Ya empezó el mundial y el balón rodó a favor del poder y el entretenimiento. Mientras tanto, el magisterio disidente sigue exigiendo, desde el otro lado de la cancha (el lado izquierdo), que el árbitro vendido silbe a favor de la razón y la justicia.
Desde 1979, la CNTE ha abanderado la lucha magisterial en favor de mejores condiciones laborales para las y los trabajadores de la educación. Es falso que la Coordinadora haya esperado hasta estos días (del mundial de futbol) para movilizarse en contra de las reformas neoliberales. La petición del magisterio no es un capricho ni, mucho menos, persigue privilegios –como se han empeñado en difundir los comentócratas y defensores del nuevo régimen burgués- sino, más bien, reclaman regresar a un sistema de pensiones y jubilaciones solidario para todas y todos los trabajadores al servicio del Estado –no solo para los docentes-. Lo que busca la CNTE es abolir la Ley del ISSSTE de 2007.
La demanda que hoy reclama la Coordinadora es totalmente legitima, pues responde a un reclamo en contra de las políticas neoliberales que los gobiernos anteriores impulsaron en su momento. Al mismo tiempo, los maestros disidentes solicitan que la mandataria haga valer su palabra y cumpla con su compromiso de campaña: “abrogar la Ley del ISSSTE de 2007”. Sin embargo, la información mediática no toma en cuenta las causas que originan la movilización de docentes, tampoco coloca en el centro de la discusión las promesas de campaña que externó la actual Presidenta de la República respecto a las jubilaciones y pensiones.
En lugar de cuestionar y descalificar las formas y métodos de lucha que la CNTE desarrolla, el debate debería girar en torno a establecer medidas adecuadas para iniciar rutas de trabajo para echar abajo las reformas neoliberales en materia de jubilaciones y pensiones a favor de las y los trabajadores. Las discusiones y reflexiones, mesas de diálogo y alternativas de trabajo, que promueve el gobierno federal, podrían encausarse hacia la protección laboral de los trabajadores al servicio del Estado y eliminar el modelo privatizador de las cuentas individuales administradas por las AFOREs (Administradoras de Fondos para el Retiro).
Sin embargo, algo no cuadra en la política actual ni en el discurso de quien detenta el poder. Tal parece que en la cancha se cometen muchos fuera de lugar y los abanderados no marcan el offside. El balón rueda a favor de quien compite con juego sucio y distracciones.
Los noventa minutos de tiempo se agotan y el marcador se muestra con ventaja para las instituciones privadas que administran las cuentas individuales de los trabajadores (como BANORTE, INBURSA, COPPEL, Afore Azteca, por mencionar algunas de ellas). Para el lado de la clase trabajadora, la cancha de las y los maestros, de los trabajadores al servicio del Estado, el balón no rueda y parece que el árbitro se hace de la vista gorda.
¿Quién ganará el partido? ¿La clase trabajadora o la burguesía financiera? ¿A quién le van? ¿Al pueblo organizado o a la oligarquía nacional y extranjera? ¿Cambiamos de árbitro o suspendemos el partido? ¿Quién mete más zancadillas? ¿El árbitro está vendido o está con el pueblo? ¿Seremos jugadores titulares en la cancha o sólo espectadores?
Vale, Salud y, si nos tachan de ultraderechistas y enemigos de la izquierda en el poder, les diremos: “¡Cuando el pueblo se levante, por pan, libertad y tierra, temblaran los poderosos, de la costa hasta la sierra!”.
Desde las tierras del bajío queretano. Soldado raso del magisterio oprimido.
