Maestros abisales

Existen diversas especies de peces abisales, cuya característica general es habitar en el fondo del mar, por ende han desarrollado habilidades y características específicas para sobrevivir. Tal es el caso del rape abisal (National Geographic, 2017) “es uno de los peces cuyo hábitat se encuentra a mayor profundidad de todo el planeta. El hábitat normal de este pez ronda los 2.000 metros de profundidad, pero se le ha visto nadando a profundidades heladas y extremas de 5.000 metros. El rape abisal sólo mide unos 16 centímetros, pero es el pez con los dientes más largos en proporción”, cuyas características, ha desarrollado para adaptarse al medio y no perecer.  Otro caso es el perro del Norte “muestra los útiles que emplea para triturar moluscos, crustáceos y erizos de mar. Este depredador de aspecto severo nada a profundidades de hasta 600 metros y se le puede encontrar en las aguas que se extienden desde la costa escandinava hasta Cape Cod y el Mediterráneo”. Las imágenes de ambos son espeluznantes, y no es para menos, pues en tal ambiente, necesitan desarrollar toda clase de competencias para sobrevivir. La evolución, entendida como una serie de cambios a través del tiempo y de la forma natural de los seres vivos y objetos, es trascendental para la supervivencia. Así como los peces abisales, los docentes han evolucionado a través del tiempo y actualmente, nos encontramos en un abismo, sin condiciones laborales de calidad, capacitación efímera, recursos y materiales inexistentes, procesos de formación y actualización imaginarios y sin disponer de inspiración.

El Consejo Técnico Escolar (CTE), que padece el docente, es un ejemplo de esta penumbra ligado  a la autonomía de gestión. La idea de que las escuelas mexicanas cuenten con la participación de diversos actores en la toma de decisiones fue implementada desde “1934, durante el periodo de Lázaro Cárdenas del Río, en que se implementó en el país el modelo de la escuela socialista. Esta idea continuo con la adopción de distintos mecanismos a través de las reformas que ha efectuado la Secretaria de Educación Pública (SEP) (CONACYT, 2018) ”.  Y en efecto, los cambios sexenales  y reformas educativas carentes de continuidad, han puesto en entredicho el papel del docente dependiendo de los intereses políticos, pues en aquel momento, la necesidad de alfabetizar era primordial por la etapa que se vivía. Posteriormente se consideró conformar un órgano que tomara decisiones para resolver una problemática o determinara situaciones a seguir, partiendo de reuniones en las que participaba el Consejo y se sentaba en la mesa de los acusados a alumnos, padres de familia y docentes.

Específicamente la reforma educativa de 2013, reaparece el  concepto de que la escuela tenga “independencia pedagógica” para consolidar el aprendizaje de los alumnos, atender las necedades prioritarias, reuniéndose el último viernes de cada mes, en una sede determinada por la Supervision Escolar. La fase intensiva que tiene una duración de una semana y posteriormente dos, era justo para el proceso de revisar las necesidades prioritarias de la escuela organizadas en ocho rubros del Sistema Básico de Mejora (SBM), Condiciones: Consejos Técnicos Escolares y de Zona, Fortalecimiento de la supervisión, Descarga administrativa y Consejos de Participación Social (CEPS); Prioridades: Mejora del aprendizaje (lectura, escritura y matemáticas), Alto al abandono y rezago escolar, Normalidad Mínima de Operación Escolar y Convivencia Sana y Pacífica.

Una vez elaborado un diagnóstico de dichas necesidades, el colectivo docente elaboraría una Ruta de Mejora Escolar (RME) teniendo como directriz una guía y orientaciones para su elaboración. Dicha actividad consiste en un esfuerzo técnico y metodológico, poniendo en práctica las capacidades, conocimientos y experiencia de los docentes, para plasmar objetivos, metas, actividades, acciones, recursos, seguimiento y evaluación del proyecto o programa, lo que comúnmente se conocía como PISER (Planeación, Implementación, Seguimiento, Evaluación y Rendición de cuentas), que eran considerados los procesos de la construcción de la RME. Una vez teniendo estos elementos los docentes comenzaban clases y periódicamente, cada mes para ser exacto se reunían para revisar y analizar los avances del trabajo, ahora ya realizado en la escuela. Los CTE se llevaban a cabo durante el ciclo escolar, culminando en el mes de junio como una revisión final e inicial del próximo ciclo escolar.

Se ha estudiado poco los resultados y fenómenos que orbitan los CTE en este mar de posibilidades en donde impera el liderazgo, realizar trabajo colaborativo, tener una visión sistémica, fomentar el aprendizaje entre pares, gestionar la información, la comunicación estrictamente profesional, las guías, que aunque son sugeridas, representan un canino a seguir, los niveles jerárquicos ejercidos en las reuniones, las opiniones vertidas informadas y basadas en la teoría, diagnósticos verídicos y sustentados con evidencias arrojadas por instrumentos, critica y autocritica, entre otros, son elementos sustanciales para favorecer el desarrollo y constituir comunidades de práctica. Entonces, ¿por qué los docentes rechazan las prácticas que se realizan en los CTE? a pesar de conocer sus bases, objetivos, razones y metas de dichos procesos y que además la participación de los ellos mismos, los maestros, determinaría los resultados de su propia escuela, esa donde se desarrollan profesionalmente, perciben un sueldo y pasan gran parte de su tiempo.

En esta oscuridad, que tiene como fondo la centralización de las políticas educativas, dejando de lado la autonomía de gestión, pues culturalmente hablando, tenemos la idea de que lo que diga el Gobierno se tiene que hacer, que los “lideres” educativos nacionales, estatales y locales, hasta llegar a Supervisores y Directores, se emplean en un sistema burocrático de merecimientos y favores, que forman las cadenas de influyentismo y corrupción, por lo tanto, por las buenas o por las malas es mejor seguir lo que indican, aunque esto no garantice que lo que se pida se haga con calidad.

Las respuestas son diversas y el origen de este comportamiento indiferente, puede estar inmerso en el propio sistema educativo que actualmente impera, los maestros sienten una falsa autonomía escolar, determinada por estándares obligatorios llevados a beneficiar un sistema político corruptible y ventajoso.  Las ganas de transformar las escuelas se desvanecen con las decenas de actividades que si son bien llevadas por el liderazgo directivo pueden dejar huella y trazar caminos para transformar las prácticas educativas arcaicas y estériles. Sin embargo los directores, aquellos que se establecen como lideres, poco aportan, pues están formados por un sistema de compadrazgo e influyentismo, arropados por organismos sindicales y de gobierno que protegen las antiguas (quiero pensar) prácticas autoritarias y casi obligatorias, alejados de la capacitación y actualización directiva. Los CTE, conformados por docentes, directores y padres de familia, como en algún momento se propuso, carecen de elementos para llevar a cabo las metas para subsanar las necesidades básicas escolares, pues un simple ejemplo es la red de agua potable que muchas escuelas carecen de ella, difícilmente se pueden realizar.

El actuar del docente deja mucho que desear desde la preparación del consejo ya sea fase intensiva o regular, se percibe un ambiente de hastío y decidía, al solicitar los materiales, documentos, instrumentos y evidencias del trabajo realizado en clase.  Los docentes lo consideran carga de trabajo, siendo que esto se trabaja todos los días.  Ni hablemos de presentarte a las siete u ocho de la mañana o en el horario vespertino, según corresponda, el turno, nivel y modalidad, que lo primordial es pasar por el tamal y el café, elementos “primordiales” para el desarrollo de las sesiones, poniéndonos más críticos, la hora de llegada suele ser entre 10 o 30 minutos tarde, bueno, depende de las medidas que establezca la Supervisión Escolar, desde cerrar la puerta en punto y no dejar pasar a los retrasados o cerrar la puerta del estacionamiento, motivando la entrada puntual de los docentes con auto, aunque esto ocasione que se roben el carro que ha quedado fuera de la escuela/sede.  Esto último, historia real.

Una vez ya instalados y dispuesto a trabajar arduamente, dejando atrás el suplicio de la llegada, el Director Escolar, quien debe conducir la sesión, aunque en algunas ocasiones se designa a otra persona, desafiando la normatividad, da la bienvenida y solicita presentar la guía o material a ocupar.  Sorpresa, 2 docentes la traen, 10 más sacan su celular, valiéndose de esto elementos digitales, 4 docentes trabajan en pareja por que no se prepararon, 3 comienzan a descargarla y 1 hace caso omiso. Llevamos 30 minutos de sesión aproximadamente, menos mal, es momento de participar, forzando esta misma, hay posibilidad de decir un chascarrillo en voz baja, con la risa entre dientes de los compañeros y compañeras, sacar un panecillo inocente de estos asuntos y servir café de la cafetera que es del conserje, escuela o de algún docente que amablemente la presta.

De aquí en adelante, es trabajo del Director construir la RME, pero si algo no “checa”, interrumpe la sesión el maestro líder, para desestimar la labor hasta el momento, evitando a toda costa la premisa, de que si no estoy de acuerdo con algo, propongo otra alternativa de solución. Ya avanzados en la sesión, el número de actividades a realizar en el salón de clases y en casa, si, leyeron bien, en casa, es descomunal, no lo digo por la cantidad, sino porque la calidad y propósito de estas no genera contenido de calidad que funcione para trascender en la vida escolar, son meramente evidencias de trabajo para una posible supervisión de autoridades educativas, de tal manera el ánimo decae inmediatamente, al grado de que en internet ya se pueden obtener productos contestados para evitar esta carga de trabajo injustificada.

Llega el tan anhelado descanso, recreo me gusta llamarle, se escucha más divertido, un espacio para desayunar, en la cooperativa escolar o en la cocina económica, donde confinan unos mixiotes extraordinarios, a 10 minutos de la sede, bueno pero valen la pena, ya descansando y mereciendo los sagrados alimentos, la latina transcurre entre anécdotas y opiniones negativas del CTE, sobre la duración, temas, estrategia, sabotaje de los acuerdos y más, hasta que culmina y que es señal de regresar para la segunda parte del CTE. Esta segunda parte no difiere mucho de la primera, bueno, solo en las intensas ansias de que llegue la hora de salir, pero antes se mencionan algunas conclusiones o comentarios finales, se recoge la cafetera, los recursos digitales y materiales arcaicos, se firma la bitácora, obvio, sin leer los que esta plasmado y nos despedimos de beso, con la consigna de que el próximo CTE sea diferente y divertido. Así lo han expresado los maestros.

Después de esta breve descripción de las sesiones de trabajo, considero que este comportamiento corresponde a tres características docentes que no se han fortalecido y/o desarrollado, desde los comicios de la formación en las escuelas normales y ya en servicio: 1) la disciplina profesional, el comportamiento o la actitud hacia el método del saber, con el compromiso de compartir y ayudar dentro de nuestras posibilidades; 2) ética profesional, el compromiso de desempeñar una función primordial para la sociedad, los principios con los que se formó desde la familia, estudio y ámbito laboral;  3) la inspiración docente, que no es más que la motivación, aunque van de la mano, la inspiración  hace tener un sentido de lo que se está haciendo, alentados por un sentimiento o emoción y poniendo en el máximo esplendor nuestras capacidades  y talentos.  Los psicólogos Thrash y Elliot , identifican tres elementos cuando estamos inspirados, “vemos nuevas posibilidades, estamos receptivos a influencias externas y nos sentimos energízanos y motivados”. Mencionan también que la inspiración se puede cultivar, además de elementos que debe proveer el Gobierno, mediante la Secretaria de Educación Pública (SEP), como la capacitación docente, la descentralización de la educación y la modernización educativa, tal como menciona Eduardo Andere, en un artículo publicado en el diario Reforma el 14 de agosto de 2020:  “no necesitamos una nueva escuela o un nuevo currículo. Necesitamos un nuevo sistema, descentralizado, y un nuevo modelo, donde la máxima autoridad pedagógica sea el maestro y no el escritorio de Vasconselos. Entonces, el Estado, con liderazgo del gobierno, pondría hacer cuatro cosas: 1) descentra Lira la política y práctica educativas para que las deliciosas del día a día sean tomadas por las localidades; 2)invertir grandes sumas en la digitalización interactiva y confiable; 3)exigir a la planta docente una preparación para el siglo 21; 4)atomizar las relaciones laborales para acercarlas a la realidad de las localidades y las familias. Nunca los intereses políticos deben estar por encima de los intereses de los niños”.

Actualmente, en el periodo de confinamiento y como única posibilidad la educación a distancia, salir del abismo se vuelve cada vez más complicado. La semana pasada culminó el CTE a distancia, que puso a prueba extraordinaria, las competencias docentes y la capacidad del Gobierno para actuar, quedando como evidencia un camino escolar sin rumbo y desolado y políticas educativas que han generado incertidumbre. Los docentes se han enfrentado a la participación en el uso de tecnología digital, medios de comunicación enfocados al trabajo y como siempre, actividades  e información infinitas,  que enmarcan la participación del maestro con una diminuta luz en los CTE.


BIBLIOGRAFÍA

CONACYT. (2018). El Consejo Técnico Escolar, Dinámicas de participación y posibilidades de desarrollo. Guadalajara, Méx. Conacyt.

https://www.nationalgeographic.es/photography/2017/04/criaturas-de-las-profundidades-marinas?image=810.600×450

Javier Rosales Gómez

Licenciado en Educación Secundaria y Maestro en Desarrollo Educativo. Director de Educación Básica. @PearlJavs
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