Los maestros no necesitan un informe PISA…

Avatar de Abelardo Carro Nava

Las y los maestros no necesitan de un informe PISA para saber que el sistema educativo está del carajo…


No, las y los maestros no necesitan un informe del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes, mejor conocido como PISA por sus siglas en inglés, para saber que el Sistema Educativo Mexicano se encuentra en pésimo estado; digo, la valoración que se han aplicado a cientos de estudiantes desde el 2000 a la fecha así lo ha confirmado. No hay que ser genio para ello ni gastar más de 70 millones de pesos.

Si alguien pudiera interrogar a algunas profesoras o profesores con poco más de 30 años de servicio, y a otros u otras con escasos 5 años activos, sobre aquello que piensan que podría mejorar su quehacer en las aulas y en las escuelas para la generación aprendizajes en sus estudiantes, estoy seguro que habría muchas, pero muchísimas coincidencias, claro, con sutiles diferencias, pero coincidencias, al fin y al cabo: formación inicial y continua acorde a sus necesidades; proyecto curricular transexenal que no se invente y cambie de la noche a la mañana; libros de texto que sean una herramienta e instrumento para la práctica educativa; descarga administrativa para ejercer una labor eminentemente pedagógica; materiales y recursos didácticos suficientes como apoyo a sus clases; infraestructura educativa inmejorable con bibliotecas, laboratorios, tecnología, deportes, etc.); personal especialista en varias áreas para atención de las y los alumnos y profesores (psicología, nutrición, salud, etc.); sueldos-salarios-prestaciones acordes con la actividad profesional desarrollada; un esquema de contratación y promoción transparente; apoyo de los padres de familia en la educación de sus hijos evitando que los docentes sean vistos como sus sirvientes; autoridades educativas que no fiscalicen sino que acompañen técnica y pedagógicamente a la maestra o el maestro; políticas de seguridad escolar y protocolos efectivos de actuación dado el incremento de la violencia en buena parte del territorio mexicano; etcétera, etcétera, etcétera… Para ser honesto, la lista podría ser inmensa, pero considero que con esto se ejemplifica el punto que deseo transmitir.

Sí, es probable que alguien, al momento de leer el párrafo anterior, se incomode un poco porque, tal argumento, podría invalidar ipso facto la prueba que se aplica a diversos países, dado que dicha aplicación “permite que sus resultados muestren una radiografía de estado que guarda cualquier sistema educativo” y, por tanto, con enjundia desmedida defienda la imperiosa necesidad de emplear tal examen para tal propósito; curiosamente, varias y varios que defienden esta idea provienen de la academia o de la investigación propiamente dicha, con estudios e indagaciones que muchas y muchos hemos leído en las licenciaturas, en los diplomados, en los seminarios o en los Consejos Técnicos, en fin, en diferentes espacios, pero, a fuerza de ser sincero, ¿realmente no conocen cómo está el sistema educativo? Repito, quienes se encuentran en un aula saben de los problemas que enfrenta un estudiante para, por ejemplo, leer y comprender un texto, pero, también sabe los grandes retos que ello significa, sobre todo, porque de primera mano conoce de las grandes limitaciones que atraviesa; muchas de ellas, pueden leerse en el segundo párrafo de este texto.

Claro, con seguridad, con esto que escribo alguien podría decir que tal argumento pretende invalidar lo que los académicos e investigadores realizan como parte de su quehacer cotidiano y la verdad es que NO, esa no es la pretensión, quienes se encuentran frente a grupo hemos aprendido de ellas y ellos. El punto es el que le da título a este texto: las y los maestros no necesitan de un informe PISA para saber que el sistema educativo está del carajo (ofrezco una disculpa por el exabrupto, pero es una realidad no dicha y sí muchas pensada en las escuelas).

¿Qué quién tiene la culpa? Desde luego que el debate o diálogo que podría darse sobre este cuestionamiento iría más allá de repartir culpas como muchos medios de comunicación esperan con estridencia, ¿no acaso una vez que comenzaron a conocerse los resultados hace unos días los reportajes sensacionalistas circularon a raudales?, ¿no acaso de inmediato se culpó a la Nueva Escuela Mexicana (NEM) como un modelo proveniente de la izquierda y casi se exigió el regreso de la derecha y su propuesta educativa?, ¿no acaso otras y otros defendieron a esa NEM y se responsabilizó a los gobiernos panistas y priistas del tales cuestiones?, ¿por qué nadie, por lógica y sentido común, se preguntó que si desde el 2000 andamos mal es porque ese sistema tiene años enfermo y la cura no se le ha dado salvo ciertos paliativos que lo han mantenido a flote?, ¿es muy difícil llegar a esta última pregunta y conclusión probablemente?

Sí, es probable que alguien, al igual que el que escribe este texto, haya llegado a ese pensamiento en cuanto a que el sistema está enfermo; desafortunadamente, la estridencia y el ruido generado por los datos y esa lucha constante entre quienes tienen la culpa y no la tienen, no permite que se dialogue sobre lo importante: ¿qué y cómo hacer para atender a este paciente que lleva décadas con el mismo padecimiento? Pregunta sencillísima, pero seguro estoy, que se pierde en esa estridencia mediática y en esa lucha ideológica constante.

¡Caramba! Puedo asegurarles que existen profesionales de la educación y de la investigación o academia que saben qué necesita el sistema y la educación en este país, ¿por qué no les preguntamos? ¡Preguntémosles! Pero no a través de esas encuestas chafa que se saca de la mano Mario Delgado; pero, lo más importante, después de preguntarles, que se trabaje desde abajo y desde arriba en el rediseño de ese sistema, pero de manera seria, no con payasadas y simulaciones baratas que no nos llevan a nada.

¡Caramba! Con tantos genios en nuestro país, estoy seguro de que se sabe que debe hacerse para mejorar la educación a lo largo y ancho de nuestro territorio, no necesitamos de un examen o que los resultados de ese examen nos vengan a decir qué hacer y cómo hacerlo, sin embargo, tristemente he de reconocer, que tan se sabe qué se debe hacer que por eso mismo no se hace, porque implica dejar fuera del juego a quienes siempre se han vivido y servido del recurso del pueblo destinado para la educación de sus hijas e hijos.

Antes de dejar la docencia, por aquello de los años de servicio y físicos cumplidos, quisiera ver o conocer quién fue la valiente o el valiente que puso un manotazo en la mesa para poner orden y para poner a trabajar a muchas personas para beneficio de las y los mexicanos. Imagínense, pagar poco más de 70 millones de pesos por algo que se sabe desde hace 25 años. ¿Tan mal estamos?

Al tiempo.