Voces marginales en la pandemia 2020, cuentas pendientes con la inclusión educativa en México


En medio de la vorágine de comentarios, opiniones y debates en torno a la educación en tiempos de la pandemia de COVID-19, en el día a día se escuchan las voces de muchos políticos; algunas autoridades; unos cuantos especialistas; menos docentes; pocos padres de familia y escasos jóvenes y adolescentes, voces que tienen cierta resonancia a través de los medios de información y de las imponderables redes sociales… a pesar de ello, es necesario prestar atención a la aparente calma que subyace al fondo de las aguas educativas de nuestro país, en este momento en el que confluyen una contingencia sanitaria, un prolongado confinamiento preventivo, un imperativo y deshumanizante distanciamiento social y una emergente modalidad de educación a distancia, muy al fondo, en las profundidades de nuestro Sistema Educativo Nacional (SEN)  apenas se alcanzan a oír unas voces tenues, quedas y, en el peor de los casos, silentes… Por increíble que parezca, esas voces marginales provienen de las niñas y los niños, de los educandos menores de edad…y esos silencios, de las niñas y los niños con discapacidad, de los inmigrantes, de los indígenas, de los enfermos, de los que viven en condiciones de pobreza extrema. A todos ellos, poco se les escucha o, simplemente, no se les escucha… ¿Acaso verdaderamente la educación a distancia que reciben -si es que ha tenido la debida continuidad en su contexto familiar- les agrada? ¿qué opinan acerca de ella o qué sugieren para mejorarla?

En el Artículo 3º de nuestra Carta Magna, reformado recientemente, aparece el inciso f (adicionado el 15 de mayo de 2019), en el cual se agregó un rasgo acerca del criterio que orientará la educación mexicana y que la letra dice:

“será inclusivo, al tomar en cuenta las diversas capacidades, circunstancias y necesidades de los educandos. Con base en el principio de accesibilidad se realizarán ajustes razonables y se implementarán medidas específicas con el objetivo de eliminar las barreras para el aprendizaje y la participación”.

Definitivamente, un párrafo de marcada vanguardia, en corresponsabilidad con las  políticas dictadas por la UNESCO y demás organismos internacionales que marcan las directrices de la educación global (OCDE, BID, etc.), aunque más allá de la retórica del discurso jurídico-político y lo vanguardista del tratamiento, una luz de esperanza surgió para los miles de niñas y niños y, en general, para todas las personas, ubicadas en los lindes del SEN, que han vivido apartadas históricamente del derecho humano a la educación.

“Inclusivo”, con toda la carga polisémica que contiene este adjetivo educativo, denota sentirte parte, ser tomado en cuenta, ser partícipe, ser invitada o invitado (por fin), a una fiesta de aprendizajes y experiencias en la que tu acceso era restringido o tal vez nulo, con el único afán de que te superes a ti misma, a ti mismo, desde lo que eres, desde tu condición, edad, raza, origen, situación económica…

Pero llegó la pandemia causada por el amenazante coronavirus SARS-CoV-2 y las buenas intenciones de inclusión educativa, que tenían poco de ser prescritas por mandato constitucional y presentaban una paulatina inserción y asimilación en los contextos escolarizados, se fue difuminando… porque pese a los grandes  y encomiables esfuerzos de todos los involucrados en la educación a distancia, la modalidad, es necesario decirlo, está muy lejos de ser una modalidad incluyente, no en potencia, sino en acto y en hechos evidentes…Pensemos en una niña con discapacidad visual, ¿cómo podría conectarse a una plataforma online y digitar con soltura sus ideas?, ¿o un niño con discapacidad auditiva para escuchar y/a atender indicaciones puntuales de su maestra a través de una llamada o audio en Whatsapp?, y aún más preocupante ¿qué pasa con aquellas niñas o niños, quienes sin discapacidad alguna, viven muy solos en casa porque ni papá ni mamá están ahí a su lado, debido a que sencillamente hay que trabajar para la satisfacción de necesidades básicas?, ¿qué de aquellos que sufren violencia doméstica?, y de todos sin excepción, ¿qué efectos ha traído consigo la escasa socialización con pares, el no poder salir a espacios abiertos para jugar o para convivir con la naturaleza?…Y el listado de casos y situaciones preocupantes puede extenderse de forma considerable.

Hoy ha quedado más que claro que nunca que “el coronavirus es probablemente la primera pandemia global que reta los fundamentos de la posmodernidad” (Vitaller, Luquet & Marques, 2020:1), así es la Posmodernidad, que apareció como un paradigma a mediados del siglo XX, para destronar los efectos lacerantes de la Modernidad, en aras de analizar y comprender a las sociedades del conocimiento que se gestaban en aquel entonces, una paradigma sostenido, de acuerdo con las mismas autoras argentinas antes referidas: Vitaller, Luquet y Marques (2020), por cuatro ejes estructurales: hipercapitalismo, hiperindividualismo, hipertecnología e hiperconsumo, que a semejanza de los cuatro jinetes del apocalipsis capitaneados ahora por la COVID-19, han desarmado a una endeble educación humanista que intenta reinventarse en México, capaz de empoderar realmente a todas las niñas y a los niños, priorizando sus necesidades psicológicas y pedagógicas  y que ahora, por el confinamiento en sus hogares, se avizora como una conquista distante y, todavía más lejana, cuando existen barreras de aprendizaje, serias brechas económicas (y  por si fuera poco, brechas de acceso a conectividad de internet y/o  TIC), un panorama sin duda, más crudo y doloroso para esas preguntaría: ¿minorías? ¿realmente son minorías?, no queda claro que realmente lo sean, tal vez un censo educativo vendría muy bien una vez que se mitigue esta crisis sanitaria, un censo o tal vez un conjunto de entrevistas y foros que rescaten esas voces marginales, queremos escuchar a los auténticos destinatarios de las políticas, programas y procesos educativos… Ha llegado el tiempo de, sin temor, empoderar las opiniones de las niñas y de los niños, con o sin barreras de aprendizaje, sin subestimar ninguno de sus planteamientos, sin temor a sus revelaciones, preguntarles y que nos digan por ejemplo: ¿cómo fue realmente tu experiencia de educación a distancia?, ¿qué aprendiste?, ¿aprendiste realmente?, ¿qué te falta o que te gustaría por aprender?, ¿cómo te trataron tus papás en casa?, ¿cómo te gustaría que fuera tu educación a partir de ahora?, ¿qué tipo de escuela y de maestros deseas para ti y para tus compañeros?.

Resulta innegable que para lograr concretar en realidades el discurso político de la inclusión educativa, los adultos involucrados en los procesos educativos necesitamos ser incluyentes (sin que parezca redundante sino una actitud imprescindible), justos y posiblemente ya no posmodernos, con todas esas nocivas tendencias con prefijo “hiper”, tal vez y mejor sea optar por ser transmodernos, para que de una vez por todas saldemos esas cuentas pendientes con nuestras niñas y nuestros niños en su totalidad y especialmente los que han vivido en la marginalidad, dando un primer paso con una actitud abierta que comprenda y empatice con su sentir,  con su pensar y con sus genuinos anhelos poniendo mucha atención a su voz, sin interlocutores, una vez que regresemos a las escuelas, una vez, que aprendida la lección de la pandemia, la Educación para Todos, sea la consigna que guíe una nueva y poderosa esencia humanista en el mundo y especialmente para la niñez, con delicada atención a la que ha sido ancestralmente excluida en este México tan diverso, plural e intercultural,  este México con esperanzas aún, de trazar un nuevo y mejor destino educativo…

REFERENCIAS:

Artículo 3º de las Constitución de los Estados Unidos Mexicanos. Disponible en: http://www.ordenjuridico.gob.mx/Constitucion/articulos/3.pdf

Vitaller, K., Luquet, C. & Marques, B. La posmodernidad y las niñeces: en cuarentena. Question/Cuestión, Informe Especial Incidentes III, junio 2020. ISSN 1669-6581 IICom (Instituto de Investigaciones en Comunicación) Facultad de Periodismo y Comunicación Social Universidad Nacional de La Plata.  Disponible en: https://doi.org/10.24215/16696581e367


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