La SEP y su falta de lectura de la realidad educativa

¿Cuál es la realidad que estará leyendo la SEP en estos momentos?
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Leticia Ramírez, titular de la SEP.

Poco parece importarle, a la Secretaría de Educación Pública (SEP), la implementación del Plan de Estudios 2022. La realización de unos Consejos Técnicos Escolares (CTE) con material que, hasta cierto punto ya resulta repetitivo; una mínima o nula estrategia de seguimiento sobre la implementación de este plan o del empleo de los Libros de Texto Gratuitos (LTG) en los centros escolares; la puesta en marcha del trabajo por proyectos que pareciera desplazar a esos LTG porque ya no son el eje del aprendizaje tal y como antaño ocurría y, sin embargo, hoy día, en buena medida, tampoco esos LTG se están viendo como instrumentos o herramientas que favorecen el aprendizaje; el trabajo por proyectos que bien a bien no logra avanzar más allá del aula (o escuela) en algunas zonas o regiones del país, derivado de las condiciones institucionales o contextuales que resultan ser alarmantes y/o preocupantes en algunas entidades; una evaluación formativa requerida en cada uno de los proyectos que choca con un acuerdo secretarial y con las normas de control escolar que ponderan la calificación en lugar de la evaluación propiamente dicha; el diseño y elaboración tardío de los LTG para la educación preescolar a unos cuantos meses de que se acabe el sexenio pero que, en dicho plan de estudios y, particularmente en varios CTE de ese nivel, ya se exige su uso aun y cuando no se cuenten con ellos; las visitas de una Secretaria de Educación a algunas escuelas en las que no acaba de entenderse qué es lo que dialoga con las maestras y maestros sobre ese plan de estudios; en fin, cuestiones como las que he señalado, que bien podrían ocupar varias líneas más, parecieran ser un indicador de lo que viene sucediendo en el ámbito educativo derivado de la implementación del plan de estudios 2022.

Entonces, éstas y otras cuestiones, obviamente sin ser una generalidad, forman parte de una realidad que, indistintamente, viven a diario varias maestras y maestros a lo largo y ancho de la República Mexicana, y no es para menos; como sabemos, el aterrizaje de un plan de estudios trae consigo un cúmulo de reacciones, movimientos o desplazamientos de ciertas instituciones, visiones y de diversos actores que son parte del intricado Sistema Educativo Nacional (SEN); consecuentemente, leer esta realidad podría generar el establecimiento o puesta en marcha de una serie de acciones para favorecer y acompañar esa implementación porque, desde luego, no todo pasa por la autonomía profesional y curricular que, curiosamente en nuestro país no es tal, dada la rigidez y verticalidad bajo la cual opera ese SEN. 

Por tanto, resulta increíble que si, como hasta el hartazgo se ha dicho, el viraje de este plan de estudios se centró en la lectura de la realidad para transformarla a partir de la identificación de las problemáticas en los niños, aulas, escuelas y comunidades, la propia SEP no haya hecho esa lectura de la realidad que viven las maestras y los maestros con este plan de estudios. No obstante, en caso de que sí la haya hecho, ello podría corroborar mi argumento de que poco parece importarle el estado que guarda su implementación desde hace unos meses porque, si se revisan las acciones que ha emprendido desde que comenzó a operar ese plan en nuestro país, se podría observar el limitado número de acciones para, por ejemplo, el acompañamiento que podrían recibir los docentes en sus actividades escolares. Pongo un ejemplo:

  • Los distintos CTE han tenido la particularidad de hablar del fundamento de la Nueva Escuela Mexicana (NEM), del Programa Sintético, del Programa Analítico, de los LTG, del Libro para el maestro, o bien, de las metodologías activas que podrían desarrollarse en una planeación didáctica a partir de la selección de los contenidos de los campos formativos, derivado de la problemática detectada; sin embargo, una vez que se han abordado estas cuestiones en esos CTE, que podrían ser definidas como el qué de la NEM, teniendo como referente el ámbito de la autonomía profesional y curricular, el docente enfrenta la dificultad de aterrizarlas derivado de la rigidez del sistema porque, por ejemplo suele pasar, que hay muchas autoridades que determinan que dichas metodologías se tienen que implementar conforme la SEP lo ha señalado en virtud de que para eso se marcaron los momentos, fases o etapas de los proyectos. Luego entonces, el cómo de la NEM, por estas y otras cuestiones, viene generando una contradicción de singular importancia, entre la verticalidad y autonomía, que tendría que ser observada y atendida para que no genere un efecto contrario de lo que espera dicha NEM: me refiero al hartazgo o indiferencia del personal docente.

Si, como se ha visto, lo anterior podría ser uno de varios temas que deberían atenderse buscando otras alternativas que no sean las de elaborar videos u orientaciones para los CTE en los que señalen que el papel del directivo y del supervisor deba de transformarse, no habría que perder de vista que en unos meses este sexenio llega a su fin y, por ello, otro tema que ha comenzado a surgir (como si fuera un murmullo) es que no tarda llegar otro gobierno a Palacio Nacional y, como ha sucedido en los últimos años, es probable que se imponga un nuevo plan de estudios, dependiendo de los gustos, intereses, miradas, visiones o ideologías que lo caractericen. No sé si sea desesperanza o cierta aceptación de esta situación por parte del gremio, lo que sí es un hecho es que, lamentable y desafortunadamente, no se ha pensado o dialogado en nuestro país sobre la idea de concretar un proyecto educativo que trascienda sexenios, pero tampoco, se ha dado paso a esa tan nombrada y “cacaraqueada” autonomía docente, solo por citar un ejemplo. 

Sí, alguien podría afirmar que lo del proyecto transexenal jamás sucederá porque, indistintamente, cada gobernante tiene una mirada o visión de las cosas, pero también, porque el mundo gira rápida y constantemente; en consecuencia, si esto último es correcto, qué nos haría suponer que el plan de estudios 2022 se vaya mantener, en su esencia, intacto con un nuevo gobierno. ¿Se esperarían ligeros cambios o se impondría uno “nuevo”? Sí, alguien podría afirmar, que ha sido un logro que la idea de la autonomía de los docentes quedara asentada en un documento, pero de eso a que ocurra en las escuelas, por ejemplo, es otro cuento.

Insisto, la SEP ha mandado claras señales de una indiferencia o de la poca relevancia que, para esa instancia debería tener la educación en nuestro país, derivado de su escasa lectura de la realidad educativa porque, como sabemos, no es ni será suficiente publicar en el Diario Oficial de la Federación un plan de estudios con la tan nombrada autonomía docente; hay otras tantas cosas que de este ejercicio se desprenden y de las cuales la SEP ha hecho caso omiso, como la formación continua del profesorado y/o la libertad, por ejemplo, de que los profesores puedan organizar su propio CTE; esa indiferencia o poca relevancia ¿podría significar el nulo interés que tiene en la implementación del plan de estudios, con su respectivo acompañamiento? o ¿será que esa indiferencia se hace manifiesta porque se avizora un cambio de plan de estudios en el futuro inmediato o porque tiene incertidumbre sobre ese futuro y en ese plan de estudios?

¿Cuál es la realidad que estará leyendo la SEP en estos momentos?

Al tiempo.

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