¿Qué tan mal estamos como sociedad para que las y los jóvenes que aspiran a cursar sus estudios tomen la decisión de hacer “trampa” en su examen de ingreso a una institución de educación superior? Fue una de las tantas interrogantes que golpearon una y otra vez en mi mente cuando lo sucedido en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se hizo extremadamente mediático.
Como parece obvio, una vez que se hizo público tan desafortunado evento, las reacciones no se hicieron esperar. Hubo quienes de inmediato se fueron a la yugular del rector por el “yerro” cometido en este histórico momento universitario al aplicar por primera vez un examen de ingreso en línea; otros, responsabilizaron directamente a la empresa que fue contratada para aplicar dichos exámenes por una probable ”fuga” de información; unos más culparon a quienes hicieron el negocio de su vida vendiendo “cursos”, paquetes de ayuda, productos tecnológicos y hasta las respuestas del examen a través de grupos privados en Telegram, WhatsApp y otras redes sociales; y, finalmente, otros más, le adjudicaron la mayor responsabilidad a las y los chicos que hicieron, digámoslo como se ha dicho en estos días: trampa.
Todo comenzó el 12 de enero del año en curso; la UNAM, a través de la Dirección General de Administración Escolar publicó la convocatoria para cursar alguna licenciatura y, como hoy se sabe, en esta edición se estableció que la evaluación se realizaría por primera vez de forma 100% digital a través de un programa de seguridad denominado Lockdow Browser con monitoreo vía cámara y micrófono.
Del 23 de mayo al 20 de junio, casi 159 mil aspirantes presentaron el examen en la modalidad a distancia, sin embargo, a lo largo de su aplicación surgieron varios problemas: a) fallas técnicas y diversos bloqueos, por ello es que varios estudiantes reportaron interrupciones automáticas del sistema, salidas de sesión imprevistas y bloqueos por presunto uso de otros dispositivos; b) alertas de irregularidades, pues en redes sociales comenzaron a circular ofertas de venta de respuestas del examen; c) aplicación de prueba extraordinaria, ya que a mediados de junio, varios periódicos digitales reportaron que esta Universidad intentó aplicar un examen extraordinario a aspirantes con inconsistencias, pero se canceló, tras protestas de padres de familia y concursantes en las sedes de evaluación.
Días después, el 3 de julio para ser más específico, la UNAM presentó una denuncia penal ante la Fiscalía General de la República al detectar esquemas de personas y empresas que vendían servicios fraudulentos prometiendo acceso o garantías de ingreso a la misma. El 6 de julio se hizo pública esta denuncia y se informó que se actuaría con rigor contra quienes intentaron vulnerar el concurso de selección. Aquí hago un paréntesis para preguntar si la rectoría (y áreas o direcciones responsables de este proceso), con los sucesos irregulares que se venían presentado e, imagino, con los resultados en la mano que la empresa les había entregado antes del 17 de julio, ¿jamás se dieron cuenta de que algo andaba mal?, ¿en verdad nadie se dio cuenta? Mmm….
Para el 17 de julio se publicaron los resultados, hecho que estuvo marcado por: 1) la cancelación de exámenes, ya que el sistema invalidó la prueba de aproximadamente el 2% de los aspirantes (más de 3 mil personas) al detectar conductas o anomalías durante la videovigilancia; 2) puntajes atípicos, sobre todo cuando especialistas y aspirantes detectaron un incremento inusual en las calificaciones perfectas o superiores a 100 puntos en carreras de alta demanda; 3) saturación en revisiones, específicamente cuando varios jóvenes solicitaron una revisión presencial de su examen cancelado, pero las citas de atención en Ciudad Universitaria se agendaron hasta agosto debido al periodo vacacional. Aquí la idea de que hubo trampa comenzó a correr con una fuerza desmedida.
Poco tiempo después, específicamente, del 23 al 26 de julio, decenas de aspirantes se movilizaron en las inmediaciones de Ciudad Universitaria con consignas como “no a la IA, examen presencial ya”, exigiendo la anulación de la prueba virtual, mayor claridad en las cancelaciones y la restitución del examen escrito de manera presencial. El 27, 28 y 29 de julio, la UNAM ordenó la suspensión provisional de todas las inscripciones de nuevo ingreso para el próximo ciclo escolar e integró una Comisión Técnica de Especialistas para auditar a fondo la infraestructura tecnológica, verificar la magnitud del fraude (o trampa) con el uso de IA, revisar y clasificar los casos y elaborar un dictamen y propuestas de solución; también, en estas mismas fechas, esta Universidad desmintió los comunicados que aseguraban una reprogramación inmediata generalizada, pero la Comisión aclaró que se estaban evaluando todas las posibilidades.
No obstante esta breve cronología de hechos, otra de las preguntas que saltaron en mi mente desde los comienzos de tan desafortunados eventos fue la siguiente: con todo el potencial en temas de investigación, en sus diferentes ramas, modalidades y enfoques, ¿el rector e imagino sus asesores y directores de áreas o departamentos no tuvieron la capacidad de indagar sobre la aplicación en línea en otras universidades, ya no digamos extranjeras sino mexicanas, sobre las ventajas y desventajas que podría tener realizar un examen bajo esta modalidad? Vaya, después de realizar una rápida búsqueda en la red pude obtener lo siguiente: varias instituciones de nivel superior han pasado por eventos similares a los que se vivieron en la UNAM, por ejemplo, el Instituto Politécnico Nacional, la Universidad Autónoma Metropolitana, la Universidad Autónoma de Nuevo León, la Universidad Autónoma del Estado de México, la Universidad Veracruzana y la Universidad Autónoma de Guerrero; en todas ellas hubo algo en común: la incapacidad de las plataformas digitales de proctoring automatizado para garantizar un entorno equitativo y seguro, en virtud de que estas herramientas tecnológicas suelen generar “falsos positivos” sancionando a jóvenes con problemas de conexión o espacio, al tiempo que resultan vulnerables ante esquemas organizados con dispositivos secundarios, redes sociales e IA. En fin. Solo me resultó curioso o extraño que no se haya sondeado algo tan importante como esto, sobre todo, porque es de conocimiento general, que esta Universidad es de las más demandadas por las y los jóvenes y, por ello, se supondría que la gente con poder de decisión y mando podrían haber tomado sus previsiones.
¿Qué va a pasar entonces?
El día de ayer (31 de julio), las autoridades universitarias y la Comisión Técnica definió aplicar un examen de control presencial como medida extraordinaria para validar los resultados y solucionar la crisis en el proceso de admisión; no sé si para llegar a esta conclusión (parcial) era necesaria una comisión, pero bueno, dicha medida consiste una evaluación presencial a los aspirantes involucrados en los dos siguientes supuestos: a) se convocará a las personas que ya recibieron un aviso de selección para ingresar a la Universidad mediante el examen original; b) también a aquellas que obtuvieron un número de aciertos igual o superior al menor puntaje que permitió el ingreso entre 2021 y 2025 al mismo programa, plantel y modalidad. Esta medida contempla a los concursantes que, pese a alcanzar los puntajes de referencia, pudieron no haber sido seleccionados como consecuencia de las irregularidades detectadas en el examen virtual. En sentido estricto, se trata de la aplicación de un nuevo examen a cierto grupo de aspirantes. Algo que se veía venir, sin duda alguna. Sin embargo, como puede notarse, en tal ecuación no se responsabilizó a la empresa que fue contratada por la UNAM y, mucho menos al rector de esta casa de estudios; algo que también era de esperarse. ¡Qué viva México señores!
No obstante, lo anterior, particularmente hay algo que me preocupa, me refiero a las y los jóvenes que, siguiendo las reglas y con ética y valores aprobaron el examen original y que, por todo lo que ya he comentado, tendrán que volver a realizarlo; ellas y ellos, desde luego, son los agraviados en el más amplio sentido de la palabra y no el rector tal y como este lo expresó ante los medios, la comisión y colegas; por cierto: ¿y el goya por qué no se escuchó este día?
Imaginemos el golpe emocional que vivieron estas chicas y chicos al saber que, siguiendo las reglas establecidas por la institución a la que desean aspirar por su enorme prestigio habían sido aceptados, pero, días después, les notifican que habrán de repetir su prueba porque no hubo honestidad por parte de otras y otros participantes, ¡vaya con el nuevo golpe emocional que les ha sido dado! Pagarán justos por pecadores, dice el conocido refrán y.., ¿el rector? ¡Bien gracias!
Desde mi perspectiva, este asunto no puede ni debe quedar ahí, se tienen que tomar medidas que aseguren que no se vuelva a repetir una situación de la misma naturaleza; podría comenzarse con la revisión del contrato con la empresa para verificar su incumplimiento afín de deslindar responsabilidades civiles, administrativas o penales; también, al interior de esa Universidad, se tendría que revisar y, tal vez, exigir sendas renuncias por los “yerros” cometidos que han puesto entredicho el reconocimiento y prestigio de esa casa de estudios; vaya, el mensaje que se tendría que mandar a la sociedad y a las y los universitarios debe ser claro y fuerte: nadie que no goce de altos valores y principios donde la ética y honestidad jueguen un papel importante, debería prepararse en la UNAM y en ninguna otra Universidad.
Termino este texto regresando a la idea con la que inicié el mismo; es cierto, en este momento esta Universidad está en el ojo del huracán, sin embargo, pienso que, como sociedad algo tendríamos que hacer ante la fijación de esa máxima mexicana, tan, pero tan desafortunada que dice: el que no tranza no avanza. Ahí es donde tenemos mucho que pensar y actuar, ya sea en casa, en la familia, en la escuela, con los amigos, etc.
Desde hace tiempo, varias y varios colegas de las plumas y letras que abordan diversos temas educativos, hemos señalado la imperiosa necesidad de revisar lo que sucede desde el nivel básico de enseñanza; hay políticas que, independientemente de su intencionalidad deberían dialogarse y/o revisarse, por ejemplo, se les ha enseñado a las y los chicos y, principalmente a sus familiares, que no pasa nada si no asistes a la escuela, entregas trabajos o no realizas los exámenes correspondientes, dichas políticas, leyes, normas o disposiciones administrativas te aseguran el pase directo al siguiente grado o nivel; esto, pienso, es algo que impacta a lo largo de su vida porque, indistintamente, se fija la idea de que no es necesario el esfuerzo, la dedicación, el estudio, etcétera para culminar sus estudios profesionales. En fin. Es un tema que debería conversarse ampliamente y que, pienso pudo tener un impacto en lo que ahora estamos viendo en este lamentable caso.
Finalizó con la siguiente idea: cuando supe de todo lo que acontecía en la UNAM, mi mente se trasladó de inmediato a lo que ocurre con los procesos de la USICAMM; hay que decirlo, cada año se vive la misma o peor situación que la que está viviendo esta Universidad. Los participantes, ya sea en los procesos de admisión, promoción o reconocimiento, reportan infinidad de eventos que, de verdad, los de esta casa de estudios son poco o nada, sin embargo, por un lado, el gobierno y la SEP están tan desacreditadas, que cuando alguien señala estas inconsistencias, pasan desapercibidas y, por el otro lado, tristemente se ha normalizado la serie de violaciones y vejaciones de las que son objeto las y los maestros.
Tristes y desafortunadas realidades estamos viviendo en estos momentos.
Ojalá y las acciones venideras logren recuperar la imagen de la siempre gloriosa Universidad Nacional Autónoma de México. Un servidor no tuvo el honor de estudiar ahí, pero, como mexicano, me siento orgulloso de contar con una institución con ese enorme prestigio del que goza a nivel nacional e internacional.
Al tiempo.
