Más allá del triángulo SEP-SNTE-CNTE: Por una relación directa y sin intermediarios con las bases

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Muchas secciones sindicales a lo largo de la República tienen ya su periodo estatutario vencido…


El sistema educativo mexicano se encuentra ante una encrucijada histórica que define no solo el rumbo de las aulas, sino la naturaleza misma de la relación laboral y pedagógica entre el Estado y sus docentes. Por décadas, la política educativa y sindical del país ha cohabitado en un ecosistema habitual sumamente predecible; un tablero de tres actores donde la Secretaría de Educación Pública (SEP) administra el sistema, la dirigencia institucional del SNTE gestiona la burocracia laboral, y la CNTE opera como la eterna disidencia y válvula de escape política.

El agotamiento estructural del diseño tripartito

Este diseño tradicional, que en su momento funcionó como un mecanismo de contención y estabilidad para el régimen, hoy muestra signos inequívocos de agotamiento. La realidad en las escuelas ha desbordado los viejos moldes. El magisterio de a pie —el que sostiene la educación pública en las zonas rurales, urbanas, marginadas e indígenas de nuestra geografía— padece una profunda desconexión con las cúpulas que pretenden representarlo. Mientras los escritorios centrales priorizan la política de oficina, el territorio enfrenta el deterioro de los servicios de salud del ISSSTE, esquemas de pensiones cada vez más inciertos, y los laberintos burocráticos que aún persisten en los procesos de la carrera docente.

El imperativo de reconstruir desde el territorio

Es en esta coyuntura donde resulta indispensable repensar el origen y el destino de la gobernabilidad educativa. Reconstruir la relación entre los actores del sistema exige, de manera inapelable, escuchar a todos los niveles, atender sus necesidades reales y resolver sus demandas desde la raíz. Ya no es suficiente simular acuerdos bilaterales con las mismas siglas de siempre mientras en las bases brotan y se multiplican cientos de expresiones, corrientes y colectivos emergentes que exigen una Mesa Plural, Amplia e Incluyente. El magisterio del siglo XXI es un mosaico diverso que ya no acepta el voto por consigna ni las verdades absolutas dictadas desde el centro.

El paradigma de la relación directa y sin intermediarios

Como bien señala nuestra Presidenta de la República, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, la transformación educativa debe ser directa y sin intermediarios. Esta premisa no es menor; representa un cambio de perspectiva conceptual y operativo de primer orden. Si la apuesta del nuevo gobierno es profundizar la justicia social, el diálogo con quienes educan a la nación no puede seguir pasando por los filtros corporativos de la intermediación que tradicionalmente ha secuestrado la voluntad de los trabajadores. Una relación directa implica que la voz del docente frente a grupo, del director de escuela, del supervisor de zona y del jefe de sector y por supuesto también la del PAAE llegue limpia, nítida y sin distorsiones a los oídos de la autoridad republicana.

La democratización como eje de la Nueva Escuela Mexicana

El reto de la política educativa hacia el futuro inmediato no estriba únicamente en modificar los planes de estudio o los libros de texto gratuitos. La verdadera transformación pasa por transformar todos los procesos de la carrera docente, garantizando que cada derecho conquistado responda al mérito pedagógico y al bienestar del educador, no a la lealtad hacia una facción sindical. Superar el ecosistema habitual entre la SEP, el SNTE y la CNTE no significa dinamitar las instituciones, sino democratizarlas y ensancharlas para que quepan todos. La refundación del tejido educativo comenzará cuando el Estado asuma que, para transformar la educación desde abajo, primero hay que aprender a escuchar el latido real de las aulas.

P.D. Las gestiones vencidas: Una oportunidad inmejorable para ensanchar las visiones. No podemos obviar un dato de urgente relevancia táctica y legal en esta coyuntura: hoy en día, muchas secciones sindicales a lo largo de la República tienen ya su periodo estatutario vencido. Este vacío de legitimidad temporal representa una ventana de oportunidad inmejorable y urgente para que las bases organizadas e independientes irrumpan legalmente bajo el amparo del voto universal. Es el momento idóneo para disputar los espacios desde abajo y forzar la renovación de las dirigencias locales, ensanchando las visiones tradicionales del sindicalismo y abriendo paso, de una vez por todas, a la pluralidad democrática que el territorio reclama de cara al futuro.