Ofrendar la vida

Gobiernos van, gobiernos vienen, pero el tan mentado respeto y admiración hacia la docencia solo quedan en el discurso.
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Con toda mi admiración y respeto
para el maestro Enrique Dussel

Ahora que la revalorización docente y sus cuestionados reacomodos salariales están en boca de todos, convendría preguntarse ¿Porqué si los maestros son tan importantes para una sociedad, ganan menos, en comparación con otras profesiones? ¿Desde cuándo es así?

La respuesta no está en este sexenio, ni en este siglo.

Tendríamos que remontarnos hasta el porfiriato. Algunos de sus principales funcionarios  fueron los artífices de hundir la categoría social (y económica) del profesor. Pese a la importancia de su labor, el porfirismo se empecinó en devaluar la profesión docente frente al médico, al licenciado o al ingeniero.

Eso declara el propio Francisco Bulnes, intelectual porfirista, en su libro The Whole Truth About Mexico?, publicado en 1916, donde sostiene que la dictadura de Díaz: “rehusó dar al maestro entrenado en la escuela normal, la misma categoría social otorgada al licenciado, doctor, ingeniera, clérico, o comerciante de buena reputación”.

Naturalmente, esta afrenta tuvo consecuencias: Decenas de maestros en todo el país se sumaron a las filas revolucionarias alentados por la injusticia social y salarial que padecían. No pocos fueron los intelectuales que dieron forma a la ideología insurrecta.

No era para menos, el propio Bulnes describe lo que se pensaba de un profesor: “Este pobre hombre debe ser excesivamente estúpido por haber quemado el aceite de su lámpara estudiando tantos años para obtener un salario un poco más o aún menor, que aquel que percibe un conductor de tranvía”.

El panorama no ha cambiado mucho. Gobiernos van, gobiernos vienen, pero el tan mentado respeto y admiración hacia la docencia solo quedan en el discurso. En la realidad, el pensamiento porfirista todavía campea en las altas oficinas de gobierno.

Claro, algunos dirán, “bueno, es que los doctores son responsables de la salud”; “los ingenieros son responsables de nuestros edificios y carreteras”. Pero los profesores son responsables de algo mucho más valioso: la niñez. Y eso es lo que ha motivado y motivará la vocación docente, un oficio altruista y superior que no podría pagarse en moneda corriente. Después de todo, como bien dice el escritor Doug Lemov, “no podemos construir una sociedad sin gente que se sacrifique para mejorarla”. Y eso es justo lo que hace un maestro, día a día, en su salón de clases, ofrendar la vida.

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