CONAFE: Ni los veo ni los escucho

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Hoy, como antes, los embates contra la educación pública y contra quienes optan por la docencia como carrera de vida provienen del mismo gobierno.


Muy al estilo de Aurelio Nuño, cuando por el 2015 la evaluación punitiva se aplicaba en todo el país y el magisterio protestante era inexistente, Mario Delgado ha hecho lo mismo, pero en pleno 2026: ni los veo ni los escucho. Esto por la reciente inconformidad de cientos de educadores comunitarios que prestan sus servicios profesionales en el Consejo Nacional de Fomento Educativo (CONAFE) y que, a ojos vistos, a este secretario de educación parece no importarle.

Dichas protestas se derivan del recorte presupuestal de fin de año, que pasó de 6 mil pesos en 2024 a 980 pesos en 2025; una inverosímil e inexplicable reducción de poco más de 5 mil pesos. Por esta razón (y otras) es que, en varios estados del país, se registraron fuertes e inéditas movilizaciones, pues en Veracruz, Chiapas, Hidalgo, Guerrero, Colima o Estado de México, estas figuras educativas salieron a la calle a manifestarse con pancartas en mano. Entre sus peticiones destacan: 1. Dignificación laboral, ya que solicitan ser reconocidos como trabajadores y no como “figuras educativas” que reciben un “apoyo económico”. 2. Pagos retenidos, por la falta de pago de algunos bonos y el retraso en los apoyos económicos correspondientes al inicio de año. 3. Prestaciones de ley, dado que no cuentan con acceso a un sistema de seguridad social y prestaciones básicas porque son catalogados como “prestadores de servicio”.

Desde mi perspectiva, me parece bastante preocupante que una actividad tan indispensable y necesaria como lo es la de educar a la población en condiciones de vulnerabilidad, no sea reconocida ni valorada en toda su inmensidad. Y es que, como sabemos, un educador comunitario realiza su labor de enseñanza en localidades rurales o de alta marginación del territorio mexicano; en el papel se le ha concebido, y se le concibe, como un agente de cambio que intenta transformar las comunidades a través del aprendizaje, los saberes y los conocimientos, de ahí que deba recibir un apoyo económico, capacitación y hospedaje. ¿De qué manera se puede lograr un cambio si estos educadores comunitarios no cuentan con las condiciones profesionales y laborales mínimas y necesarias para ejercer su labor?

Me parece que el reclamo de estos educadores, en cuanto al recurso económico se refiere, es total y absolutamente legítimo; de hecho, su inconformidad es poca comparada con la inmensidad de actividades que realizan en cada una de las comunidades en las que llegan a insertarse. ¿Por qué, ante la falta de materiales didácticos, por ejemplo, este educador tiene que poner de su ya de por sí escaso recurso para solventar las necesidades derivadas de la enseñanza que pretende realizar?, ¿por qué la comunidad que ya de por sí se encuentra en extrema pobreza tiene que buscar la manera de solventar estas y otras necesidades como alimentación, hospedaje o protección a los docentes?

Es cierto, se sabe que todo aquel que ejerce la docencia adquiere algunos recursos didácticos con la finalidad de ofrecerles a sus alumnos otras alternativas de aprendizaje, lo cual hace que su enseñanza sea variada y enriquecedora. Desafortunadamente, casi siempre el dinero que se emplea para la adquisición de esos recursos sale del bolsillo de la o el maestro. Algunos dirán que es por vocación, otros por compromiso con la educación y unos más por el amor y cariño hacia sus niños, y es cierto; todas estas acepciones son válidas, pero lo que no es válido es que por esta misma razón el estado-gobierno o funcionarios no asuman su responsabilidad y les otorguen los materiales a las escuelas para que las y los docentes realicen su trabajo. Si no me equivoco, esta misma situación sucede con estas figuras educativas como el CONAFE les llama; solo que, si ya de por sí el pago que les dan es una miseria, no ofrecerles las condiciones mínimas y necesarias para que realicen su labor es una burla.

Hace unos días leía con atención un texto donde señalaba que los educadores comunitarios perciben menores recursos que los inscritos en el flamante programa de gobierno “Jóvenes construyendo el futuro” dirigido a quienes en momento en que solicitan su inscripción no estudian ni trabajan, ¿no acaso el perfil solicitado es prácticamente el mismo?, ¿por qué entonces a dicho programa se le asignan más recursos y al del CONAFE se le quita o recorta? Con esto no queda claro a qué transformación se refiere la presidenta que ha logrado, o el propio secretario, quien, por cierto, el pasado 14 de enero subió a sus redes sociales una fotografía con el Dr. Gabriel Cámara (Director del CONAFE) con un texto que refleja la podredumbre de la política y de los políticos mexicanos: “Sostuvimos una reunión de trabajo con @conafe_mx, un servicio educativo innovador que ha sido clave en la formación de comunidades de aprendizaje y en llevar educación a las zonas con mayores necesidades de nuestro país”. Si es un servicio innovador y pieza clave en la formación de comunidades… ¿por qué los gobiernos lo han abandonado? Menosprecio quizá; desprecio tal vez.

No es de ahorita, pero se ha acentuado con este gobierno, que la docencia en nuestro país es una de las profesiones menos valoradas por quienes ostentan el poder o el dinero. Se esperaba que con el cambio o la transformación tan prometida se revalorizara la función de las y los maestros; craso error de quienes dieron un voto de confianza a tal proyecto. Hoy, como antes, los embates contra la educación pública y contra quienes optan por la docencia como carrera de vida provienen del mismo gobierno. La razón, tal vez sin ser sencilla o ingenua, se explica porque tanto los modelos como los funcionarios no han cambiado en demasía, siguen siendo los mismos; para muestra un botón: quien impulsó con todo la reforma peñanietista hoy, en tiempos “transformadores”, despacha desde la Secretaría de Educación Pública.

Ojalá nuestros gobernantes y las flamantes autoridades educativas que tenemos reflexionen y tomen cartas en el asunto, dignificar la labor de estas maestros y maestros comunitarios no es ni sería un obsequio, sería un acto de justicia a un programa que por años ha educado a mexicanas y mexicanos.

Hoy que tanto se discute una reforma electoral con tanto bueno para nada en el senado o en la cámara de diputados, bien valdría la pena, insisto, tomar cartas en el asunto y destinar el recurso económico donde realmente se necesita. El CONAFE lo necesita.

Al tiempo.


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