El valor pedagógico ante las nuevas infancias

Avatar de Manuel Alberto Navarro Weckmann

Hoy la escuela debe reconstruir habilidades que antes surgían de manera natural en la vida cotidiana…


“Intentar enseñar sin conocer cómo funciona el cerebro pronto será como diseñar un guante sin nunca antes haber visto una mano.” – Francisco Mora

La niñez contemporánea crece en un entorno dominado por la inmediatez, la estimulación permanente y la guía constante de dispositivos digitales que anticipan cada paso. Esto transforma profundamente cómo se desarrollan la atención, la tolerancia al esfuerzo y la capacidad para enfrentar desafíos reales.

A diferencia de generaciones anteriores, que crecieron resolviendo problemas mediante exploración autónoma, memorizando rutas, intentando una y otra vez y aprendiendo a esperar recompensas tardías, hoy muchas experiencias se simplifican o se resuelven con un toque en la pantalla. Esta diferencia no es superficial: modifica la forma en que niñas, niños y adolescentes llegan a la escuela y redefine los retos pedagógicos de nuestro tiempo.

En las aulas, el personal educativo observa cómo estas condiciones afectan los procesos de aprendizaje: dificultades para sostener la concentración, menor tolerancia a la frustración, necesidad constante de estímulos nuevos y una idea del logro basada en gratificaciones instantáneas. No se trata de idealizar el pasado ni de criticar el presente, sino de comprender un fenómeno global que exige respuestas inteligentes y profesionales. La pedagogía, lejos de ser un conjunto de prácticas aisladas, se convierte en el puente que permite equilibrar las demandas del mundo actual con la formación sólida que requiere el desarrollo humano.

Hoy la escuela debe reconstruir habilidades que antes surgían de manera natural en la vida cotidiana: paciencia, autorregulación, persistencia, memoria operativa, pensamiento estratégico y capacidad para sostener la atención en tareas prolongadas. Estas competencias requieren intervenciones intencionales. El personal docente decide qué tipo de reto ofrecer, cuándo acompañar, cómo transformar el error en aprendizaje y de qué manera fomentar un progreso real que no dependa de estímulos inmediatos. Cada decisión se fundamenta en estudios, experiencia profesional y una lectura fina del desarrollo infantil.

Mientras el entorno digital acelera la vida y reduce los espacios para la reflexión profunda, la escuela emerge como un lugar imprescindible para desacelerar, ordenar la experiencia y aprender a pensar sin interrupciones constantes. Por ello, es vital reconocer el trabajo docente como una labor altamente especializada, capaz de comprender la complejidad del desarrollo actual y de ofrecer herramientas pedagógicas que realmente respondan a las necesidades del alumnado. En un mundo que privilegia lo inmediato, la educación escolar se convierte en el espacio donde niñas, niños y adolescentes pueden recuperar la capacidad de concentrarse, persistir, reflexionar y construir aprendizajes significativos que perduren más allá de cualquier pantalla. Porque la educación es el camino…

https://manuelnavarrow.com

[email protected]


COMENTARIOS