Tres golpes para la evaluación del desempeño docente.

Aurelio Nuño fue férreo defensor de la evaluación del desempeño docente a grado tal que solicitó el apoyo de la policía federal para resguardar las sedes de aplicación.

Tres golpes para la Evaluación del desempeño docente, las más impugnada por el magisterio del País.

El primero de Juan Díaz de la Torre quien luego de la aplastante victoria de Andrés Manuel López Obrador, intentó construir un discurso paralelo de rechazo a la evaluación punitiva hacia los maestros.

Fue en una entrevista para El Universal que Díaz de la Torre expresó sin pudor alguno (luego de respaldar con toda la potencia del SNTE a la reforma educativa), que fue un error vincular los resultados de la evaluación de permanencia al servicio de los maestros.

“Hoy lo ratificamos, es un error vincular los resultados del desempeño docente a la permanencia en el servicio, eso debe reformarse.”

“Que se defienda el proyecto histórico de la escuela pública mexicana y, que la evaluación, a la que los maestros no se oponen, elimine de manera definitiva de la ley cualquier visión sancionadora o punitiva, es decir, que no se condicione la permanencia a los resultados de la evaluación (El Universal. 1 de agosto de 2018)”.

Y para completar su descaro, en su último discurso tras solicitar licencia definitiva al cargo de Presidente del SNTE, dijo con cero autocrítica lo siguiente:

“Frente a una amenaza a los derechos laborales, fuimos capaces de frenar la evaluación punitiva y poner el acento en la actualización y superación profesional del magisterio que será no tengo duda, el eje central del nuevo momento de nuestro sistema educativo en los próximos años (Profelandia.com. 22 de noviembre de 2018)”.

Al quite salió Mexicanos Primero, la organización que respaldó la reforma educativa, principalmente la evaluación de los maestros.

Fue David Calderón quien reconoció que esa organización erró al promover la evaluación de los maestros.

En el marco del foro “¿Qué sigue? Debates sobre el futuro de las políticas educativas y científicas”, organizado por el Departamento de Investigaciones Educativas del Centro de Investigación y Estudios Avanzados (Cinvestav), el activista hizo una declaración en abierto conflicto con la recalcitrante defensa que enarboló Mexicanos Primero hacia la evaluación docente durante el presente sexenio:

“Sí usamos y mal usamos los términos ‘mérito’, por ejemplo, ‘evaluación con consecuencias’, después aclarábamos, ‘la primera consecuencia tiene que ser el apoyo’, pero eso ya no se escuchaba, entonces, contribuimos a la construcción de un imaginario que resultó negativo”.

“No me avergüenza decirlo, nos equivocamos, nos equivocamos muchísimo, me avergonzaría seguir en esa equivocación; estamos buscando nuevos caminos, no los tenemos muy claros. Lo que en todo caso sí nos convoca es a cómo construimos de todos modos, con firmeza, poniendo en el centro el derecho de los niños, eso queremos reiterarlo (Educación Futura. 22 de noviembre de 2018).”

Y pensar que desde que iniciaron los procesos de evaluación a los maestros en servicio, el exdirigente de Mexicanos Primero, Claudio X. González, exigió despido para aquellos profesores que se negaran a la evaluación docente:

“Tenemos que estar como sociedad civil organizada absolutamente encima del proceso para asegurar que se den los incentivos, que se dé la capacitación y también en el caso de aquellos maestros, que de manera decidida, no quieran presentar la evaluación tienen que ser despedidos, y nosotros vamos a ser exigentes de las tres cosas (El Universal. 13 de diciembre de 2015)”.

Sin embargo, el golpe más contundente y fulminante para la evaluación del desempeño docente lo propinó el INEE.

Fue Teresa Bracho González, la Consejera Presidenta de ese organismo quien en entrevista para La Jornada declaró que, en efecto, la evaluación del desempeño docente “es de orden laboral”.

Una declaración de Bracho González que no sería polémica sino fuera porque durante todo el sexenio, los maestros denunciaron hasta la médula eso, que la evaluación de permanencia era punitiva, pero sobre todo, de corte laboral, lo cual negó no sólo la SEP (porque eso tenía que hacer para implementarla), sino también el INEE.

¿Quién no recuerda a Sylvia Schmelkes del Valle cuando encabezó al INEE introduciendo en el lenguaje reformador de la educación mexicana el concepto de evaluación docente como un derecho de los maestros?

De hecho, Aurelio Nuño tomó como bandera dicho concepto y se paseó alegremente por las escuelas públicas que visitaba cada lunes para defender la evaluación del desempeño, arengando además cifras alegres de maestros evaluados aunque hoy, en la administración de Otto Granados Roldán no hay, no existe dato alguno sobre el número total de maestros que acudieron a la última evaluación del desempeño.

Peor aún, la declaración de Teresa Bracho es lapidaria y debilita los argumentos de quienes todavía defienden la autonomía del INEE y, por el contrario, da solidez a los argumentos de los muchos detractores que tiene ese organismo.

Y es que Bracho González mandó el mensaje de que el organismo reprimió el poder de su autonomía durante la administración ‘Peñista’ para sumarse a los placeres del Secretario de Educación en turno pues nunca, nunca, hasta el ocaso del sexenio, se atrevieron desde el INEE a hacer tal señalamiento.

Además, hay quienes acusan que los Consejeros buscan ajustarse a la política educativa del Gobierno de Andrés Manuel López Obrador pues ven inminente la desaparición de ese organismo.

Como sea, pero si desaparece el actual INEE, pocos lo van a extrañar.

 

 
 

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