El maestro es carne de cañón

Baldemar Montejo Martínez

Carne de cañón es el que va al frente, el que pone el pecho para recibir la descarga de balas, es el que pone la cara ante probables escupitajos, es ese que quedó entre el fuego cruzado; ese es el maestro. Compañeras y compañeros docentes que sin deberla tienen que pagar los platos rotos de un sistema educativo remendado al por mayor. La carne de cañón es el profesor o profesora que sale a rendir cuentas…cuentas que le encomendó el mundo entero.

Los maestros y maestras en general, esos que están comprometidos en serio; esos que gastan más de 50 pesos en material didáctico (que es lo que el gobierno proporciona quincenalmente), esos que son víctimas de la malagradecida sociedad son la puerta de golpe que mantiene un  país herido por sus malos gobiernos.

En palabras comunes, el docente está solo, expuesto y presionado. Y más aquel compañero o compañera que ha intentado hacer las cosas bien; porque pareciera que esos que se portan mal terminan gozando de beneficios con disfraz de aparente castigo… ¿A poco no conoces de alguno o alguna que era una fichita y ahora injustamente a está trabajando a 5 minutos de su casa? Pero la afrenta la sostiene el docente que es responsable si tener el capataz detrás de él. El maestro es el inicio y fin de todo el sistema educativo.  Y como todo ser humano limitado y vulnerable puede poco ante la pesada carga que le han delegado las autoridades, sociedad y padres de familia.

La autoridad educativa responsabiliza solo a los maestros de los malos resultados, de no estar lo suficientemente preparados para instruir a la niñez y juventud mexicana, los tutores y/o padres de familia se desgarran las vestiduras al ver que los hijos que han mal educado no son corregidos y convertidos en modelos de presunción; así también la sociedad se manifiesta a través de “organizaciones civiles” recriminándole a los profesores sus pobres resultados respecto a su doble compromiso de desquitar su sueldo y enmendar los males de una sociedad violenta y autodestructiva.

Al estilo Sansón, descubro mi fuerza solo cuando siento que debo defender lo que me corresponde, a mi gente, a mi pueblo, a mis colegas. ¿Cómo?

Ya no les aplaudo, ya no les hago jaranas, ya no me tomo la foto con “mis lideres”, mis máximas autoridades y mis candidatos (candigatos); por el contrario escribo y hablo de sus realidades. Cuando tengo la oportunidad los cuestiono, los expongo, les exijo…exhibo sus torpezas.   No me sumo a la relamida hipocresía…protesto.   No es una circunstancia, es una actitud y estilo de vida necesario.

Agradezco tu lectura mi estimado y nunca bien ponderado colega.

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