Con el compromiso de difundir el paradigma crítico en la Nueva Escuela Mexicana (NEM), he tenido el privilegio de compartir alrededor de 30 disertaciones a lo largo y ancho del estado de Michoacán. En estas instancias, he sido testigo de la poderosa transformación que experimentan los docentes en sus aulas, donde se despliegan cambios significativos en sus estructuras cognitivas y laborales. No obstante, también he identificado ciertas barreras que dificultan la comprensión de conceptos vitales, como la lectura de la realidad, la contextualización y, sobre todo, el crucial tema de la libertad. En dicho sentido, en este espacio solo pretendemos hacer diálogo-dialéctico que abone al tema desde la trinchera de la individualidad vivida en lo colectivo.
En esta experiencia empírica, me he percatado de la arraigada influencia del antiguo paradigma educativo, donde las directrices impuestas desde el norte han condicionado nuestra percepción de lo que consideramos normal. Ahora, con la introducción de la Nueva Escuela Mexicana (NEM) y su auténtica propuesta educativa, nos enfrentamos a la tarea de desatar estructuras de pensamiento y comprensión desde los rincones más profundos de nuestra mente.
Es importante señalar que el tema de la NEM ha generado una abundancia de discusiones y reflexiones, algunos de ellos presentados con supuestos herméticos desde una visión unívoca. Entre estos, destacan los ‘edutuvers’ que, en su papel de hermeneutas, abogan por la homogeneización de ideas. Curiosamente, actúan como hienas en las redes, disputando espacios ante maestros que aguardan ansiosos la llegada del norte para entender la propuesta de la NEM, cuando lo que debería ser más claramente un ‘SUR’.
En los próximos párrafos, buscaremos establecer puntos de reflexión que arrojen luz sobre por qué nos cuesta tanto trabajo comprender la propuesta de la NEM, promoviendo un diálogo reflexivo y orientado hacia el sur.
Para comenzar, aclaremos el concepto de ‘Surearlos’ (Suleá-los), un término acuñado por Paulo Freire que, aunque no figure en los diccionarios convencionales, juega un papel crucial al llamar la atención sobre las contradicciones ideológicas presentes en expresiones como ‘nortear’ u ‘orientar’. En esta perspectiva, el norte se asocia con el primer mundo, ubicado en la parte superior, lo que simboliza la posición de poder que ejerce. El norte, entonces, deja ‘escurrir’ el conocimiento, un flujo que nosotros, en el hemisferio Sur, a menudo ingerimos sin cuestionarlo en el contexto local (Freire: 1993)
Este análisis nos conduce a considerar que en la esencia del lenguaje reside tanto el significado como el significante. En este contexto, los vocablos ‘nortear’ y ‘orientar’ parecen desglosarse de las ‘diferencias de nivel de “civilización” y de “cultura”,’ términos que, según Paulo Freire (1992), se ajustan cómodamente al gusto positivista. Estas diferencias, arraigadas en la percepción entre el hemisferio norte y el hemisferio sur, entre el “creador” y el “imitador”, revelan una dinámica que limita al sur en su construcción epistémica.
Es decir, desde una perspectiva positivista, el blanco, barbado, heterogéneo, machista, FIFA y capitalista desde el norte asume el papel de definir qué y cómo debemos ser y actuar en el mundo. Este es precisamente uno de los obstáculos fundamentales que enfrentamos en la comprensión de la Nueva Escuela Mexicana (NEM). Durante años, hemos estado adormecidos, validando nuestro actuar educativo desde la perspectiva del norte, y con ello, también nuestras acciones políticas.
Ahora bien, al abordar la validación de nuestras prácticas, especialmente cuando asumimos la autonomía en la selección curricular y su adaptación a la lectura del mundo, nos enfrentamos de lleno al choque entre la comodidad y el adormecimiento de ser sujetos teledirigidos. Como sugiere la obra ‘El Homo Videns’, esta teledirección nos sumerge en una realidad donde la libertad tiene un costo elevado.
Citando a El Homo Videns (Sartori: 1997), podemos afirmar que vivimos en la era de ser sujetos teledirigidos, donde la libertad exige enfrentar una verdad incómoda. Al salir de la caverna, nos exponemos a realidades que preferiríamos ignorar, tales como la exclusión, la pobreza, el hambre, la discriminación, el narcotráfico, la trata de blancas, la prostitución, la corrupción y una miríada de otros problemas. Estos desafíos, además, se ven agravados por flagelos que afectan la consecución de ideales humanistas.
Este es precisamente el punto donde nos enfrentamos a dificultades al intentar comprender la Nueva Escuela Mexicana (NEM). La propuesta de la NEM nos insta a elevar nuestros cuerpos por encima de nuestras rodillas, a mirar hacia el horizonte con postura erguida y gestante, como nos sugiere Hugo Zemelman. En lugar de limitarnos a enseñar contenidos descontextualizados, la NEM nos exhorta a convertir la educación en un medio para abordar y resolver nuestros problemas directos.
Es un llamado a romper con la tradición de simplemente ‘culturalizar’ desde la perspectiva global del norte, mientras caemos en el adormecimiento frente a una figura de capitalismo voraz. La NEM nos invita a redefinir la educación como un catalizador para la solución de problemas, alejándonos de la mera transmisión de conocimientos y acercándonos a la acción transformadora en nuestro contexto local.
Lo que nos lleva a pensarnos como educadores críticos, esto es parafraseando a Hugo Zemelman (1987,1989, 1992) asumiendo que ser educador crítico no es un simple transmisor de conocimientos, sino un mediador entre el conocimiento y la realidad. Debe ser un intelectual crítico capaz de desmitificar la realidad y ayudar a los estudiantes a comprender las relaciones de poder que existen en la sociedad. El educador crítico debe ser un hombre erguido y gestante, capaz de generar nuevas ideas y propuestas que contribuyan a la transformación social.
Esto sugiere que ser un docente crítico es, en esencia, ser un docente de la Nueva Escuela Mexicana (NEM), lo que implica la capacidad de leer el mundo. La lectura del mundo, según la perspectiva de Paulo Freire, se define como la habilidad de las personas para interpretar y comprender su entorno, su realidad y las relaciones que establecen con él.
Freire argumenta que la lectura del mundo es esencial en el proceso educativo, ya que permite a los individuos analizar críticamente su contexto y desarrollar un entendimiento más profundo de las estructuras sociales, culturales y políticas que los rodean. Este enfoque busca fomentar la conciencia crítica y la participación activa en la transformación de la realidad.
“La Nueva Escuela Mexicana (NEM) representa un giro revolucionario, especialmente para aquellos docentes que han internalizado su rol como obreros del capital, enfocándose más en enseñar que en educar. Este cambio de paradigma, de ser un transmisor de información a convertirse en un educador que interpreta el mundo, demanda esfuerzos intelectuales significativos y un doloroso proceso de despedida de las guías familiares del camino conocido.
Federico Martínez Gutiérrez, en su ensayo ‘Es que enseñar no es educar: principios básicos para la comprensión del modelo educativo de la NEM,’ resalta esta transformación clave. Martínez Gutiérrez enfatiza que ‘…la escuela se volvió un espacio donde se enseña, pero no necesariamente se educa’. Además, es crucial reconocer que plataformas como TikTok y YouTube, junto con otros medios digitales de inyección masiva al cerebro, tienden a enseñar, es decir, a poner un sello, más que a educar, es decir, a sacar lo mejor del ser.”
En conclusión, “Surear” nos desafía intelectualmente, instándonos a enfrentar las grandes problemáticas que la invasión del capitalismo y la creación de capital humano presentan. Esta invitación es a liberarnos de las cadenas de la educación bancaria y la enseñanza narcisista, despojándonos de contextos y lecturas de mundo preestablecidas y dictadas, de asumirnos como sujetos pensantes y no pensados. Además, propone romper con la evidente separación entre la construcción del conocimiento para la transformación del mundo y el continuismo burgués de la acumulación de saberes inútiles para la vida que experimentamos en el siglo XXI.
Porque una educación transformadora para un mundo mejor ¡Es posible!
Bibliografía
Freire, P. (1992). Pedagogía de la esperanza: un reencuentro con la pedagogía del oprimido. Siglo XXI Editores.
Freire, P. (1993). Pedagogía de la autonomía: Saberes necesarios para la práctica educativa. Siglo XXI Editores.
Sartori, G. (1997). Homo videns: La sociedad teledirigida. Taurus.
Zemelman, H. (1987). La categoría de lo político en la realidad contemporánea. Cuadernos políticos, (49), 35-40.
Zemelman, H. (1989). Dialéctica y conocimiento. Siglo XXI Editores.
Zemelman, H. (1992). Sujeto, conocimiento y razón histórica. Siglo XXI Editores
Martínez Gutiérrez, F. (2024). “Es que enseñar no es educar: principios básicos para la comprensión del modelo educativo de la NEM.”
