Tomar distancia, para acercarnos.

De lejos el coronavirus parecía, lejos. De cerca parece seguir estando lejos. Tal vez esa sea su mejor arma, por eso tantos contagios, por eso tantas muertes.

Hace ya tiempo que andaba evadiendo hacer un rutina estructurada en mi hogar, en el trajín diario del trabajo, apenas y si funcionábamos como familia, casi de manera automática, entre el cansancio, los pendientes que a diario hay que atender, las vueltas interminables día a día y semana a semana. Cosas urgentes del trabajo, de la casa, de los hijos, de las tareas, en fin. Siempre prevalecía una inercia que estaba por encima de cualquier tipo de planeación metódica que habíamos intentado mi esposa y yo.

A partir de que, de manera repentina, el sábado 21 de marzo decide el secretario de educación cancelar todas las actividades escolares, dando un espacio de 3 días para organizar toda una serie de cosas que parecían notas mentales que iban brotando de poco en poco. Mi rutina acostumbrada empezaba a sufrir unos cambios radicales y apresurados, primero por tratar de dejar todo en orden en nuestros centros de trabajo y segundo por tratar de entender la gravedad de lo que se nos viene encima, y encontrar las palabras adecuadas para decirles a mis alumnos y en el camino tratar de procesar para mí, realmente lo que ocurría y lo que creo que va a ocurrir.

Evidentemente a partir de que se empieza a dar un contador de casos en nuestro país, la palabra que más retumba en mi cabeza es miedo, miedo a perder a mis seres queridos, miedo a perder a mis amigos, a las crisis económicas, a no saber realmente lo que va a pasar. Pensar seriamente en que la posibilidad de que nuestro estilo de vida cambie profundamente es una realidad que parece ir tomando mayor fuerza cada vez, en el futuro puedo ver un distanciamiento permanente.

El distanciamiento que veo es uno que ya empezó, y que por principio de cuentas nos está gritando a la cara que tomemos distancia de lo superfluo, de lo banal y que descubramos donde está lo verdaderamente importante, el distanciamiento de mi ajetreada vida diaria, me permite hoy ver con mucha tristeza la situación que viven muchas familias que viven día a día, que si no salen a trabajar un día no comen y no podrán darle de comer a sus hijitos, esa realidad que no vemos cotidianamente, hasta que tomamos distancia.

El distanciamiento que veo, me ha obligado a ver de frente a mis pequeños, reír a carcajadas estos días con ellos, inventarnos formas de jugar, de hacer cosas, de hacer el aseo y de cambiar cosas en nuestro hogar y también, porque no decirlo de aburrirnos de diferentes maneras. Regresar la mirada hacia tu círculo cercano, a tu inmediatez, a tu circulo protector y que en realidad son tu fortaleza, es algo hermoso que debería de hacerse sin la necesidad de un virus o fenómeno de por medio.

El panorama es desolador en muchas ciudades del mundo, gente que muere y no puede despedirse de sus seres queridos, y que tampoco puede tener un funeral que les permita verlos por última vez, no puedo ni imaginar siquiera lo que eso puede significar. También veo gente que resiste a dejar de hablar de banalidades que le permitan ver hacia adentro, tal vez sea una forma de evadirse, tal vez sea que las frivolidades son menos tristes y los mantienen a flote, pero peor que ver una realidad negra, es no verla.

Cada uno de nosotros está procesando de manera distinta el distanciamiento, como maestro me siento angustiado por mis alumnos, por primera vez en mucho tiempo no tengo certeza de que pasará ni siquiera la próxima semana, no sé si regresaremos en el tiempo que establecieron las autoridades, no sé si la economía va a colapsar, no sé qué pasará de manera general. Y tal vez sea mejor así, no saber, tal vez el tiempo de las certezas absolutas está llegando a su fin, tal vez sea el tiempo de aprender a vivir en medio de la incertidumbre, tal vez deba acostumbrarme a mirar hacia lo importante, tal vez deba mirar de frente a quienes realmente necesitan ser mirados.

Yo deseo que nuestro querido México salga adelante, y que la gente más necesitada pueda recibir la ayuda suficiente para pasar este tramo difícil que nos toca vivir. Deseo también que este distanciamiento nos permita acercarnos más los unos a los otros en el futuro. Que tomar distancia pueda servirnos realmente para acercarnos. Que así sea.

 

 
 

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