El pasado 29 de agosto, con un toque de humor, la presidenta Claudia Sheinbaum, expresó que la escuela es un lugar para aprender, pero también para ser felices. También recalcó que las y los estudiantes deben ser disciplinados y no echar relajo todo el día. Esto en razón del ciclo escolar 2025-2026 que está por iniciar el próximo 1 de septiembre.
Palabras sensatas y muy prudentes de la mandataria nacional; sin embargo, ¿esto es así? Es decir, ¿la escuela de nuestros días es un lugar donde las y los niños pueden ser felices, pero también, disciplinados? Veamos algunos ejemplos.
México, hoy por hoy, vive diversas problemáticas a lo largo y ancho del territorio nacional; por ejemplo, de acuerdo a las cifras obtenidas de la fiscalía general del estado de Sinaloa (en Infobae, 2025), en julio del año pasado se registraron 50 homicidios y 44 asesinatos en agosto; aunque en septiembre de ese año esta cifra se incrementó a 142. En los meses subsecuentes los datos se mantuvieron con 182 en octubre, 175 en noviembre y 156 en diciembre. Ya en 2025, dichos homicidios no bajaron de 100; por ejemplo, en enero se registraron 138, febrero 119, marzo 135, abril 119, mayo 165 y en junio 207. De acuerdo a estos datos, repito, obtenidos de la fiscalía de Sinaloa, se han registrado 1632 asesinatos de julio de 2024 a julio de 2025.
Estas cifras parecieran que no tuvieran nada que ver con el sistema educativo en esa entidad federativa, pero no es cierto. De sobra se sabe que la escuela no es ajena al contexto en el que se encuentra y, como se recordará, no han sido pocas veces que las escuelas, en ese territorio, se han encontrado en medio de un fuego cruzado entre criminales y con la vida de todos sus actores en vilo. Tan es así, que habría que recordar el penoso y lamentable suceso donde la Secretaría de Educación de esa entidad, minimizó la inseguridad que ahí se vive, atreviéndose a criticar a las y los maestros porque no se presentaban a las escuelas debido a la ola de violencia que prevalecía y que se había sostenido desde hace varios meses. Entonces, ¿la escuela es un lugar para ser felices?
Un dato escalofriante y extremadamente preocupante, es el relacionado con el abuso sexual infantil contra menores; según datos de la OCDE (en infobae, 2024), nuestro país se convirtió en el que tuvo una mayor incidencia en este rubro con más de 4.5 millones de menores afectados anualmente. De hecho, en un informe de la Oficina de Defensoría de los Derechos Humanos de la Infancia titulado Es un secreto, se pudieron documentar casos de violencia sexual extrema en diversos planteles escolares, tanto públicos como privados en diversos estados de la República Mexicana. En dicho reporte se detalla, que algunos patrones de abuso fueron perpetrados por maestros, directivos, personal administrativo o trabajadores de intendencia. Varias de las víctimas fueron agredidas dentro de las instalaciones de las escuelas, lo cual incluye tocamientos, agresiones físicas o el ser obligados a presenciar actos sexuales entre adultos. Vuelvo a preguntar, ¿la escuela aun es un lugar para ser feliz?
Ahora bien, un tema que también es preocupante, es el empoderamiento que le ha sido otorgado a los padres de familia por buena parte de las autoridades educativas y gubernamentales. Un tema que recientemente se ha incrementado llegando a niveles, a veces de locura. Me explico.
Las redes sociales y los periódicos digitales se han inundado de noticias relacionadas con el cierre parcial o permanente de ciertos planteles escolares por parte de los padres de familia. El tema que ha sido recurrente y que ha sido una constante en los últimos meses ha sido el retirar o despedir a un docente. Las razones son muy variadas; de hecho, pienso que no hay un estudio que refiera datos precisos sobre este rubro, sin embargo, se sabe que las inconformidades tienen que ver con la forma en que se conduce el profesorado en las aulas o escuelas, los métodos de trabajo que emplea, la manera en que evalúa, la forma en que se expresa o dirige el trabajo con las y los chicos, vaya, hoy por todo se pretende retirar o despedir a un profesor o profesora.
Es cierto, con seguridad alguien podría decir que muchas de esas acusaciones son ciertas, y es correcto; sin embargo, en el medio es conocido que en la actualidad un padre o madre de familia puede hacer lo que se venga en gana en las instituciones, porque de lo contrario demanda o cierra la misma porque quiere y puede, y porque así se lo han permitido las autoridades referidas. En fin, lo lamentable de este asunto es que todo esto ocurre frente a sus hijas e hijos; quienes, por obvias razones, con dichas acciones pueden comprender que el docente no representa una figura de autoridad y/o digna de respeto. ¿De qué disciplina estamos hablando?
Ello desde luego nos lleva a pensar en la o las crianzas que en nuestros días se manifiestan en las escuelas al haber padres ausentes, con problemas familiares enormes, con estados emocionales que no terminan de comprenderse y entenderse, en fin, con un cúmulo de cuestiones que inciden en el proceso de enseñanza y de aprendizaje. Y bueno, si a todo ello le agregamos el uso indiscriminado de las redes sociales, la situación suele desbordarse un poco más.
No sé qué tan necesario sea el diálogo sobre lo que está ocurriendo en El Salvador, donde recientemente se han establecido normas disciplinarias relacionadas con el corte cabello, uso de uniformes, entre otros; lo que sí creo es que sería bastante prudente detenernos un momento para reflexionar, y luego actuar, sobre la forma en que estamos educando y formando a nuestros hijos y, consecuentemente, a nuestros alumnos.
A lo largo de la semana que está por terminar (del 25 al 29 de agosto), tuve la oportunidad de recorrer varias escuelas de educación básica; pude presenciar y ser testigo del enorme trabajo que realizan varios colectivos docentes en sus escuelas primarias, a pesar de lo infructuoso que resulta el Consejo Técnico Escolar que, hay que decirlo, planeado desde la federación es un verdadero sinsentido. Me consta que muchos docentes valoran su quehacer y su profesión. Puede darme cuenta de cómo ellos, con su propio recurso y con sus propias manos, pintaban salones, arreglaban mesas o sillas, cambiaban focos o componían conexiones eléctricas.
Qué lamentable que la SEP y el gobierno (del color que sea) se haya acostumbrado a que los docentes TODO LO PUEDEN porque PUEDEN HACERLO; qué desafortunado que nadie en la SEP se dé cuenta de ello o que finja no verlo, sin embargo, pienso que también es desafortunado que el profesorado mexicano haya normalizado esta situación y que todo lo hagan por algo que suele llamarse vocación. Entiendo que todos tenemos amor por lo que hacemos y entiendo que lo damos con mucho gusto, pero, ¿acaso Mario Delgado pone algo de su bolsillo para arreglar algún desperfecto en su oficina? ¡Eso sí me gustaría verlo! En fin.
Estamos por iniciar el ciclo escolar 2025-2026 y a todas y todos los maestros les deseo mucho éxito en su encomienda. Será un ciclo escolar lleno de retos, pero seguro estoy que con toda la pasión y el conocimiento con el que cuentan, podrán dejar una huella de saber profunda en sus alumnas y alumnos.
Esperemos sea un feliz y disciplinado ciclo escolar tal y como lo dijo la presidenta y no tengamos que decir a mitad del mismo: ¡Sálvese quien pueda!
Referencias consultadas: