Más allá de la violencia en la escuela

Vivimos en una sociedad marcada por las desigualdades económicas y sociales...
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El fenómeno de la violencia en las escuelas es un tema preocupante, pues sus efectos pueden ser devastadores, tanto para las personas como para las familias y las comunidades. Sus expresiones son diversas e involucran en variadas medidas y formas a los diferentes actores, no sólo de las instituciones escolares, sino de las comunidades de las que forman parte; sin embargo, la llamada violencia entre estudiantes es la que más se ha visibilizado y expuesto a la opinión pública. Sin duda es necesario analizar las raíces más profundas del problema para vislumbrar formas de revertirlo.

No se trata sólo de un asunto de jóvenes desorientados o de familias que no saben poner límites a sus hijas e hijos; las expresiones de violencia en la escuela representan apenas la punta del iceberg de una problemática mucho más amplia. Hoy, más que nunca, para entender y transformar lo que pasa en la escuela necesitamos profundizar nuestra mirada, tanto sobre ella misma como en relación con lo que ocurre más allá de sus puertas.

Vivimos en una sociedad marcada por las desigualdades económicas y sociales, que se profundizaron en las últimas décadas a partir de políticas que respondieron a la lógica del mercado y la privatización de los bienes públicos del país. El incremento en los índices de pobreza y marginación ha derivado en precarias condiciones materiales de vida para las infancias y juventudes, de tal manera que no todas tienen las mismas posibilidades de ejercer sus derechos fundamentales. Por otro lado, los procesos históricos de racismo, discriminación, clasismo y machismo, aunados a la promoción de un programa ideológico neoliberal que se encargó de promover formas de ser y de pensar volcadas hacia el individualismo, la competencia, la meritocracia y el consumismo, permean casi de forma naturalizada las relaciones cotidianas, lo cual agudiza la fragmentación y conflictividad sociales.

En este contexto, los discursos acerca de la violencia asociada con las infancias y juventudes se han orientado cada vez más hacia la patologización y criminalización por sus expresiones, como si fuera sólo responsabilidad de ellas y de sus familias; más aún cuando involucra a los grupos sociales más estigmatizados y en condiciones de mayor vulnerabilidad.

Por ello es primordial analizar lo que pasa en las escuelas: ya sea las que se han constituido como lugares de mayor justicia para niñas, niños, adolescentes y jóvenes, o aquellas que –por el contrario– operan formas de violencia simbólica, frecuentemente invisibilizada, pues re- producen procesos de discriminación, estigmatización y exclusión que se viven en el entorno social donde se encuentran, según ha expuesto Carina Kaplan en La inclusión como posibilidad.

Conocer lo que ocurre en las escuelas y más allá de ellas nos permite plantear otro tipo de preguntas –como sugiere Juan Bello en este número– para saber de qué manera, desde la escuela, es posible desmontar miradas estigmatizantes sobre las infancias y las juventudes; cómo podemos trascender los discursos sobre la violencia escolar para develar los procesos más profundos que la subyacen; de qué modo contribuir, desde las escuelas, en la construcción de políticas, prácticas y culturas que favorezcan el desarrollo integral de niñas, niños, adolescentes y jóvenes. En este número de Educación en Movimiento colocamos el tema sobre la mesa, con textos de docentes y analistas que consideran varios abordajes, cuya intención es provocar algunas reflexiones.

Publicado en el Boletín ‘Educación en Movimiento‘ núm. 19 (tercera época) de Mejoredu.

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