De la libreta a la tableta: una transición superficial.


El solo anuncio de la innovación escolar causa curiosidad y elevadas expectativas por parte de padres de familia que son conformistas, que han vivido bajo la cómoda idea del paternalismo gubernamental.

A muchos niños y niñas inocentemente les entusiasma la idea de tener “una tablet” en las manos; pues es un juguetito caro, comparado con las porquerías de útiles escolares que la SEP reparte cada inicio de ciclo escolar.

Y más aún hay mucha, muchísima gente preparada e inculta que se ofende e indigna porque se pone en duda la credibilidad del Presidente respecto al cumplimiento de sus compromisos. Porque darles una tableta a los niños de Primaria es equivalente a realizar un milagro; pues “la perrada con cualquier cosa se conforma”, de todos modos peor es nada.

Pero no es esa la actitud correcta que debemos tomar, como si debiéramos vivir agradecidos por algo que es obligación del estado. No, el aplauso es inmerecido, la limosna aún es insuficiente; el descuido y la subestimación han lastimado el presente y amenazado el futuro.

Una tableta y una libreta se parecen mucho si no existe un propósito específico, si no hubiere seguimiento; da igual una libreta o una tableta si solo es alimentar el clientelismo popular.

Si hay logística apropiada desde la recepción (mas allá de la foto de entrega simbólica), si se implementan estrategias y secuencias didácticas apropiadas, si el enfoque es congruente mediante un seguimiento real y cualitativo, y ya de paso si adecuan las aulas escolares con instalaciones apropiadas; entonces, estaremos dando muestras de sinceridad y responsabilidad desde el primer mando de la Secretaría de Educación Pública.

Mientras no haya algo parecido, lo que suceda sigue siendo falacia descabellada.

Y por más que se le parezca…tengamos en cuenta que el gobierno mexicano no tiene que cumplir las funciones específicas de Santa Claus.


Baldemar Montejo Martínez
Profesor de educación primaria. Simpatizante de la justicia y la honradez.

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