SNTE: ¿Sindicato nacional o subsecretaría de la SEP?

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Hoy, los trabajadores sabemos puntualmente del descuento quincenal del 1% de nuestro sueldo, pero desconocemos su destino.


El modelo sindical actual está agotado. La crisis de representatividad ha dejado en evidencia el abismo insalvable que separa a la cúpula “institucional” de los agremiados de base. El llamado “sindicato de servicios” y su eslogan rimbombante de “volver al origen con visión de futuro” ha resultado ser una cáscara vacía: no les ha servido a los maestros, no le sirvió al gobierno anterior ni al actual, y mucho menos a sus aliados políticos. Quizás el único beneficiado sea Alfonso Cepeda y su camarilla.

La anatomía de una entrega

Vale la pena preguntarse: ¿Exactamente cómo llegó el SNTE a esta inanición? La respuesta es un catálogo de vicios: sumisión a ultranza, distorsión de la realidad, mutismo generalizado, genuflexión aguda y una alarmante carencia de programas reales. En palabras llanas: a los “sindicalistas de escritorio” les ha faltado barrio y les ha sobrado vida en la burbuja.

¿Quién los puso en este escenario de irrelevancia? ¿Quién aceptó el papel de objeto ornamental en los eventos de la autoridad educativa? Si usted, querido lector, piensa en apellidos como: Díaz de la Torre, Cepeda Salas, García Mora o Bañuelos de la Torre, su respuesta es correcta. Lo grave es que no se anularon ellos de forma personal; convirtieron a la organización sindical más grande de América Latina en un objeto inanimado, despojándola de la mística combativa que alguna vez sirvió a los trabajadores de la educación en México.

El costo de la inacción: del 1% al olvido

Hoy, los trabajadores sabemos puntualmente del descuento quincenal del 1% de nuestro sueldo, pero desconocemos su destino. En la era previa a este letargo, las negociaciones salariales eran rituales de resultados tangibles: de ahí nació la plaza base y la posibilidad de acceder a una doble plaza que garantizaba un retiro digno.

Antes, tras la negociación nacional, seguía la estatal, donde cada gobernador reconocía la labor docente con recursos adicionales. Hoy, a las dirigencias seccionales solo las invitan al desayuno del Día del Maestro para aplicarles la “clásica de Fox”: comen y se van. Actualmente, la “gran función” anual de la dirigencia nacional se reduce a revisar un solo concepto: la Compensación Nacional Única (CNCU). ¿Imagina usted destinar el 1% de su salario cada quincena para que sus líderes tengan una sola tarea al año? Si le cuesta creerlo, revise su talón de cheque de 2014 a la fecha; compare la inamovilidad de sus conceptos y atestigüe el estancamiento.

La última frontera: ¿Sindicato o subsecretaría?

El riesgo es inminente: de seguir así, el SNTE terminará convertido en una subsecretaría de la SEP. No duden que, en poco tiempo, el Comité Nacional andará en las escuelas, pero no para defender derechos, sino para observar clases, levantar reportes y solicitar sanciones.

¿Y quiénes integran ese Comité Nacional? Son los mismos que denostaron al pasado, los mismos que se escondieron cuando se aprobó la reforma educativa de Peña Nieto, los mismos que promovieron la evaluación de permanencia y dieron la espalda a los compañeros cesados.

Por dignidad, deberían irse. Pero si ellos insisten en que han hecho las cosas bien, los retamos: convoquen a elecciones nacionales libres. Veamos si reciben en las urnas el apoyo que ellos mismos le negaron a la base durante todos estos años.