Bienvenido el ciclo escolar 2017-2018

 

Hace muchos años, mientras estudiaba Ciencias de la Educación, me invitaron a trabajar como maestra en un colegio de la ciudad donde entonces vivía. Me hice cargo en el mes de febrero de un grupo de segundo grado de primaria con 54 alumnos. Con muchas ganas de ser maestra, pero sin experiencia con niños entre 7 u 8 años de edad.

No narraré aquí todo lo que viví entre febrero y junio de ese ciclo escolar, pero comparto que hacia el mes de mayo uno de mis alumnos me dijo: “maestra, a usted apenas la estamos probando”. Me la pasé varios días pensando en lo que mi alumno me había dicho, me preguntaba sobre cómo me verían los niños, concluí que me veían como una maestra sin experiencia.

Al año siguiente volví a hacerme cargo de un grupo de segundo grado, pero desde el inicio del ciclo escolar en el mes de septiembre. Me preparé mucho al recuperar la experiencia de apenas un semestre. Estudiar la composición del grupo. Averiguar cómo había sido el primer grado de primaria de cada uno de mis nuevos alumnos, planificar al menos el primer mes y organizar mi primera reunión con los padres y madres de familia. Quería conseguir que los papás fueran mis aliados. Lo mejor era establecer con ellos un marco de actuación con sus hijos y con ellos. Y así fue. En otras entregas tal vez comparta más detalles de lo que fue esta experiencia personal y profesional de ser maestra.

Hoy inicia un nuevo ciclo escolar para más de 30 millones de niños, adolescentes y jóvenes que estudian la enseñanza obligatoria, desde el preescolar y hasta el último grado de la educación media superior y para cerca de millón y medio de docentes. El ciclo 2017-2018 abre nuevas expectativas, esperanzas y aspiraciones para los estudiantes, sus maestros y maestras, sus familias y en algún sentido para toda la ciudadanía.

Demos la bienvenida a este ciclo escolar. Imagino a los docentes reunidos en Consejo Técnico haciendo los preparativos para iniciar, preparando sus clases, organizando su salón, disponiendo los libros y materiales para sus estudiantes; a los papás, mamás y familias organizando sus tiempos y su economía; a los estudiantes contentos de regresar a la escuela y ver a sus amigos y amigas. En las ciudades, reaviva la preocupación por el tráfico.

Pensemos en los estudiantes. Los profesores, papás y mamás habrán de averiguar cuáles son sus expectativas, necesidades, ilusiones o cuáles son sus temores con el fin de poder apoyarles para que consigan el mayor éxito en su desarrollo y aprendizaje.

Pensemos en los docentes y directivos escolares. Ellos y ellas hacen su trabajo. Se basan en las certezas de que disponen: qué grado escolar atenderán o qué materia, cuántos grupos y estudiantes tendrán a su cargo, si tienen los libros y materiales para entregarlos, entre otras. Además, también buscarán disipar y resolver sus desasosiegos a fin de iniciar el nuevo ciclo escolar con una disposición renovada.

Concluyo con la convicción de que la escuela es una poderosa institución a la que le corresponde lograr que cada alumno asuma como propia la decisión de aprender. Además, tiene el deber de ofrecer a los estudiantes lo que sus familias no pueden darles. La educación escolar representa el acceso formal, sistemático y organizado, a la cultura, a la formación cívica y al conocimiento. La escuela es prácticamente el único espacio cultural que pueden compartir todos los niños, adolescentes y jóvenes como fundamento de una convivencia justa.

Artículo publicado en El Universal