La fogata se ha mantenido viva en varias culturas antiguas de México, ha sido el lugar para construir lo común, lo que nos es pertinente y también relevante en comunidad. En ella se reconoce la voz de todas y todos sin hacer jerarquías políticas o académicas; por lo tanto, es una forma de distribuir equitativamente la palabra en un sistema ecológico de conocimientos, donde se teje diálogo que se enuncia desde la pluriculturalidad, es el lugar que se ha resistido a la modernidad capitalista, monocromática y uni-versal (léase que impone una sola narrativa histórica/cultural de la humanidad), en donde no se excluyen cosmovisiones ni saberes ancestrales ( Entrevista al profesor Lev M. Velázquez sobre la Fogata Pedagógica https://youtu.be/eSCTm0zVlGM?si=n69IKpfHGNTS0qUN).
No se podría afirmar que la comunidad sea a priori en cualquier lugar, por el sólo hecho de ser el pueblo rural o el barrio de la ciudad, se es en tanto se hace compartencia, se construyen los comunes para la vivencia colectiva, se crea y recrea la cultura, se defiende el hábitat vital que nos define; por eso, para nosotros los maestros de las educaciones populares, la fogata es pedagógica, porque en ella colocamos intencionalidad para aprender haciendo común/unidad, educar en la vida comunal y formar al nuevo comunero del siglo XXI.
El perfil de ese comunero y comunera que nos proponemos, prioriza los derechos de la tierra, a la vida como principio en su más amplio sentido, alejado del fundamentalismo religioso conservador; se reconoce en la diversidad lingüística y pluricultural; se sabe parte de una sola humanidad que no tiene supremacías raciales ni hegemonías civilizatorias que conducen a la colonialidad; se asume que es parte de una territorialidad vital, dinámica y rodeada de posibilidades a la que pertenece y por eso defiende, no que le pertenece ni que le sirve a sus fines egocéntricos y económicos.
La comunidad que pretendemos, es contraria al individualismo y la competencia, adversa a la organización gerencial como núcleo básico del capitalismo, que tiene como fin último rentabilizar a los sujetos y a la naturaleza, con el único propósito de producir plusvalía, capitalizar irracionalmente a una pequeña oligarquía para que se apropie de lo que pertenece a las inmensas mayorías. En esa otra estructura organizativa del capitalismo, sea empresa, corporativo o emprendimiento, los sujetos pueden cooperar y resolver problemas, pero no entre ellos ni para sí mismos, sino para garantizar rendimiento, eficacia, calidad, competencia desleal, productividad y ganancia para otros que, además, no son parte de su colectividad.
Sin embargo, la comunidad no es idílica, tiene contradicciones y amenazas que ponen en riesgo la construcción de lo común y justamente la fogata pedagógica es ese espacio dialógico para identificarlas, reconocerlas, analizarlas y confrontarlas: sectores políticos de interés grupal, como la partidocracia; cacicazgos económicos y de privatización de la tierra; economías destructivas del territorio y de la salud; violencias estructurales que conducen al despojo, patriarcado u homo/transfobia; racismos, clasismos o nacionalismos xenofóbicos. Sólo por citar algunas condiciones de riesgo.
De lo anterior, obtenemos las fuentes de indignación para la elaboración de núcleos integradores de aprendizaje que son significativos y trascendentes para la sociedad, de currículos emancipadores territorializados, de proyectos de indagación y aprendizaje para la acción transformadora de realidades, construcción de alternativas u otras posibilidades liberadoras de ser y hacer comunidad para la autodeterminación, la autonomía y la soberanía popular.
La fogata es, por consecuencia, fundante de imaginarios y utopías, pero también constituyente de realidades sociales, de subjetividades críticas que se agencian de las herramientas cognitivas, las prácticas y los saberes compartidos para transformar y transformarse, hacer autonomía y común/unidad frente a la heteronomía que se busca imponer desde las oligarquías con modelos educativos privatizadores, que cosifican a las niñeces por su valor económico, en tanto cuerpos en formación para que sean rentables.
A partir de estas trayectorias y cosmovisiones que hemos ensayado en las escuelas y los territorios de Michoacán (Ejemplo la Fogata de la Telesecundaria El Pedregal https://www.youtube.com/watch?v=ktreTfVLJBI) hemos tomado la firme decisión de desafiar al neoliberalismo educativo y confrontar a los proyectos deshumanizantes de las nuevas derechas, sus neofascismos y neocolonialismos.
A través de lo que hemos llamado Fogata Internacional de Educaciones Populares, la cual se llevará a cabo el 23 y 24 de enero, en Morelia (Pluriverso Comunalidad “Fogata Internacional” https://www.facebook.com/share/p/1CUmg4nkfo/) u otras formas de movilización para la batalla cultural de los pueblos, tenemos ante nosotros, el desafío de no ceder en nuestras construcciones pedagógicas históricas que han resistido a las oleadas de reformas neoliberales, de defender la escuela pública, la Nueva Escuela Mexicana y lo que en ella se ha recuperado de las experiencias territoriales y comunitarias.
