El receso escolar.

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La obsesión de la Secretaría de Educación por mantenernos dependiendo de “la tienda de raya”, y jalando constantemente las cadenas que nos esclavizan a un absurdo, más que mover a México, nos ahonda el repudio que sentimos sobre nuestra máxima autoridad; nos hace resentidos, maltratados y convierte esa impotencia en la esperanza de cobrarnos la afrentan a la primera de cambios.

No somos un asalariado más, no tenemos lugar en la burocracia ofensiva, tampoco hacemos de la hipocresía nuestra cotidianidad, no; nosotros somos los encargados del más alto honor, de la tarea que cualquiera cree ilusamente poder hacer y que jamás haría; somos quienes forjamos día a día el significado de la palabra “trabajo”. Esa es nuestra ocupación, es ese esfuerzo que se construye con decisión y atenaza lo imposible, aquel que no se aplaude, aquel que se pierde en el olvido pero que inmortaliza nuestra existencia.

Por ese mismo motivo aunque nos repitan hasta el cansancio que: “no son vacaciones profe(a)…” seguirán siendo nuestras vacaciones; porque el término es preciso y exacto, idóneo y reconfortante… es una pausa temporal en nuestras labores pedagógicas. Porque nuestra labor es práctica, vivencial, directa, real y verdadera. No somos administrativos, por el contrario somos el origen, la raíz que alimenta al árbol. Y por eso, solo por eso merecemos el descanso, el desestrés…las vacaciones. Porque el simple hecho de cambiarle el nombre a las cosas no les cambia el significado.

Aunque las semanas venideras se disfracen de lo que sea, se vistan de un tono enérgico y se señale la ley; aunque se le llame “receso escolar”, cual capricho irrisorio de quien nos cree ignorantes; la realidad es otra, pues surgimos de la incongruencia tonta de quienes nos subestiman creyendo que no razonamos, que no pensamos. Solo basta recordar que el receso escolar de 30 minutos es solo para los niños y que las vacaciones también; y las compartimos como nuestras, nomás porque las merecemos, porque las necesitamos, porque nos las hemos ganado…solo por esa simple razón… ¿No cree usted, mi estimado lector?

¡Las cosas por su nombre y cómo deben ser!

Baldemar Montejo Martínez

Baldemar Montejo Martínez

Profesor de educación primaria. Simpatizante de la justicia y la honradez.