El SNTE, la CNTE y Gobernación


La realpolitik, como decía uno de mis maestros, no toma en cuenta a la moral ni al Estado de derecho, sólo los intereses concretos. Se pueden obtener resultados, pero a costos elevados en legitimidad. Eso le puede estar sucediendo al gobierno de Peña Nieto al lidiar con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).

La CNTE tiene miles de razones para estar contenta. Su estrategia de presión mediante huelgas y tomas del espacio público le reditúa provecho. En tanto, la congoja invade el espíritu de los dirigentes del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). La Secretaría de Gobernación le otorgó el estatus de interlocutor válido al liderazgo de la CNTE. Le concedió abrir una negociación nacional e interferir en asuntos locales para que se resuelvan los problemas laborales, administrativos y de infraestructura educativa que presenten sus adherentes; no importa que sean pocos, ya ostentan representatividad.

Quizá los funcionarios de la Secretaría de Gobernación no sepan bien lo que hacen. A pesar de que la historia de la CNTE y otros grupos radicales es conocida, la Segob se aventuró a negociar con sus dirigentes, que para el 19 de agosto cuando mucho tenían militancia fuerte en cuatro estados. Pero al recibirlos y hacer concesiones, que tal vez a la Segob le parecían pequeñas, en lugar de convencerlos de que se retiraran del Zócalo, los motivó a exigir más. Hoy los radicales ven fructificar su exigencia. Y van por más, ya le tomaron la medida a la Segob.

El secretario Osorio Chong pasó con esos dirigentes más de una hora; les confirió estatura de interlocutores válidos, les dio una pincelada de legitimidad. Al hacerlo, casi les ofrece la cabeza del aliado-servidor del gobierno, Juan Díaz de la Torre, a quien no le queda más que mostrar su enojo, es todo lo que puede hacer. La legitimidad interna del grupo que encabeza Días de la Torre está en entredicho desde el día en que tomó posesión de la presidencia del SNTE. Con este golpe, su fragilidad es más notoria; sus spots no convencen ni a sus allegados más cercanos. Él esta cerca del límite de la bancarrota política. Sus cuadros ya no se mueven, andan temerosos por los pasillos y sienten pasos en la azotea. Perdieron la brújula, aunque mantengan sus canonjías.

No pienso que el gobierno vea en las camarillas de la CNTE a las sucesoras de la de Elba Esther Gordillo. Sin embargo, al reconocerla como fuerza nacional le está abriendo el camino para asaltar la dirigencia formal del sindicato. En la Segob se equivocan si piensan que los radicales se van a sosegar con las ofertas que ya les hicieron: además de esa negociación (legitimidad compensatoria), pagar los salarios y bonos. El 2013 resultó un año de ascenso de la CNTE. La soberbia del gobierno le despejó el camino al subestimar la capacidad de movilización de los radicales.

Ahora sí, la Secretaría de Gobernación sembró la posibilidad de que se limen los filos de la reforma constitucional y de las leyes secundarias. Atención. No se detendrá la reforma a la Constitución ni se derogarán las leyes, pero es posible que no se apliquen. Mi pesimismo tiene fundamento. No que viera a las reformas como la panacea, pero sí les miraba su potencial para promover cambios institucionales, trocar las reglas del juego para que el Estado retomara la rectoría de la educación. Hoy veo al gobierno tímido.

En las asambleas de información de los movilizados en la Plaza de la República, la línea dominante era seguir en la lucha y demandar más. “A nivel local, la Segob habría propuesto a la Sección 22 de Oaxaca el pago de salarios y bonos retenidos, así como la liberación de docentes aprehendidos. No obstante, los maestros que permanecen en el campamento en la Ciudad de México diferencian entre los logros estatales y los nacionales. Las peticiones de la (Sección) 22 son diferentes a las que se tienen a nivel nacional” (Reforma, 4 de octubre). La S-22 despeja el Monumento a la Revolución, pero seguirá con su contienda en Oaxaca.

Primero, la Segob acepta pagar salarios cuando la ley ya vigente dice que no; segundo, también acepta librar a maestros acusados, dos bajo proceso, por secuestro y otros delitos. Eso es negociar la ley, no Estado de derecho. ¿Realpolitik?, tampoco; candor puro.

Fue publicado en Excélsior.


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