Crimen de Estado.

José Antonio Martínez Gutiérrez

Cuando dolor, indignación, ira, incredulidad, horror por el caso de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa  que,  aunque no lo reconozca el régimen; es un claro crimen de Estado.

Cuántas pruebas como el caso Iguala necesitamos  para despertar del que parece nuestro eterno letargo, nuestra inconciencia, nuestra miseria, nuestra ignominia,  y comprender de una vez por todas  que estamos gobernados por una clase política indolente y absolutamente delincuente, que estamos cosechando los frutos de nuestra desfachatez, por comodinos, por dejar que la partidocracia se apodere de los destinos de la Nación.

Las macabras revelaciones del (in)procurador de justicia, Jesús Murillo Karam, en conferencia de prensa, donde detalló que según las investigaciones de  la dependencia que encabeza, los 43 normalistas fueron asesinados y calcinados, son  la expresión más agria de un País en perfecto estado de putrefacción.

Si tal barbarie criminal no nos obliga a un basta, ya no más, un hasta aquí, un punto final, un «estamos hasta la madre»  de  este sistema político opresor, nada podrá hacerlo.

En todo caso estaremos condenados a la silenciosa esclavitud o peor aún, a la complicidad inconfesable.

Las vidas de los 43 congéneres, hermanos nuestros por humanidad y por las convicciones profesionales,  no deben ni pueden quedar impunes, ni mucho menos quedar en funestas cifras que significan menos para el perverso  régimen acostumbrado a la mentira y la simulación.

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