Los maestros no son el problema, sino la solución al problema

Gilberto Guevara Niebla

La reunión fue intensa, rebosante de emociones, de ideas y argumentos; todo giró en torno a los graves problemas de nuestra educación. Se trataba de proponer soluciones. Para algunos, lo que procedía era realizar cambios, innovaciones, transformar las condiciones de la enseñanza, perfeccionar la práctica docente, mejorar las condiciones materiales de las escuelas, proveerlas de equipos adecuados, etcétera.

Para otros, el problema no se resolvería realizando cambios particulares. El problema de fondo, dijo el representante de la CNTE, es la actual reforma educativa asociada a un modelo de enseñanza ligado a los intereses de las grandes empresas. Lo que se requiere, agregó, es una educación de orientación popular. Por su parte, el delegado del SNTE pidió que, tras la derogación de la reforma, se siguiera impulsando la profesionalización de los docentes.

Es injusto que se vea a los profesores como los causantes de la actual crisis educativa: no, añadió, los maestros no son la causa de la crisis educativa, en cambio, sí son la solución. Con lo cual reiteraba lo que todos sabemos, que, en efecto, el maestro es el sujeto con mayor influencia sobre los resultados educativos. Pero para que el docente rinda al máximo se necesita asegurar para él las mejores condiciones de trabajo.

La evaluación docente con implicaciones directas sobre la permanencia en el trabajo —se comprobó en estos años— es fuente de tensiones y angustias y ha creado enorme malestar. Lo que se requiere es, al contrario, un sistema profesional que no se base en el castigo, sino que su principal motor sean los estímulos y gratificaciones para el trabajo docente —desde luego—, cuando éste es bien realizado. Se necesita además que las escuelas se conviertan en recintos decorosos y dignos para maestros y alumnos, no se puede enseñar y aprender en condiciones materiales de miseria.

El mismo maestro de la CNTE denunció que la delincuencia amenazaba a las escuelas. La labor de muchos centros de estudios es entorpecida —dijo— por entornos violentos. Maestros y alumnos en muchas partes corren peligro. Desde luego, el Estado mexicano está obligado a brindar seguridad a la tarea educativa en todo el territorio nacional. Pero la solución a la violencia no vendrá sólo con medidas de fuerza. La otra cara de la violencia es la cultura.

Las armas son inútiles si no se construye una cultura de la paz y en esta construcción la escuela juega un papel crucial. Urge impulsar una educación humanista, basada en los valores y en los derechos humanos, pero esa educación no debe ocupar un lugar marginal dentro del currículum, sino colocarse en el centro de la enseñanza y de la formación.

Éste fue el foro de consulta sobre educación que se realizó en Guanajuato el 18 de octubre pasado al que asistí representando a Esteban Moctezuma Barragán, el próximo secretario de educación. Una madre de familia redondeó el debate afirmando que los padres no deben renunciar a su papel de educadores, tanto en el plano de la crianza de los niños, como en el apoyo activo a  sus vástagos mientras asisten a la escuela.


Artículo publicado en Crónica

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