Un salario de hambre…


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Magro incremento que ofende al docente

cuando su vida precaria requiere atenciones,

que ante la necesidad indolente

solo quedan las manifestaciones;

pues la inflación se muestra indecente

de precios sin pretensiones,

que no respeta  contribuyentes.

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Un salario de hambre grosero y agresivo,

que se anuncia con bombo y platillo,

ante los televidentes que sin más motivo

y sin recordar al figurín mentirosillo,

reprochan la mentira y el calificativo

cual brutos hijos torpes de la Gordillo.

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Un aumento iluso por donde se vea,

que se tropieza con el impuesto sobre la renta,

y ante ruin atentado que nos torea,

solo queda organizar el gasto y la afrenta;

de un incremento zocato y mediocre

que pone la dignidad en venta.

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Ante el despilfarro de  los glotones

y a la salud de los comensales,

no hay solución ni por acostones

para un mal que se tiene en costales,

que aumenta los votantes,

acarreados por montones.

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Un sindicato sumiso y arrodillado nada pudo,

mas que secundar un despiadado golpe al proletariado,

que negocia bajo las condiciones del copetudo;

y relega  la mencionada calidad del alumnado,

pues el que se revela mucho queda entambado;

ante un secretario de servil consentimiento,

que doblegó su voluntad ante ejemplar encarcelamiento.

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Méndigo aumento salarial,

después de tanto estira y encoge;

que ante el descobijo sindical,

pues lo que a la SEP se le antoje.


Baldemar Montejo Martínez
Profesor de educación primaria. Simpatizante de la justicia y la honradez.

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