1. Notas introductorias. Advertencias iniciales sobre el uso del prompt
No podemos dejar de mencionar que el hecho de saber preguntar nos ahorra mucho tiempo perdido cuando no sabemos por dónde comenzar. De hecho, la pregunta es la base primigenia de la investigación y de la sabiduría pues ya desde tiempos de Sócrates (Siglo V a. C), el filósofo de la calle, ponía el énfasis en la pregunta como fundamento de su mayéutica. La consideraba una forma de explorar los conocimientos que ya tenían sus discípulos pero que no eran conscientes de ello.
En la actualidad, con la irrupción intempestiva de la inteligencia artificial (IA) en todos los ámbitos de la vida cotidiana, la formulación de la pregunta socrática ha sido sustituida por el prompt; permitiendo así -no sin cuestionamientos- que la inteligencia artificial generativa (IAG) se haga cargo de una buena parte de los procesos de la escritura académica en el campo educativo.
Así, en las discusiones actuales, más en contra que a favor, respecto del uso de la IAG en la escritura de informes, artículos o ensayos académicos, se ha instalado la suposición de que el trabajo realizado con apoyo de la IA constituye un acto que poco o nada tiene que ver con la autoría humana. Desde esta mirada, el texto generado algorítmicamente sería el resultado de una operación técnica neutral, en la que la responsabilidad intelectual del autor se diluye o incluso desaparece.
Sin embargo, esta interpretación resulta profundamente reduccionista, pues lejos de anular al autor, la escritura mediada por IA hace visible, con una claridad inédita, la calidad filosófica, ontológica y epistemológica de quien escribe. Siempre y cuando el autor utilice a la IAG como un recurso a su servicio y no como una solución definitiva. Es decir, la calidad ontológica y epistemológica de la autoría podrá salvarse cuando el escritor académico revisa, analiza, modifica, documenta y rehace las versiones que le prodiga el prompt.
Ahora bien, es evidente que cada texto generado por IA revela el horizonte desde el cual el autor interpreta el conocimiento, el lenguaje y el mundo, pues no es igual interactuar con la IA desde una conciencia filosófica difusa o acrítica, que hacerlo desde una ontología y epistemología definidas.
Entonces, la formulación del prompt, la selección teórica, el tipo de preguntas y el modo de dialogar con las respuestas generadas son huellas claras del posicionamiento intelectual. Así, la IA no homogeneiza la escritura académica; en cambio, evidencia la profundidad o superficialidad del pensamiento que la orienta.
Desde una perspectiva crítico-dialéctica, esta situación obliga a replantear la noción clásica de autoría. La autoría ya no puede entenderse únicamente como la producción directa de frases originales, sino como la capacidad de configurar las condiciones de posibilidades del discurso. En este marco, el prompt deja de ser una instrucción técnica para convertirse en un acto epistemológico mediante el cual el autor delimita qué puede decirse, desde dónde puede decirse y con qué implicaciones teóricas y políticas se plantea el texto.
2. Autoría, escritura y sujeto: una lectura desde la teoría crítica
Cabe señalar, de inicio, que en este texto que se apoya en la teoría crítica y en el posestructuralismo, se argumenta que la IA, en la escritura académica, no genera conocimiento propio, sino que funciona como un sistema discursivo guiado por patrones estadísticos y que es responsabilidad del autor, de su expertise y de sus fortalezas éticas, quien humaniza tus textos.
Pese a estas limitaciones técnicas, la responsabilidad del autor se vuelve aún mayor, ya que el prompt emerge como un instrumento central de poder epistemológico. Así, desde la teoría crítica, la escritura académica no puede comprenderse como un acto individual aislado ni como una destreza técnica neutral. Es una práctica social situada, atravesada por relaciones de poder, reglas de legitimidad y jerarquías simbólicas.
Bourdieu, desde el siglo pasado, advertía que todo discurso académico se produce dentro de un campo que define qué saberes son reconocidos como válidos y quiénes están autorizados para enunciarlos (Bourdieu, 1982). La autoría, por tanto, no se agota en la firma del texto, sino que implica la asunción de una posición dentro de ese campo. Una asunción que no es inmediata; es un proceso sinuoso y prolongado que pasa por la aceptación y reconocimiento de los campos científicos y culturales donde hay quienes detentan ese poder de decisión.
La crítica frankfurtiana (Escuela de Frankfurt) profundiza esta lectura al señalar que la racionalidad instrumental tiende a colonizar la producción intelectual, convirtiendo el pensamiento en repetición de formas estandarizadas. Sus principales representantes, Adorno y Horkheimer (1947), advierten que, cuando la escritura se subordina a la eficiencia y a la reproducción de lo dado, pierde su potencial crítico.
Entonces, en el contexto de la escritura académica, mediada por IA, este riesgo se intensifica; pues la facilidad para producir textos formalmente correctos puede reforzar la homogeneización del discurso académico. En este orden de ideas, la IA no inaugura la crisis de la autoría; la hace explícita. Aquí la cuestión no es si el autor desaparece, sino qué tipo de sujeto se manifiesta cuando el texto es producido mediante mediaciones tecnológicas.
Desde la teoría crítica, el sujeto no es una conciencia soberana, sino una instancia histórica que se constituye en tensión entre autonomía y heteronomía. La escritura académica, incluso con IA, sigue siendo un espacio donde se juega esa tensión. Respecto de lo cual Freire, el filósofo brasileño, sostenía que era necesario y decisivo al concebir el conocimiento como praxis.
Y sostenía, recurrentemente, que no existe palabra verdadera desligada de la acción reflexiva orientada a la transformación del mundo (Freire, 1970). En consecuencia, escribir con IA sin mediación crítica no elimina la autoría; expresa una renuncia a la responsabilidad epistemológica. La IA no sustituye al autor, pero sí lo expone, revelando la profundidad —o ausencia— de su conciencia filosófica.
3. El prompt como condición de enunciación. Una lectura posestructural
El posestructuralismo desplaza el problema de la autoría hacia las condiciones de enunciación. Foucault mostró que el discurso está regulado por sistemas históricos que delimitan lo decible y lo pensable (Foucault, 1971). En la escritura mediada por IA, estas regulaciones se intensifican pues los datos de entrenamiento, las decisiones de diseño y, de manera central, el prompt del usuario, configuran el horizonte del texto posible.
Con base en lo antes dicho, el prompt funciona como una condición contemporánea de enunciación. No es una orden técnica, sino un dispositivo que regula el discurso; define qué enfoques se privilegian, qué autores se convocan y qué silencios se naturalizan. Derrida, al cuestionar la idea de un significado originario, permite comprender que el sentido se produce en el juego de diferencias del lenguaje (Derrida, 1967). En este sentido, el prompt no garantiza el significado, pero orienta la cadena de significaciones posibles.
En suma, desde esta lectura, diseñar un prompt es ejercer poder epistemológico. Un prompt acrítico reproduce discursos hegemónicos; pero uno reflexivo, abre fisuras para la problematización. La IA no es neutral ya que produce saber al tiempo que normaliza ciertos marcos epistemológicos. El autor no puede escudarse en la supuesta autonomía del sistema; en cuyo marco, el texto generado es inseparable de las decisiones epistemológicas que lo anteceden.
4. IA, cognición y simulación. Los límites neuro-epistemológicos
Desde la neurociencia contemporánea, el pensamiento humano no puede reducirse a un simple procesamiento abstracto de información. La cognición emerge de la integración entre cuerpo, emoción, memoria y experiencia situada (Damasio, 1994, 2010). El aprendizaje y la producción de sentido son inseparables de la vida afectiva y de la historicidad del sujeto.
La IA, en contraste, no posee experiencia encarnada ni intencionalidad pues su funcionamiento se basa en modelos estadísticos que optimizan secuencias lingüísticas sin comprender aquello que enuncia. Por tanto, la escritura producida por IA es una simulación funcional del lenguaje, no un acto cognitivo en sentido fuerte. Así que el hecho de confundir esta simulación con pensamiento, conduce a una fetichización de la tecnología y a un debilitamiento de la responsabilidad epistemológica del autor humano.
En resumen, puede afirmarse que el prompt actúa como interfaz entre dos lógicas distintas: la lógica experiencial del sujeto y la lógica estadística de la IA. La calidad de esta mediación depende de la conciencia ontológica y epistemológica del autor. La IA no reemplaza la mente humana, pero la interpela, obligándola a pensar críticamente sus propias mediaciones. Hace reflexionar al autor sobre su humanidad frente a los textos que escribe.
5. El prompt como acto dialógico-crítico. El posicionamiento filosófico
Comprender el prompt como acto dialógico-crítico implica situarlo en el ámbito de la ética y de la filosofía del conocimiento. Desde la pedagogía dialógica, el diálogo no es intercambio técnico, sino una relación ética orientada a la comprensión y transformación del mundo (Freire, 1970). En esta perspectiva, la IA no dialoga en sentido ontológico, pero puede funcionar como mediación que interpela al pensamiento humano.
Un prompt instrumental busca respuestas cerradas; un prompt crítico introduce tensiones, preguntas y contradicciones. Diseñar un prompt es decidir qué racionalidad se privilegia y qué tipo de conocimiento se legitima. En este sentido, el prompt es un acto ético: expresa una postura frente al saber y frente a los otros.
La escritura académica mediada por IAG, cuando se asume dialógicamente, rompe con la ilusión de la autoría delegada. Es decir, el autor no acepta acríticamente las respuestas generadas, sino que las confronta, las reescribe y las resignifica desde su propia voz. Consecuentemente, la originalidad del texto no reside en la frase, sino en el posicionamiento filosófico del autor que, como mediador, organiza el discurso.
6. Conclusiones a manera de reflexiones finales
La escritura académica mediada por inteligencia artificial no elimina la autoría humana; la redefine y la intensifica. En el contexto de la IA, la autoría deja de medirse por la producción literal del texto y se desplaza hacia la capacidad de configurar las condiciones epistemológicas del discurso. El prompt emerge así, como un acto epistemológico central, donde se manifiesta la conciencia ontológica, epistemológica y ética del autor.
Desde una perspectiva crítico-dialéctica y dialógica, el problema no es el uso de la IA, sino la renuncia a la responsabilidad intelectual de la autoría. La IA no piensa ni produce conocimiento en sentido estricto; simula lenguaje, pero ha de ser el autor quien decide. Pero esta limitación no absuelve al autor, sino que lo confronta con una exigencia mayor de reflexividad y posicionamiento ético y filosófico.
En síntesis, asumir el prompt como acto epistemológico permite resignificar la escritura académica como praxis crítica en el contexto de la tecnociencia contemporánea, dominada por la cultura digital. Así, la IA puede ser una mediación potente solo en la medida en que el sujeto conserve la centralidad del pensamiento, el diálogo y la responsabilidad ética. En última instancia, escribir con IA no oculta quién escribe; lo revela.
Referencias bibliográficas