La educación, lejos de las campañas.

Las campañas políticas han quedado en el pasado y la inercia, pasión, encuentros y desencuentros propiciados por las declaraciones y debates generados entorno a las propuestas educativas han quedado atrás.

Por ello, conviene entonces, hacer un alto en el camino y generar, desde una posición sobria y alejada de reflectores y posicionamientos desde colores partidistas, para retomar aquellas circunstancias que nos permitan enfilar las baterías y los escasos recursos que ya de por sí se tienen desde el ámbito gubernamental, para visualizar un futuro de la educación que nos permita asumir con responsabilidad su visibilización desde posiciones aparentemente contrarias y diversas.

En primera instancia, hablando de la educación básica y buscando un espacio que vertebre con las modificaciones constitucionales desarrolladas desde el actual gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, es importante conservar aquellas que tienen que ver con el respeto al derecho a la educación de las niñas, niños y adolescentes, así como buscar conservar, adecuar y fortalecer la estructura generada entorno a dos importantes figuras que crecieron a la luz de las modificaciones educativas, que han sido profundamente señaladas con críticas por su marco normativo, que son el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) que encabeza el Sistema Nacional de Evaluación Educativa (SNEE), así como la Coordinación Nacional del Servicio Profesional Docente (CNSPD) que marca el camino del Sistema Nacional del Registro del Servicio Profesional Docente en nuestro país.

En ambos casos, se ha desarrollado un esfuerzo importante para lograr no sólo la estructura, sino la experiencia profesional en cada uno de sus ámbitos de desempeño que pueden -con las adecuaciones legales pertinentes y suficientes que alejen las decisiones del aspecto punitivo que les caracterizaron-, iniciar un camino certero que permita fortalecer en la educación, los valores que ya aparecen en el Código de conducta del INEE, que son la integridad, honradez, transparencia, rendición de cuentas, igualdad, respeto y liderazgo.

Es pues, un momento de asumir con responsabilidad el reto que viene e incluir en el discurso educativo del siguiente gobierno los elementos de la realidad educativa que ya existe en nuestro país, que además cuenta con personal enormemente calificado y el cual, seguro estoy, que de brindársele la apertura normativa adecuada, habrá de desarrollar un trabajo que habrá de ser no sólo importante, sino imprescindible para el desarrollo de lo que habremos de ver en el ámbito educativo de los siguientes años.

 

 
 

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