El modelo híbrido: una modalidad alcanzable…o deseable en el regreso a clases

Comparte la nota:

El confinamiento sanitario ha dejado secuelas en diversos ámbitos a nivel mundial, los países más desarrollados no han escapado a estos efectos y ahora en Asia y Europa que es por donde ya pasó la etapa más crítica comienzan el período de reactivación de las actividades en todos los sectores. La recuperación será complicada y lenta pero como países de primer mundo tarde que temprano podrán ir saliendo de la desaceleración económica, el distanciamiento social y la inactividad política que marco el periodo de contagio máximo, así como del receso obligado en que entró el sector educativo.

Si bien es cierto que nadie a nivel global estaba preparado para un fenómeno sanitario tan devastador y tan largo, también es cierto que habrá regiones en dónde el proceso de recuperación será más lento y desafiante. La educación a distancia constituye sin duda una modalidad con múltiples bondades para la enseñanza y el aprendizaje. La tecnología al servicio del conocimiento y de mejores personas para un mundo mejor (eso solo el tiempo lo dirá) es algo que es indiscutible, sin embargo hay un factor mucho mayor quizá que no es garantizable para su cobertura y este es el de la conectividad, el internet es un recurso que no garantiza por si mismo bienestar y si ni en el primer mundo se acortan las desigualdades económicas y sociales con todo y la incorporación de las tecnologías a la educación, resulta casi una utopía que sea aplicable y alcanzable para los países latinoamericanos.

En México como en gran parte de los países de la región, los gobiernos están encaminados a buscar enfrentar más que resolver, los problemas económicos sociales y políticos que lejos de desaparecer cada vez se acrecentan más. La pobreza, desigualdad, marginación, exclusión, narcotráfico, deficientes sistemas de seguridad y salud pública son reflejo fiel de la inoperancia política entregada más al Neoliberalismo a quien rinde cuentas.

En ese contexto, pensar en una escuela que incorpore la tecnología a las escuelas resulta inalcanzable. Ciertamente esa modalidad educativa no es ajena o extraña, porque algunas instituciones fundamentalmente de nivel medio superior y superior ya lo venían haciendo y/o lo comenzaron a hacer como consecuencia del confinamiento sanitario, sin embargo, no de manera amplia y con todos los recursos.

La experiencia mexicana a través de la Secretaria de Educación Pública presentó en televisión abierta el programa de «aprende en casa» que no resultó como se pensó e implementó. La conectividad vino a mostrar la amplia brecha económica que hay no sólo en México sino a nivel global y muchos estudiantes se quedaron excluidos.

En el caso de nuestro país fue un verdadero desafío para docentes y aún más para los estudiantes el poder entregar sus actividades, no hubo la posibilidad de revisar y retroalimentar sus trabajos. Con o sin pandemia no estamos preparados para la incorporación de tecnologías a la educación, los gastos gubernamentales están destinados para los problemas ya referidos y ahora mismo para fortalecer el sistema de salud tan necesario en estos días, por lo tanto, es muy aventurado pensar en que al regresar a clases se resuelva el gran desafío de la virtualización de las clases; es necesario el concurso de la iniciativa privada para tan desafiante reto y una vez resuelto (que no será pronto), capacitar a los docentes en el manejo de la incorporación de la tecnología al ámbito educativo y no al revés como ya se empezó a realizar. De qué va a servir un docente con amplio dominio de la tecnología si sus estudiantes no tienen acceso a la misma y esta más bien es factor de exclusión de amplios sectores de la sociedad. 

Para el caso de Latinoamérica es indudable que la pandemia están dejando muy afectada la región. Sectores como el laboral, turismo, empresarial, educativo, tendrán que formular planes sólidos y alcanzables para enfrentar el proceso de reactivación de todas las actividades. En nuestro país se tendrán que tomar las decisiones más pertinentes no solo en la semaforización de cuándo reiniciar sino también de cómo hacerlo.

La SEP para el caso del sector educativo se ha pronunciado por implementar un modelo híbrido para el retorno a clases en dónde para evitar el menor riesgo en los contagios se distribuirán a los estudiantes de forma escalonada, asistiendo de manera dosificada, para ser ilustrativo, de un grupo asistiría solamente la mitad un día, la otra mitad otro día y un día con los que presenten mayor rezago así mismo se atendería de manera presencial y virtual a todos los estudiantes.  Y es justo ahí en dónde ni en el discurso ni en la realidad están dadas las condiciones para considerar siquiera esa posibilidad.

La infraestructura, específicamente la tecnología, no está a la altura de lo necesario para poder ofrecer los servicios virtuales. Los estudiantes, sobre todo en nivel básico, no cuentan con los equipos básicos indispensables (y aunque así fuera, porque hay quienes señalan que con un teléfono es suficiente) así como con la conectividad que les pueda garantizar el poder “interactuar” en la modalidad virtual para el envío de evidencias. ¿Se estará pensando en resolver ese “pequeño” detalle, se podrá resolver el problema de la cobertura y servicio para toda la población para que nadie quede marginado del servicio educativo?

Esto para los países del primer mundo no significará un gran desafío porque ya hay quienes trabajan con ese modelo híbrido, sin embargo, para nuestro países y muchos otros, estamos muy distantes de aspirar a ello. El reto es muy grande, como también la forma en que se realice si es que se lleva a cabo. Los procesos de enseñanza y aprendizaje requieren además de infraestructura tecnológica, habilidades digitales se los estudiantes y maestros. La virtualización del trabajo docente en el nivel básico requiere mucho más que de la conexión a internet, digitalizar los contenidos, solicitar las evidencias y revisarlas, se requiere de acompañamiento, seguimiento, retroalimentación. Esto implica ineluctablemente de mayores tiempos de conexión y tener un móvil no es suficiente, la conectividad implica tiempo suficiente para interactuar, subir y bajar archivos, dialogar y reflexionar en foros virtuales para orientar el trabajo de los estudiantes.

De no darse estos procesos el acto de enseñar y aprender resultaría ser muy fragmentado y los procesos no terminarían por consolidarse, sobre todo cuando se habla del nivel básico en donde los estudiantes están formando hábitos y habilidades de estudio. No sería tan complicado en otros niveles porque las habilidades de razonamiento, análisis y reflexión son acciones que aunque ya se realizan se requiere de menor orientación de los docentes.

Así entonces, tanto la conectividad como las habilidades digitales son dos condiciones fundamentales para el modelo híbrido, pero al mismo tiempo hay una condición más a considerar y esta es la distribución del horario de trabajo de los docentes para laborar de manera presencial y virtual o ¿se estará pensando en que se pueden hacer ambas funciones ocupando horarios que no corresponden a la jornada laboral de los maestros? ¿Trabajar de manera presencial y en linea no será hacerlo en doble jornada? ¿Quienes estarán en posibilidades de hacerlo? Sin duda son cuestionamientos que requerirán de respuestas precisas y la implementación de un modelo híbrido parece que está lejos de nuestro alcance por lo menos en educación básica.

TEMÁTICAS: OPINIÓN