Por un 30 de abril con muchas sonrisas de felicidad

¿Podríamos trabajar por un 30 de abril con muchas sonrisas de felicidad? Yo creo que sí.
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Como parte de la cultura escolar que se vive con cierta intensidad en los planteles educativos, año con año el personal que integra las escuelas, particularmente, de educación básica, organiza una serie de actividades o eventos con la finalidad de que sus alumnos disfruten lo que todos conocemos con el nombre del Día del niño. Para este propósito se programan festivales, números artísticos, convivios, recreaciones acuáticas, acantonamientos, campamentos, entre otras tantas actividades más; la idea, en todo caso, es que las niñas y niños la pasen de maravilla este día.

Obviamente que organizar todas estas actividades no es un asunto menor porque, independientemente de todo lo que se programe, cada acción requiere de una planeación bien pensada por parte de directivos, docentes y personal de apoyo y asistencia a la educación. Muchos de estos actores en los últimos años, han tomado la iniciativa de caracterizarse de algún personaje o superhéroe favorito de los pequeños; otros, además de ello, ensayan y presentan coreografías donde, al son de la música, con singular alegría bailan y representan al Ratón vaquero, La patita o algún artista (más reciente) que sea del gusto de las niñas y niños. Pienso que las redes sociales potencializaron esta actividad que, en antaño, solo quedaba registrada en la memoria y corazones de quienes presenciaban esos momentos.

Por ejemplo, recuerdo que durante mi infancia y en mi paso por la escuela primaria, muy poco se hacía al respecto. Tal vez algún pequeño convivió organizado por la maestra y padres de familia, o bien, una pequeña salida a un paraje natural, fueron dos de las actividades que tuve la oportunidad de disfrutar a propósito de esta fecha. Sí, dos actividades durante mis 6 años de estudio en ese plantel educativo. Insisto, con el paso del tiempo, la construcción de una cultura escolar en este y otros rubros, y la injerencia de los medios de comunicación han hecho lo suyo y, hoy por hoy, el próximo 30 de abril, prácticamente algo habrá de realizarse en los centros de educación inicial, preescolar, primaria y secundaria (aunque en esta última ya no sea tanto) a lo largo y ancho de la República Mexicana.

No sé si deba considerar esta actividad como una tradición o costumbre, por ello me quedó con la idea de que forma parte de esa cultura escolar a la que me refería; lo que sí puedo señalar, es que lastimosamente algunos padres de familia piensan que las actividades del próximo 30 de abril son una obligación de la escuela, pero también de los profesores y demás personal que las integra; percepción que a todas luces es errónea, como lo es el hecho de que este día, este personal educativo, lo tomé como un festejo o celebración y no como un recordatorio que me parece importante traer a cuenta: por un lado, el que las niñas y los niños son el colectivo más vulnerable y, por tanto, es el que más sufre las crisis y los problemas sociales y, por el otro, que ellos son sujetos de derechos y, en razón de ello, es prioritario concientizar a la sociedad en estos y otros rubros.

Para nadie es desconocido la serie de eventos trágicos y desafortunados en los que han perdido la vida niñas y niños en manos de su homicida; miserables que, por esas incomprensibles lagunas legales o jueces corruptos y sin escrúpulos, quedan en libertad, o bien que jamás fueron “encontrados” por la justifica federal o local. Y bueno, si esto es grave, qué se puede decir de otro de singular relevancia que acontece en nuestro mundo actual: el abuso sexual infantil; por citar un ejemplo: en la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de los Hogares 2021 publicada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía se señala que, en 2016, del total de mujeres encuestadas (3535), el 9.4% había sufrido abuso sexual en la infancia y en su hogar, mientras que en el 2021 este número se incrementó, pues los datos reflejaron que el 12.6% había vivido dicho abuso sexual. Las acciones más recurrentes que pudieron identificarse por parte de los agresores (mayormente familiares) fueron: 1. El tocamiento de las partes íntimas o el que las hayan obligado a tocarles las partes de otra persona sin su consentimiento; 2. El que hayan intentado forzarlas a tener relaciones sexuales, 3. El que las hayan obligado a mostrar sus partes íntimas y/o a mirar las partes íntimas de otra persona.

Datos que sin lugar a dudas reflejan una cruel realidad que, como se ha visto, viene incrementándose silenciosamente y de la que pocos nos hemos dado cuenta; sin embargo, no hay que perder de vista otro fenómeno que está aconteciendo en las escuelas públicas y privadas, me refiero, por ejemplo, al abuso sexual en éstas pues, como se sabe, en 2021 la Oficina para la Defensoría de los Derechos de la Infancia publicó un informe intitulado “Es un secreto: el abuso sexual en planteles educativos”, mismo que fue actualizado en 2022 y 2023 y que refleja la existencia de centros educativos (21 preescolares y primarias ubicados en 10 entidades) con un patrón de abuso sexual organizado, es decir, casos de violencia sexual inusual contra niñas y niños donde participaron de manera coordinada múltiples personas agresoras, mismas que ejercieron violencia y agresiones externas, lo cual incluyó rituales y escenificaciones violentas, el uso de cámaras durante los abusos, etcétera.

Sí, los programas, festejos, convivios, recreaciones, acantonamientos y todo lo que se haya preparado en las escuelas será perfecto, no lo dudo, porque las niñas y niños lo merecen; sin embargo, considero que recordar, planear, ejecutar y evaluar diversas acciones (no solo un día sino siempre) que permitan concientizar a la sociedad sobre los derechos de las niñas y niños en nuestro país, o sobre las afectaciones físicas, psicológicas y/o emocionales que son evidentes derivado de ciertas relaciones familiares y sociales violentas que llegan a presenciar, pero también, de las terribles consecuencias que trae consigo el no dialogar con nuestros hijos en casa y en la escuela, etcétera, debería ser prioritario en los planteles educativos y, desde luego, en casa.

Si tan solo el padre de familia hiciera lo que le corresponde en cuanto a la educación de su hijo para que no viera que un programa en la escuela o un dulcero es una obligación de ésta; si tan solo las maestras y maestros abordaran a profundidad el tema de los derechos y obligaciones, aunado a todos los preparativos que conlleva el Día del niño; si tan solo la Secretaría de Educación Pública reaccionara como tendría que reaccionar en casos donde el abuso sexual ha sido comprobado; si tan solo como sociedad comprendiéramos que el trabajo, abuso, maltrato o acoso infantil, son algunos de los tantos males que tanto aquejan a nuestros pequeños y a nuestro país; sin tan solo se dejara de mercantilizar todo festejo, celebración o conmemoración en el mundo y en México; si tan solo pudiéramos ver todo esto y más cosas que ahí están a la vista de todos, la verdad de las cosas es que tal vez de otra cosa estaríamos hablando, por ejemplo, en esta columna.

¿Podríamos trabajar por un 30 de abril con muchas sonrisas de felicidad? Yo creo que sí.

Al tiempo.

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