In memorian del profesor Ignacio Ismael Arriaga Villa, acaecido en la Ciudad de México el pasado 25 de mayo, en el marco de las movilizaciones de la sección 22 de la CNTE. ¡Su lucha sigue!
Por qué callar si nací gritando, parece ser una expresión que retrata con claridad la postura histórica de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) ante las políticas educativas neoliberales que, por más que se diga lo contrario, siguen vigentes en nuestro país, me refiero a la Unidad del Sistema para la Carrera de las Maestras y Maestros (USICAMM) y la Ley del ISSSTE de 2007; políticas que evidentemente la han movilizado en los últimos años para exigir su desaparición o derogación, según sea el caso.
Estas exigencias tienen un fundamento importante porque, para este magisterio disidente, ambas normativas no son simples regulaciones técnicas o administrativas, son instrumentos del gobierno que han precarizado el trabajo docente desde hace varias décadas; precarización que proviene del establecimiento de estas políticas neoliberales que consideran a la educación como un servicio (un bien de consumo o mecanismo de inversión en capital humano) en lugar de un derecho social garantizado de forma integral por el estado.
Dichas políticas, como se sabe, no surgieron de la noche a la mañana; comenzaron a principios de los ochenta con Miguel de la Madrid y se consolidaron con Enrique Peña Nieto cuando se elevó a rango constitucional el concepto de “calidad educativa” y se creó el Servicio Profesional Docente.
En este antecedente, no debemos olvidar la descentralización educativa ocurrida después de la firma del Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica en 1992 porque, después de las primeras medidas de austeridad que frenaron el crecimiento presupuestal destinadas a la educación en el periodo de De la Madrid Hurtado, se impulsó con fuerza el sistema de estímulos salariales a través del programa Carrera Magisterial, con el cual inició la evaluación al desempeño y el “reconocimiento” al mérito. Esto, aunado a la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio en América del Norte, con el cual se formalizó el establecimiento de lo que conocimos como el enfoque basado competencias, la aplicación de exámenes estandarizados y los de ingreso al sistema educativo, convirtieron dicha precarización en una realidad lacerante. Obviamente que la creación del extinto Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación y la firma de la Alianza por la Calidad de la Educación también fueron una parte relevante para que paulatinamente se fuera consolidando este esquema neoliberal en nuestro país, llegando a niveles poco comprensivos con la puesta en marcha, después de su incorporación a nuestra Carta Magna, de lo que fue conocida como la evaluación punitiva del desempeño docente en 2013.
Este breve recorrido histórico, obliga a recordar la fundación de la CNTE en 1979, durante el primer foro nacional de trabajadores de la educación y de las organizaciones democráticas del SNTE efectuado en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas (tierra de quien fue conocida años más tarde como La Maestra Gordillo que dirigió “vitaliciamente” a ese organismo sindical); su demanda se centró (y se ha venido centrando) en la mejora de las condiciones laborales y salariales de las y los trabajadores de la educación y la democratización de su propio sindicato.
Quien llegase a pensar que, en sus poco más de 40 años de existencia este magisterio disidente no ha tenido logros importantes, se equivoca, pues en este tiempo le ha arrebatado legal y legítimamente al “oficialismo” secciones sindicales completas en los estados del Sur (Oaxaca, Guerrero o Michoacán) y, recientemente, la ubicada en Zacatecas. Esto, aunado a lo que en el medio educativo se conoce como “zonificación por vida cara”, en virtud de que, en los años 80 y 90, su lucha por la reclasificación de las zonas económica benefició a todo el magisterio nacional al lograr que se pagaran sobresueldos e incentivos maestras y maestros en regiones con un alto costo de vida o en comunidades de alta marginación. Desde luego, sin olvidar la basificación de miles de docentes a través de todos estos años, pero también el que, con una resistencia jurídica y civil, no se despidieran masivamente a profesores y profesoras durante el sexenio de Peña Nieto por la aplicación irracional, repito, de esa evaluación punitiva.
En el ámbito pedagógico también se pueden encontrar algunas aportaciones interesantes, pues en varias regiones del país existen modelos educativos alternativos que han llevado al profesorado a aplicar proyectos pedagógicos propios como el PTEO (plan para la transformación de la educación de Oaxaca) u otros más basados en el comunitarismo, la preservación de las lenguas indígenas, la contextualización regional y el pensamiento crítico.
Con este panorama, digamos histórico, y regresando al contexto actual, se esperaba que con la llegada del Obradorismo a Palacio Nacional en 2018 las cosas cambiaran un poco; de hecho, vale la pena recordar un evento que se realizó en la tierra que vio nacer al ex presidente Benito Juárez, porque ahí, el candidato a la presidencia de la República Andrés Manuel López Obrador, ante miles de maestras y maestros que no cejaban de gritar “Va a caer, va a caer, la reforma va a caer”, presentó sus 10 compromisos por la educación donde resaltaron la abrogación de la reforma educativa de 2017 y la propuesta de incorporar al plano nacional proyectos alternativos de educación.
Tales cuestiones capitalizaron el voto masivo de buen parte de ese magisterio disidente (y no disidente) y, en 2018, el priismo vivió una caída estrepitosa al contabilizar más de 30 millones de votos el candidato morenista. Acto seguido, si bien es cierto que se abrogó la reforma educativa de Peña Nieto, el esquema neoliberal que caracterizó a todo el periodo tecnocrático que he referenciado permaneció intacto, el Servicio Profesional Docente fue sustituido por USICAMM manteniendo los mismos procesos, con excepción de la evaluación al desempeño docente y, aunque en los hechos surgió un nuevo plan de estudios (2022) con una bandera abiertamente anti neoliberal, este chocó con el acuerdo para la evaluación de 2023 porque, en esencia, mantuvo lo conocido y publicado en el diario oficial de la federación en 2019, donde se prioriza la evaluación estandarizada y no la formativa como se esperaba. Todas estas cuestiones llevaron, de nueva cuenta, a la manifestación masiva de la Coordinadora en diferentes latitudes porque, insisto, el esquema neoliberal siguió y sigue presente en la Constitución Política de nuestro país; así de simple.
La actual presidenta Shienbaum parece que no entendió (ni ha entendido) el sentir de estas demandas, cosa extraña porque por su “izquierdismo” pudo haber tenido esa capacidad de discernimiento, pero bueno, como se recordará, en campaña aplicó el viejo adagio que dice “prometer no empobrece” y, en efecto, en un evento donde asistieron varias maestras y maestros se comprometió a derogar la Ley neoliberal del ISSSTE de 2007, porque quería brindarle seguridad social y una pensión/jubilación digna al profesorado, sin embargo, tras asumir la presidencia de nuestro país se retractó completamente argumentando que “no existe” presupuesto para ello. En efecto, la mandataria nacional cumplió ese adagio al dejar en evidencia la pobreza en sus palabras y acciones.
Todos estos eventos tienen movilizado al magisterio disidente en estos días y hay bastante, pero bastante razón en ello.
Su lucha no ha cambiado porque, contrariamente a lo que pudiera pensarse, han dado muestra de que gobierne quien gobierne los derechos se defienden.
Ya lo había dicho hace tiempo y hoy lo repito, tal vez sus formas no sean del agrado de cientos de mexicanos, pero su lucha por la dignidad laboral y profesional del magisterio es de reconocerse. Personalmente, prefiero este tipo de movilizaciones a ser entreguista o, como también se diría, “un charro” entregado al servicio de los intereses del gobierno. En fin.
Por mi parte no podría estar más de acuerdo en que si no hay solución a sus demandas (que son las de todo el magisterio nacional, aunque alguien diga lo contrario) que no ruede el balón en un mundial en el que solo se observa la ambición desmedida de la FIFA y de las grandes empresas trasnacionales.
¿Por qué tendrían que callar si nacieron gritando?
Al tiempo.
