escolares; con las vidas, la salud, ¡la estabilidad y la vida digna! Y frente a eso: ¿su respuesta está en continuar los aprendizajes esperados? Los aprendizajes antes y durante y después de una pandemia que lleva un año y que asola los procesos educativos no puede ser la continuidad remota. ¿Ni un mínimo de empatía de los funcionarios, los programas para esas comunidades que se debaten, literalmente, entre la vida y la muerte?, ¿ni una recomendación a los docentes de cómo enfrentar todo eso que no sean aspirinas de educación socioemocional, coaching y esas baladronadas de la superación personal y la resiliencia?

Algo huele muy mal en el Sistema Educativo Mexicano, cuando en medio de la peor pandemia de los últimos cien años, en el peor momento de la enfermedad y la muerte, las preocupaciones son las evaluaciones, las clases presenciales y los rezagos de los aprendizajes esperados.

¿Nadie en la SEP se pregunta para qué educar en tiempos como estos? ¿Nadie de MORENA, de sus intelectuales orgánicos, de sus seguidores, de las corrientes educativas críticas es capaz de ponerle el cascabel al gato y decir simple y llanamente: ¿para qué sirve la educación en tiempos de una pandemia que no se acaba, que va a continuar y que, como se asegura, es solo una de las que vendrán? ¿No hay nadie allí? ¿Nadie…?

¿Dónde están los espíritus críticos cuando más se necesitan?


Publicado en Insurgencia Magisterial


Columna 'Cortocircuitos'
Por: Roberto González Villarreal, Lucía Rivera Ferreiro, Marcelino Guerra Mendoza.

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