La indisciplina social y su lamentable legado (Parte I).


Sin temor a equivocarme, en todos los niveles de educación básica del país entero incluyendo por supuesto la educación media superior; existe un sobre consentimiento de los estudiantes que va más allá de lo sano y necesario. Se confunde la libertad con el libertinaje, la tolerancia con la permisividad, la paciencia con la impotencia de ejercer dominio sobre personas en formación, etc.

Y una serie cada día más extensa de antivalores que se permiten de manera impune, conductas irresponsables, agresivas, indiferentes y cínicas que se defienden en nombre de los “tergiversados” derechos humanos, cuando estos deben ser lo garantes en pro de un perfil de ciudadano ejemplar.

Desde el preescolar hasta la preparatoria se considera que los niños y adolescentes son sujetos víctimas de una descomposición social sin nombre, que hacen las cosas de manera inconsciente, que su lamentable conducta y proceder iracundo (en la mayoría de los casos) es el daño colateral de algo que está fuera del alcance de todos. Y ante tal situación solo queda señalar al posible autor más destacado…la escuela en sus distintas modalidades (y por ende los maestros) ¡que no han sabido hacer su trabajo!

Me refiero específicamente a la intolerancia permanente y constante que muchos alumnos están experimentando como una conducta normal, una actitud irritable de confrontación al interior de los grupos de clase; es esa postura de la provocación y la premeditación hacia la ofensiva. Esos niños y adolescentes que sin más ni más molestan a sus compañeros, que agreden, que discriminan sin más motivos que el simple gusto de hacerlo, a sabiendas del cobijo protector que les brinda una sociedad que no hace nada por corregir su propia desidia.

En la repartición de las culpas por partes desproporcionadas se le mira a la escuela como el centro de responsabilidades inmediatas, sin recordar que la escuela no educa, sino instruye (proporciona procedimientos alfabéticos y lógicos-matemáticos) a través de un proceso de enseñanza y aprendizaje que aunque parezca sencillo, no lo es.

No se ha considerado la enorme responsabilidad familiar de muchos de los padres, madres de familia y tutores en general que al amparo de ser intocables por mantener la fidelidad hacia el gobierno en turno se mantienen omisos, amnésicos  e impunes ante una tarea que corresponde originalmente al hogar: la disciplina.


Baldemar Montejo Martínez
Profesor de educación primaria. Simpatizante de la justicia y la honradez.

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