La política de la no reprobación

"La política de la no reprobación, puede ser un acierto, los criterios que las regulan, quizá no. Mientras sea impositivo y unidireccional y no como recomendación, puede haber muchos riesgos."

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Las acciones para regular los procesos de control escolar que impulsa la Secretaria de Educación Pública (SEP), en el oficio DGAIR-DGDC/391/2021, refiere en su criterio sexto que: “la calificación mínima que se deba registrar en la boleta para el educando que haya sido valorado por el docente, no podrá ser inferior a 6… Además, que no podrá frenarse el tránsito educativo de grado o nivel en educación básica respecto de aquellos educandos que cursaron el ciclo escolar 2020-2021al 2021-2022”.  Es decir, en la presente administración de gobierno se impulsa una política de la no reprobación y de la promoción automática.

Es pertinente precisar que la política de la no reprobación es una acción que se lleva a cabo desde1960, de manera extraoficial, según Martínez Rizo (2004). Y que en el 2006 se plasmó como una recomendación –no como un imperativo, como ahora- para la promoción automática del alumnado de primero a segundo de primaria en las normas de control escolar relativas a la inscripción, reinscripción, acreditación y certificación para escuelas primarias oficiales y particulares incorporadas al sistema educativo nacional.

Impulsar la política de la no reprobación puede ser un acierto y justificarse por ciertos motivos, acá algunos:

a) Las investigaciones educativas respaldan la idea de la no repetición. Por ejemplo, en un estudio de Muñoz Izquierdo (1979) se muestra que cuando se repite un año escolar se da un paso hacia la deserción escolar. Además, ello amplía la posibilidad de que las niñas abandonen sus estudios y se dediquen al trabajo o a tareas del hogar. En otro estudio, Jackson concluye que: “no hay evidencias que indiquen que la reprobación es más benéfica que la aprobación para los alumnos que tienen serias dificultades académicas o de ajuste” (1975:627). Hallazgos similares se encuentran en los estudios de Holmes y Matthews (1984), Merle (1998), Laronche (2004).

b) Felipe Martínez Rizo, experto en evaluación y exdirector del Instituto nacional de Evaluación Educativa (INEE) en su artículo ¿Aprobar o Reprobar? El sentido de la evaluación en la educación básica, refiere que, la repetición se ha disminuido notablemente en muchos países-algunos desarrollados- como: Japón, Corea, Malasia, Finlandia, Noruega, Suecia, Dinamarca, Islandia, Reino Unido, Irlanda, Australia, Canadá, Nueva Zelanda, Sudán, Zimbawue. Es importante referir que muchos de los países mencionados alcanzan los puntajes más altos en las pruebas internacionales. Por ejemplo, Finlandia y Japón en la prueba PISA.

c) Según el INEGI 5.2 millones de personas no se inscribieron al ciclo escolar 2021-2022. Parece que esto es un motivo importante para tomar decisiones en favor de retener al alumnado en los centros escolares, la política de la no reprobación, puede ser una opción viable para evitar la deserción escolar y dar continuidad a la trayectoria académica del estudiantado.

Ante lo que se menciona ahora, sin duda, la política de la no reprobación pareciese ser una acertada decisión de las autoridades educativas. Sin embargo, esta política tiene la otra cara de la moneda, sobre lo cual es pertinente reflexionar, por ejemplo:

1) La toma de decisiones con respecto a la política de la no reprobación y a la promoción automática toma un sentido unilateral, impositivo y de control, no de recomendación como aparecía en los lineamientos anteriores. Ello no es cuestión menor, pues esta postura limita la capacidad de los centros escolares para tomar decisiones en aras de mejorar el servicio educativo que ofrece. Parece que es una forma de sepultar procesos de descentralización que, con sus contradicciones y limitantes, han impulsado un cambio en la gestión de los centros escolares, permitiendo la distribución de tareas y la participación de los diferentes actores, incluidos los docentes. Dadas las situaciones de pandemia, los docentes y los recintos escolares en su conjunto, son los que pueden tener un seguimiento más puntual y sistemático del alumnado que atienden- incluso se sabe que la estrategia Aprende en Casa, impulsada por el gobierno, fue poco utilizada-. Los docentes y las escuelas saben que hicieron y que no, cómo lo hicieron, que estrategias implementaron y cuáles no, por qué se decidieron tales acciones y se descartaron otras. La política de la no reprobación, quizá es un acierto, los criterios que la regulan, pudieron ser más flexibles.

2) Falta mayor investigación y sistematización al respecto, pero algunos de los testimonios que recuperan periodistas de Animal Político pueden ayudar a comprender la política de la no reprobación. Un testimonio, el de una maestra de preparatoria en el Estado de México, refiere que había una preocupación por “cumplir con la evidencia” de trabajo del alumno, aunque no se tuviera comunicación directa con él. También refiere que los directores entregan las evidencias sólo para aparentar. En este sentido, la evidencia parece ser un requisito indispensable administrativo para justificar la aprobación del alumnado, en el sentido de calificación no de evaluación. Como ya lo señaló Sergio Dunstan, con este tipo de experiencias, parece que la política de la no reprobación es una simulación, que pretende maquillar los indicadores. Pero no una política educativa robusta y visionaria.

3) A través de los datos del INEGI (2020) se sabe que un porcentaje considerable no cuenta con equipo y tiene problemas de conexión. Afortunadamente, otros tantos alumnos, no. Este dato, regularmente lo puede tener el docente y el centro escolar. El testimonio de un maestro de un Cetis de Zapopan- del artículo de animal político- refiere que no es que no tengan la tecnología, sino que les da flojera conectarse y realizar la actividad. Ante esta situación- que se puede extender a muchos casos- habría que reflexionar no sólo sobre la política de la no reprobación. También, sobre los criterios que la SEP emite en sus lineamientos. Primero, al referir que el docente no puede asignar una calificación menor a 6, el alumno y el padre de familia -en algunos casos- pueden realizar el mínimo esfuerzo, aunque cuenten con las condiciones materiales para desarrollar las actividades escolares que realizan en el aula -virtual o presencial-, pues saben que con eso que realicen alcanzarán la calificación aprobatoria, aunque sea la mínima. Segundo, decidir no trabajar en el periodo ordinario y esperar el periodo extraordinario de recuperación escolar, para algunos estudiantes puede ser una opción atractiva, en el sentido que los costos en cuanto al trabajo de actividades escolares, sería mucho menor y con la misma garantía de aprobar. Quizá hubiese sido pertinente flexibilizar los criterios y permitir que los centros escolares, con base al seguimiento que se tiene de los alumnos, tomaran la decisión bajo las cuales los alumnos y alumnas pudieran hacer uso de este recurso.

4) Es un hecho que varias escuelas, desde hace mucho, no cuentan con plantilla completa de docentes. Por ejemplo, Compañ (2021) documentó el caso de una escuela que durante todo el ciclo escolar 2020-2021 no se le asignaron maestros de: química, geografía, biología, matemáticas e historia. Es decir, el alumnado que en ese momento cursaba tercer grado de secundaria no tuvo clases de química, por ejemplo. Según el oficio DGAIR-DGDC/391/2021, refiere que la evaluación del alumnado en el caso de secundaria está a cargo del docente de asignatura. Ante esta situación, la evaluación no se pudo llevar a cabo, sólo hubo una calificación administrativa- necesaria para los alumnos, pues son los que transitaban al siguiente nivel-, con nulos referentes sobre el seguimiento de aprendizajes del alumnado. ¿Era justo reprobarlos por no tener docente? ¿Era justo aprobarlos sin haber cursado una asignatura que, además, era el único momento en que la cursarían, por lo menos en el nivel de secundaria? Parece que la política de la no reprobación, implica mirar no sólo los indicadores de cobertura, deserción escolar, promoción o egreso oportuno, los cuales son fundamentales; también, las condiciones bajo las cuales funcionan los diversos centros escolares, si no hay las condiciones necesarias para garantizar un servicio educativo digno y de calidad, la política de la reprobación será una simulación, que seguramente reflejará mejores indicadores, pero no será una estrategia efectiva que permita mejorar el servicio educativo.

En suma, la política de la no reprobación, puede ser un acierto, los criterios que las regulan, quizá no. Mientras sea impositivo y unidireccional y no como recomendación, puede haber muchos riesgos. Primero, limita la capacidad de la toma de decisiones de los actores fundamentales de los centros escolares, lo que obstaculiza la mejora del servicio educativo que ofrecen. Segundo, los testimonios de algunos docentes señalan que, aunque algunos alumnos y alumnas cuentan con las condiciones materiales para realizar las actividades escolares, no las realizan por flojera. Esta situación nos invita a reflexionar que la política de la no reprobación necesita ser más “creativa y flexible”, no puede implementar una política homogénea y general ante situaciones heterogéneas, diversas y particulares. Tercero, la política de la no reprobación, será una simulación que apueste por maquillar los indicadores, si las condiciones bajo las que se ofrece el servicio no mejoran y no son las pertinentes. La sociedad mexicana necesita mirar a la escuela de otra forma, no como un espacio de simulación, donde te entregan una calificación aprobatoria (incluso 10) aunque no hayas cursado la materia. Las autoridades educativas implementan la política de la no reprobación bajo el doble discurso: preocupados para que la niñez no abandone la escuela, pero abandonando las condiciones bajo las cuales funciona el servicio educativo para la niñez.

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