A casi un año del anuncio de la reforma educativa.

José Antonio Martínez Gutiérrez

EL PRÓXIMO  1 de diciembre se cumplirá un año de la toma de protesta del Presidente Enrique Peña Nieto.

Ahí, en su mensaje inicial, dio a conocer las llamadas “trece decisiones” de su gobierno.

De entre ellas la número siete.  Así lo dijo:

“Ha llegado el momento de la Reforma Educativa. Una nación basa su desarrollo en la educación. El capital humano es la base del desarrollo y progreso de un país; ésta es la razón por la que corresponde al Estado la rectoría de la política educativa”.

 “Habrá reglas claras y precisas, para que todo aquel que aspira a ingresar, permanecer y ascender como maestro, director o supervisor, lo haga con base en su trabajo y sus méritos, garantizándoles plena estabilidad laboral”

El anuncio de Peña no  agradó a la entonces poderosa e intocable Maestra Elba Esther, quien desesperada por los desaires presidenciales y por el acotamiento de poder, puso en marcha aquella  pasajera estrategia de la “defensa de la escuela pública” y la  “resistencia pacifica y digna” derivado de los acuerdos del XXXV Consejo Nacional del SNTE.

Lo demás se sabe.   El Gobierno Federal asestó fulminante golpe al SNTE con el ya famoso “Elbazo”.

No hubo margen de reacción en el poderoso gremio pues el peso de su corrupción es tal que terminó a la orden y voluntad del Presidente.

Así, desde el fin del reinado de Elba Esther, su sucesor y en otrora brazo derecho Juan Díaz de la Torre, se convirtió de la noche a la mañana en ferviente defensor y promotor de la reforma educativa.

peña, chuayffet y diaz de la torre_opt

Seguro de la desmemoria magisterial,  no ha vacilado en asegurar que los maestros han hecho suya la modificación constitucional y sus leyes secundarias.   Incluso ha tenido el temple para pedir la aplicación de la ley a los rijosos que se oponen a ella.

Caminó por los Estados de la República mexicana en una especie de “Tour por la reforma educativa”,  para convencer e informar de sus alcances, así como del papel del SNTE, que según el líder, ha hecho prevalecer los derechos magisteriales.

Y que decir de sus vanales esfuerzos para -supuestamente-  transparentar al sindicato.   El chiste que se cuenta solo ya que la caída de la Maestra corrupta, no supone el fin de la corrupción, pues al final de cuentas es la misma cúpula enraizada, pero con otra de sus multifaséticas caretas. 

Por su parte, el Gobierno Federal ha hecho malabares para ungirle legitimidad al vacío líder del magisterio.   Sin embargo y a pesar de la supuesta institucional,  Juan Díaz es visto como simple y llano espectador.     Por el contrario, es tan claro el dominio abrumador del Presidente Peña sobre el tentador  gremio magisterial, que  se  perfila a convertirse  en una sucursal más del partido del poder.

Y sí, a casi un año del anuncio de la reforma educativa,  el Gobierno Federal, a pesar de sus esfuerzos mediáticos en radio y televisión, además del patrocinio a Juan Díaz para revestirlo de insitucionalidad,   la disidencia magisterial está unificada entorno al rechazo a la reforma educativa y como consecuencia su influencia  se ha extendido a otros estados del País.

Es la disidencia aglutinada  en la CNTE, pero curiosamente  aderezada con maestros del  propio SNTE que reprochan la notoria mansedumbre de su líder.

Por eso, a casi un año de la toma de protesta del Presidente Enrique Peña Nieto, la reforma educativa sigue sin convencer a la disidencia.   Lo único cierto es que los maestros  tuvieron  razón cuando  acusaron exclusión en la reforma.

Ahí están los dichos del Presidente Peña Nieto, así como los del titular de la SEP que  llaman machaconamente  a los maestros a  que “conozcan el contenido de la reforma educativa”, lo cual supone tan ridículo, como incongruente, así como la evidencia más sutil de su carácter cupular  y de que los maestros no estuvieron ahí con sus propuestas, aún cuando son éstos el sentir inmediato de los pronunciados desatinos del sistema educativo nacional.

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