Después del Día del maestro y maestra todo sigue igual o, como diría aquel, mucho ha cambiado para que todo siga igual, y yo agregaría: peor. Esto aplica para cualquiera de los rubros que se deseen analizar, sobre todo si se considera que, por ejemplo, aunque a partir del 2018 surgió un nuevo modelo educativo acompañado de una supuesta “descarga administrativa” y la promesa de que ahora sí se revalorizaría la función de las y los docentes, la verdad de las cosas es que no es ni ha sido así; hoy día la carga administrativa sigue siendo excesiva y la implementación de la Nueva Escuela Mexicana nada más no acaba de aterrizar en las aulas y escuelas mexicanas. No obstante, lo anterior, estas líneas no pretenden abordar esos y otros temas que, de cierta forma, he venido comentando en diversas entregas en este espacio, porque en esta ocasión quiero referirme al incremento salarial de las y los profesores de educación básica, haciendo un breve, pero sustancial recorrido de 1980 a la fecha.
Para comprender el momento que estamos viviendo en estos días, pretendí dividir este texto en cuatros momentos. El primero lo denominé La década perdida y las devaluaciones ocurridas, mismo que comprende de 1980 a 1989; el segundo La federalización del sistema y carrera magisterial de 1990 a 2000; el tercero Los topes salariales de 2000 a 2018; y, la cuarta, La “revalorización” docente de 2018 a la fecha.
Por lo que respecta a La década perdida y las devaluaciones, es importante recordar lo sucedido durante el periodo de Miguel de la Madrid (1982-1987).
En esa época, la inflación regularmente superaba el 100% anual y, aunque se otorgaban diversos incrementos al año, digamos de “emergencia” para el magisterio, el salario cayó casi en un 60%. De hecho, cerca de 1987, el sueldo de las y los maestros se había degradado muchísimo, tan es así que apenas rozaba el salario mínimo general (en enero de ese año rondaba los $3,050 pesos; recuérdese que fue hasta enero de 1993 cuando se quitaron tres ceros al peso mexicano).
Para 1989, un actor político que fue fundamental para que se estabilizara y se reconociera el salario profesional de las y los profesores, fue la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), pues tras masivas protestas en el territorio mexicano y la caída de Jonguitud Barrios y su vanguardia revolucionaria en el SNTE, Salinas de Gortari no tuvo otra opción más que otorgar un incremento de 25% global (10% directo al sueldo base y 15% en prestaciones), es decir, en ese entonces un maestro de primaria podía ganar entre $650,000 y $750,000, pero, si le quitamos los tres ceros a esas cantidades, su sueldo base equivaldría en la actualidad a $650 y $750 pesos mensuales; ahora, si esto lo comparamos con los efectos que las crisis e inflación habían dejado en el 89, realmente el sueldo de ese docente apenas alcanzaba para cubrir sus necesidades básicas y, muy probablemente, las de su familia.
En cuanto a La federalización del sistema y carrera magisterial, es relevante traer a colación la firma del Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica en 1992 para comprender el impacto real de los “incrementos salariales”.
De 1990 a 1994 se otorgaron incrementos que rondaban el 11% y 15% anual, porque el gobierno intentaba estabilizar el rezago en este rubro (yo pienso que fue derivado de la fuerte y férrea presencia de la CNTE en esos años), sin embargo, el famosísimo “error de diciembre” provocó que la inflación se disparará al 51%, lo cual, en palabras llanas, pulverizó el poder adquisitivo de las y los profesores; por ejemplo, por esas fechas, el sueldo base mensual de una maestra de preescolar oscilaba entre los $1,200 y $1,300 nuevos pesos (recuérdese que en el 93 se quitaron los tres ceros al peso mexicano), cantidad que era nada comparada con, insisto, los efectos tan agresivos de la crisis económica recién ocurrida. Y bueno, para el cierre de ese sexenio (de Zedillo), la economía del país pareció estabilizarse y los incrementos anuales oscilaron entre un 12% y 15%, de ahí que el sueldo base promedio podría rondar los $4.500 pesos mensuales.
Por lo que se refiere a Los topes salariales (de 2000 a 2018), es necesario que se tome en cuenta la frágil estabilidad de la inflación que fue de un solo dígito durante este periodo. Ello permite comprender por qué, durante el sexenio de Fox, los incrementos salariales oscilaron entre el 5.5% y el 6.5% anual, pero también, por qué el sueldo promedio mensual de una plaza inicial rondaba los $4,580 pesos. Ya con Calderón se acentuó lo que podríamos denominar “el estancamiento institucional”, pues los incrementos al salario fluctuaron entre el 4.2% y el 4.8%; sin embargo, con Peña Nieto dichos aumentos fueron bastante, pero bastante mediocres o empobrecidos, pues estos directos al tabulador base se mantuvieron con topes del 3.4% y 3.5% (obviamente este cálculo es sin considerar lo relacionado a las prestaciones).
Finalmente, en cuanto a La “revalorización” docente a la fecha, habría que considerar que el expresidente Obrador implementó un supuesto “fortalecimiento al salario” al magisterio, enfocado principalmente a incrementar salarios al personal más rezagado, lo cual generó una polémica impresionante, en virtud de que los que resultaron mayormente beneficiados con esta política fue el personal de apoyo y de asistencia a la educación (PAEE) y no los profesores, en el entendido que de cada uno tiene funciones y responsabilidades diferentes que, por obvias razones, los lleva a devengar sueldos diferentes, pero bueno, los incrementos (globales ponderados) por año en el periodo obradorista fueron: 2019 del 6.25%, 2020 de 5.79%, 2021 de 5.39%, 2022 de 7.5%, 2023 de 8.2% y 2024 de 10.0%.
Por lo que respecta a la presidenta Sheinbaum, se sabe que el incremento salarial del año pasado y en este fue del 9.0%, sin embargo, el tema de cómo queda distribuido, generalmente este gobierno y el SNTE lo maneja con cierta, digamos “discreción” ante los medios de comunicación y la sociedad mexicana. Hasta cierto punto es entendible, porque no imagino a la presidenta romper la “hermosa” tradición de dar a conocer en el Día del Maestro (15 de mayo) el aumento al que serán acreedores las y los profesores, tradición que irrisoriamente nació con el presidente López Mateos y se consolidó con Luis Echeverría Álvarez; en fin.
Decía que se maneja con discreción porque, a simple vista, pareciera que el aumento es significativo, sin embargo, como ha venido sucediendo en todos estos años, no todo es como parece porque, en sentido estricto, hay cierta trampa que es obvio, no se dice y no se dirá, porque no le conviene al gobierno. Me explico.
En términos sencillos (para que lo pueda comprender alguien que no está muy relacionado con este tema), ese incremento se divide en tres: a) directo al sueldo base (concepto 07), b) fortalecimiento al salario profesional y c) prestaciones. Aquí es importante subrayar que el primero es el más relevante porque es indexable, es decir, que al aumentar el 07 se impacta automáticamente a otras prestaciones que dependen de él como el aguinaldo, prima vacacional y pensiones, por ejemplo, pero bueno, lo que no se dice en los anuncios presidenciales es precisamente eso: cómo queda desglosado el incremento, pero se sabe que (siguiendo con el ejemplo) que de ese 9.0%, 4% podría ser para el 07, 2.5% para fortalecimiento al salario y el otro 2.5% a prestaciones.
Visto desde esta perspectiva, el aumento que cada año reciben las y los docentes es mínimo; en este año ronda los $200 o $300 pesos (depende el nivel y demás cuestiones), pero dicha cantidad si la comparamos con el tema de la inflación y demás temas económicos y financieros que prevalecen en nuestro país descubren una verdad que es evidente: el salario de las y los maestros es bastante pobre; de hecho, la misma OCDE lo coloca en un 23% por debajo del promedio.
Aquí es donde tendríamos que preguntarnos sobre la famosa revalorización docente prometida desde hace varias décadas, porque en verdad, dicha revalorización suena más a un sueño guajiro de cualquier político con ínfulas de presidente que a una realidad concreta.
Tantos discursos, tanta palabrería, tanta demagogia, en fin, tanto de todo para seguir igual o, insisto, peor.
Al tiempo.