Inicio de ciclo escolar: el escepticismo.


Como una neblina traicionera se expande la desconfianza sobre las acciones y los probables alcances propuestos para este incipiente ciclo escolar.

Es evidente y palpable la existencia de dudas sobre esa verdad aplastante que nos vendió la Reforma Educativa, es también innegable la permanencia de la incredulidad respecto a la  eficacia de las recién nacidas leyes que no son más que estatutos mercenarios al servicio del gobierno en turno.

Pareciera ser que la doctrina de los “filósofos” de la SEP (por cierto emanados de una enseñanza tradicionalista y conservadora), consiste en afirmar que la verdad no existe, o que, si existe, el hombre común es incapaz de conocerla y mucho menos de comprenderla.

El panorama se vislumbra muy cuestionable iniciando por la semana intensiva del CTE (Consejo Técnico escolar), en la que muchos esperábamos quizá un arranque parejo, justo, equitativo y que abordara temas prioritarios que actualmente influyen en el proceso educativo de las escuelas primarias.

Haciendo ver que en el nivel Preescolar y Secundaria la temática del CTE debía ser más apropiada aunque los niveles de coordinación y participación sean en muchos de los casos igual o peor de tibios y desabridos; ésto sin demeritar la capacidad de liderazgo de las educadoras y profesores que sin ser remunerados realizan un respetable esfuerzo.

Pero no es lo que se prometió, es un inicio muy parecido al de siempre. Con ausentismo de maestros y maestras que por situaciones de contratación son esclavos pasivos de la Secretaría de Educación (mañosa y muy añeja truculencia por ahorrarse una quincena en cada recontratación), otros docentes de plano a sabiendas de la podredumbre burocrática no asisten a ninguno de los dos lados haciendo gala de una comodidad irresponsable.

Se llevan a cabo trabajos, proyectos, ruta de mejora y planeaciones donde se incluye la participación “decidida, eficiente y total” de padres de familia y alumnos como parte de los cuatro actores responsables para el presente ciclo escolar, y ellos ni enterados están; además en muchas aulas de capacitación de CTE no se cuenta ni con los recursos y/o materiales apropiados para un trabajo que así lo requiere.

Solo queda confiar en aquellos docentes que cada día ponen empeño y esfuerzo voluntario y desinteresado en el cumplimiento de su labor, esos por quienes todavía la educación pública se puede sostener.

Es esa la única y verdadera fortaleza de la educación básica, nombres desconocidos y subestimados de maestras y maestros que si inician su ciclo escolar como debe ser.

Apenas es el inicio, falta esperar.


Baldemar Montejo Martínez
Profesor de educación primaria. Simpatizante de la justicia y la honradez.

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