Celulares en el aula: la ruta hacia un acuerdo nacional

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El debate sobre el uso de celulares en las escuelas mexicanas ha escalado en las últimas semanas, pasando de una consulta docente a una propuesta formal de la Secretaría de Educación Pública (SEP) que busca regular el acceso a dispositivos digitales en todo el país.


El origen: un llamado de expertos internacionales

El detonante mediático de esta discusión se remonta a agosto, cuando el sicólogo social Jonathan Haidt, autor de La generación ansiosa, recomendó a la presidenta Claudia Sheinbaum separar a los alumnos de sus teléfonos durante la jornada escolar y elevar a 16 años la edad para abrir cuentas en redes sociales. Haidt explicó que la infancia “basada en el teléfono” está asociada con depresión, ansiedad, trastornos alimentarios, menor capacidad de atención y caída en los resultados de exámenes desde 2012.

En la misma conferencia, el experto en seguridad digital Arturo Béjar, exresponsable de sistemas de protección en Meta, comparó el diseño adictivo de las redes sociales con distribuir “una cantidad infinita de cigarros”, y señaló que los propios directivos de estas plataformas no permiten a sus hijos usar pantallas en la escuela porque conocen los daños que provocan.

La consulta nacional a docentes

Con ese telón de fondo, la SEP abrió entre el 24 y 25 de agosto un cuestionario digital dirigido a más de un millón de maestros de educación básica, en el marco del Consejo Técnico Escolar intensivo previo al arranque del ciclo 2026-2027. Los resultados, presentados por el secretario Mario Delgado Carrillo, arrojaron una participación de 565,396 docentes.

Resultados completos de la encuesta a docentes

  • 81% respalda establecer reglas o lineamientos obligatorios para el acceso y uso de celulares y pantallas en las escuelas.
  • 48% considera que los celulares dificultan mantener la atención y concentración de los estudiantes.
  • 38.7% señala que interrumpen las actividades escolares o que los conflictos surgidos en redes sociales se trasladan al aula.
  • 34% advierte que los alumnos abandonan la convivencia con sus compañeros por permanecer pendientes de sus dispositivos.
  • 51% propone crear protocolos para situaciones de riesgo y generar acuerdos con las familias sobre el acceso a la tecnología.
  • 40% de los alumnos asiste diariamente con un teléfono celular, según reportaron los docentes.

Restricciones específicas del preacuerdo

El titular de la SEP, Mario Delgado, precisó que la regulación será escalonada y se definirá junto con los secretarios de Educación de las entidades federativas en los próximos días.

Nivel educativo Regla propuesta
Primaria y secundaria (0 a 15-16 años) No se podrán usar celulares ni otros dispositivos dentro del plantel; en caso de excepción, “podrían llevarlos y dejarlos en algún lugar, pero no utilizarlos”.
Media superior / bachillerato (15-16 a 17-18 años) Cada plantel define sus propias reglas, ya que en este nivel los dispositivos empiezan a usarse con fines pedagógicos supervisados; todos los planteles deberán contar con lineamientos.
Universidades No habrá restricción de la autoridad educativa, dado que la mayoría de los estudiantes son mayores de edad; se invitará a las instituciones a establecer acuerdos propios.

Delgado añadió que el acuerdo contemplará protocolos para atender situaciones de riesgo y mecanismos de coordinación con las familias, aunque aclaró que la SEP todavía no ha fijado una fecha de entrada en vigor.

Postura de los padres de familia

El respaldo de las familias antecede incluso a la consulta docente: desde principios de agosto, la presidenta Claudia Sheinbaum informó que el 70% de madres y padres de familia en el país estaba de acuerdo en que sus hijos no utilicen celulares durante toda la jornada escolar.

Ya en el marco del regreso a clases, organizaciones como la Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF) en el Estado de México se pronunciaron a favor de la regulación, al considerar que limitar estos dispositivos mejora el aprendizaje y la convivencia. Además, las familias identifican en el uso del celular, junto con el acoso y la violencia escolar, uno de los principales riesgos para sus hijos.

Razones de salud mental y aprendizaje

Las autoridades educativas han insistido en que el uso descontrolado de pantallas genera ansiedad, depresión, baja autoestima, problemas de comprensión lectora y trastornos del sueño en niñas, niños y adolescentes. Delgado ha señalado que el objetivo es evitar que el uso indiscriminado de estos dispositivos afecte actividades fundamentales como el juego en el recreo y el desarrollo de habilidades socioemocionales.

Avances estatales previos al acuerdo federal

Antes de esta propuesta nacional, 17 de las 32 entidades ya contaban con alguna normativa local sobre el uso de celulares en planteles de educación básica, aunque ninguna prohíbe llevar el dispositivo a la escuela, sino que restringe su uso durante el horario de clases. Estados como Veracruz han anunciado que emitirán su propio decreto este mes, sumándose a reformas recientes en la Ciudad de México y Colima.

Más allá de la norma: una postura crítica ante la regulación

La regulación de celulares no debe entenderse como una imposición administrativa más, sino como una oportunidad para que la comunidad educativa recupere su función pedagógica frente a la lógica del entretenimiento digital que ha colonizado buena parte del tiempo escolar. Como supervisores, directores, docentes y personal de apoyo, el reto no es simplemente “prohibir”, sino construir una postura formativa que anticipe el acuerdo nacional y lo dote de sentido pedagógico real en cada plantel.

El riesgo de quedarnos en lo administrativo

Existe la tentación de convertir esta medida en un simple trámite de control: recoger teléfonos, sancionar, elaborar reglamentos y dar por cumplido el mandato. Esa postura sería un error, porque reduce un problema de salud mental, atención y convivencia a un asunto de vigilancia. Jonathan Haidt fue claro al señalar que la infancia “basada en el teléfono” ha traído consigo ansiedad, depresión y menor capacidad de aprendizaje; si la escuela solo administra la prohibición sin acompañarla de una reflexión pedagógica, perderá la oportunidad de atender la causa de fondo.

Postura de los supervisores escolares

El supervisor no puede limitarse a verificar el cumplimiento del lineamiento; su papel es liderar un proceso de acompañamiento técnico que traduzca la política nacional en estrategias contextualizadas para cada escuela, considerando la diversidad de sus comunidades, recursos y necesidades. Esto implica:

  • Impulsar en los Consejos Técnicos Escolares un análisis colectivo sobre el uso pedagógico versus el uso recreativo de los dispositivos, no solo su prohibición.
  • Dar seguimiento a que las excepciones justificadas (casos de salud, comunicación con familias) se resuelvan con protocolos claros y no de manera arbitraria.
  • Fomentar el diálogo entre escuelas de su zona para compartir experiencias exitosas de convivencia sin pantallas, evitando que la medida se aplique de forma mecánica.

Postura de los directores

El director es la figura que convierte la norma en cultura escolar. Su responsabilidad crítica es evitar que la medida se perciba como un castigo y, en cambio, la presente como una construcción compartida con docentes, alumnos y familias. Un director con visión reflexiva debe:

  • Generar espacios de diálogo con el alumnado para que comprenda el sentido de la medida, no solo la obedezca.
  • Fortalecer alternativas de convivencia en los recreos y tiempos libres (juego, lectura, actividad física), recuperando la infancia basada en el juego.
  • Vigilar que la regulación no sustituya la reflexión sobre el uso responsable de la tecnología, sino que la complemente.

Postura de los docentes de grupo

Los maestros de grupo son quienes viven cotidianamente la tensión entre distracción y aprendizaje; el 48% de ellos ya identificó que los celulares dificultan la concentración, y el 38.7% percibió que los conflictos de redes sociales se trasladan al aula. Ante esto, su postura no debe ser meramente restrictiva, sino formativa:

  • Diseñar situaciones didácticas donde, cuando se permita el uso en niveles como bachillerato, el celular se convierta en herramienta de investigación y no de distracción.
  • Modelar con el ejemplo un uso mesurado de la tecnología, reconociendo que la convivencia digital se enseña también con la conducta del adulto.
  • Documentar y comunicar a la dirección los efectos observados de la regulación, para retroalimentar el proceso en cada Consejo Técnico.

Postura del personal de apoyo

El personal de apoyo (USAER, orientación educativa, trabajo social) tiene un papel insustituible en la dimensión socioemocional de esta medida. Debe atender los casos de ansiedad, aislamiento o conflicto derivados del uso o la restricción de dispositivos, y trabajar con las familias para que la regulación no se perciba como una ruptura, sino como una alianza entre escuela y hogar, tal como lo demanda el 51% de los docentes que propuso generar acuerdos explícitos con madres y padres.

Una postura colectiva y crítica

En conjunto, la comunidad educativa debe resistir dos extremos: ni la satanización acrítica de la tecnología, ni la permisividad que ignora los daños documentados en salud mental y aprendizaje. La postura más honesta es la de una escuela que recupera su autoridad pedagógica sin autoritarismo, que dialoga con alumnos y familias, y que convierte esta coyuntura normativa en una verdadera política de convivencia digital, alineada con los principios de la Nueva Escuela Mexicana sobre formación integral y bienestar del estudiante.

Cierre

Este proceso se enmarca en una tendencia global, ya que gobiernos de distintos países han optado por retirar los teléfonos inteligentes durante el horario escolar como medida “sencilla, económica y eficaz” para mejorar el ambiente educativo, según destacó Jonathan Haidt en su intervención ante la presidenta Sheinbaum. Delgado ha insistido en que, pese a los resultados contundentes de la consulta, “la discusión todavía continúa” y que la SEP aún trabaja en afinar el acuerdo con los estados. El verdadero éxito de esta política no se medirá solo por su cumplimiento normativo, sino por la capacidad de las escuelas de transformarla en una oportunidad formativa para toda la comunidad educativa.

Fuentes: La Jornada, El Universal, Excélsior, Infobae, Milenio, Expansión, Reporte Índigo, El Heraldo de México, Vanguardia, Cronica.com.mx, Grupo Marmor, entre otros medios nacionales (agosto-septiembre 2026).


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