Un pueblo sin patria

Baldemar Montejo Martínez

En este mes se recuerdan los episodios más sobresalientes de la historia de nuestro célebremente  triste México.

Fechas llenas de sombra y suspicacias; abunda el desconocimiento en la población en general, se comparte la ignorancia y una especie de confusión conveniente para todos (más aún para la “mercadotecnia”).

Se ha perdido de vista el origen y el significado verdadero de los acontecimientos que han construido la parte positiva de nuestro presente.

Un pasado creado a costa de fracasos y mayúsculos tropiezos, donde se ha escondido la identidad nacional de cada uno de los habitantes de la gran Tenochtitlan.

Comenzando por la distorsión que el mismo pueblo ha aceptado como su nacimiento; una actitud deambulatoria entre lo español y lo indígena que no da lugar apropiado al mestizaje.

Lo más lamentable es que en medio del festejo y la algarabía los criollos sean el puente de explotación de más de medio país en favor de las riquezas de los reyes y virreyes que actualmente dirigen los destinos de la nación.

La historia de la independencia de México se ha escrito con sangre y llanto, se ha grabado en los años con rastros de dolor y traición.

Una independencia subjetiva con olor a esclavitud contemporánea, donde las secuelas de la guerra han dañado y marginado enormemente a su gente por quien un día se creyó que se luchaba.

El egoísmo y la ambición de ciudadanos deshonestos, corruptos y perversos desde ayer y hasta hoy continúan “vendiendo la patria” que cada vez menos personas desean celebrar.

¡Viva México! ¡Muera el mal gobierno!

Back to Top