Introducción
Al igual que Octavio Paz, quien en El laberinto de la soledad exploró la identidad del mexicano a través de su historia y sus contradicciones, en este texto nos proponemos hacer una analogía con la educación en su momento actual. La crisis de identidad del docente ante la Nueva Escuela Mexicana (NEM) se asemeja a la del mexicano que se debate entre su herencia y la influencia extranjera. No queremos caer en el malinchismo, en la imitación ciega de modelos externos; buscamos juntos la identidad de nuestra docencia mexicana.
Paz nos recuerda que “el mexicano puede ser un paria, un rebelde o un conformista, pero en todos los casos está solo”. ¿No es esta, acaso, la sensación de muchos docentes ante la NEM? Como el pachuco que se encuentra atrapado entre dos mundos, el maestro hoy se siente arrojado a una reforma que le exige cambiar sin darle certezas.
Nos enfrentamos a un “laberinto” (del latín labyrinthus, derivado del griego labýrinthos), un recorrido incierto lleno de pasajes oscuros donde debemos buscar nuestra salida. También nos encontramos con la “soledad” (del latín solitas, derivado de solus, que significa estar solo), un sentimiento que atraviesa al docente que duda, que se resiste, que no sabe si abrazar la transformación o refugiarse en el pasado.
Nuestra intención aquí no es ofrecer una salida fácil, sino invitar a la reflexión. Como Paz lo hizo con la identidad mexicana, nosotros proponemos un viaje hacia la identidad docente en la NEM, una identidad que no se defina por la negación ni por la imitación, sino por la conciencia de lo que somos y podemos llegar a ser.
I. La toma de conciencia del docente pachuco
Así como el adolescente descubre su existencia como algo propio e intransferible, el docente que enfrenta la NEM despierta a su identidad profesional con preguntas existenciales: ¿Qué soy? ¿Cómo realizo mi identidad ante los cambios? Su autonomía, antes sometida a las estructuras del pasado, se convierte ahora en un laberinto de incertidumbre. Se encuentra en un terreno movedizo entre lo que fue y lo que podría ser, entre la rutina y la posibilidad de cambio. Este despertar no es sencillo, pues implica desprenderse de viejas seguridades y enfrentarse a la posibilidad de la reinvención.
El docente pachuco vive un extraño desdoblamiento: es consciente de la necesidad de cambio, pero también teme lo desconocido. En su imaginario, el modelo tradicional era una estructura sólida que le proporcionaba certezas; ahora, la NEM le exige una postura activa y crítica. Este proceso lo lleva a cuestionarse si su formación profesional está alineada con las nuevas expectativas o si necesita un reajuste en su propia manera de pensar la enseñanza.
Ser un docente pachuco es ser un docente en contradicción de identidad, atrapado entre dos paradigmas educativos y sin una clara identificación con ninguno. Octavio Paz describe al pachuco como un ser que “no quiere ser ni mexicano ni estadounidense, sino otra cosa que todavía no acaba de formarse”; de la misma manera, el docente pachuco se encuentra en un limbo entre la tradición educativa basada en modelos conductistas y mecanicistas y la propuesta de la NEM, que lo invita a la reflexión crítica y al compromiso con la transformación educativa.
Este docente mira al extranjero buscando respuestas, pero también teme alejarse del viejo modelo que le otorgaba seguridad. Como el pachuco de Paz, se rebela, pero su rebeldía es ambigua: se resiste a la NEM no porque la comprenda y la critique, sino porque teme enfrentarse a su propia capacidad de cambio. Su negación del todo no es más que un mecanismo de defensa ante el vértigo de la autonomía.
Desde los ideólogos de la NEM, que plasman el deseo del otro simbólico, se percibe al magisterio como una identidad fragmentada, una que aún no ha desarrollado amor propio. Por ello, intentan colmarlo con la idea de la revalorización magisterial, una noción que en la práctica se convierte en un discurso vacío, carente de materialización real.
Al igual que el pachuco descrito por Octavio Paz, que al rechazar su origen y su destino se sume en una identidad de negación, el pachuco pedagógico no se asume a sí mismo como protagonista de la transformación educativa. Prefiere la marginalidad de la resistencia pasiva antes que la incomodidad de la acción y el cambio. Su lucha es simbólica más que efectiva, una rebeldía que, en última instancia, lo deja atrapado en la incertidumbre de su propio laberinto.
Así, pasa por diferentes reformas sin asumir ninguna de ellas como identitaria, repitiendo el ciclo del rechazo y la adopción superficial. Como el pachuco de Paz, que oscila entre la negación de su herencia y la imposibilidad de abrazar un nuevo destino, el docente pachuco transita por los cambios sin apropiarse de ellos, evitando la confrontación real con su propia transformación.
II. El pachuco pedagógico ante la NEM: la negación de todo
Como el pachuco de Paz, el docente que enfrenta la NEM está atrapado entre dos mundos. No termina de identificarse ni con las corrientes tecnocráticas e instrumentalistas de la educación capitalista, ni con la visión crítica y humanizadora de la NEM. Su respuesta ante este dilema no es la adhesión a una causa, sino el distanciamiento.
Se mueve en la escuela como un espectro, con la sensación de que algo le fue arrebatado: su antigua estructura, sus viejos modelos, su seguridad en la repetición. Ahora se le exige algo nuevo: repensarse, reconstruirse y convertirse en un agente de transformación.
Sin embargo, este distanciamiento no es gratuito. El docente pachuco siente la presión del cambio, pero también la necesidad de mantener un equilibrio entre lo que conoce y lo que debe incorporar. Se resiste, pero al mismo tiempo es consciente de que no puede seguir operando bajo las mismas lógicas. Esta ambigüedad lo deja en un limbo pedagógico, en el que sus acciones no terminan de consolidarse ni hacia un extremo ni hacia el otro.
Su soledad ante la propuesta de la NEM se manifiesta en la sensación de abandono que experimenta frente a sus libros de proyectos, los cuales lo distancian de la seguridad de los anteriores recetarios que le aseguraban que el contenido era enseñado. Esta incertidumbre lo hace verse a sí mismo en un estado de orfandad pedagógica.
III. La rebeldía estéril del pachuco pedagógico
En lugar de asumir su papel con responsabilidad, el pachuco pedagógico adopta una rebeldía superficial. Protesta sin actuar. Compra guías didácticas para no planear, consulta videos de YouTube en vez de estudiar la propuesta pedagógica, repite discursos críticos sin comprometerse con la transformación.
Su rebelde sin causa no desafía a la autoridad, sino a su propio crecimiento. No quiere aceptar la NEM, pero tampoco se atreve a defender un modelo alternativo. Prefiere la comodidad de la inercia a la incomodidad de la reflexión.
IV. El miedo a la transformación y la grandeza negada
El pachuco pedagógico teme comprometerse con los cambios porque, si lo hace, se enfrentará a su verdadera grandeza. Asumir la NEM significa reconocer su potencial como transformador social. Pero esta posibilidad lo asusta: prefiere la queja a la acción, la duda a la decisión, la nostalgia a la construcción.
Aceptar la NEM significaría reconocer que su formación anterior ya no es suficiente y que su rol como docente debe evolucionar. En lugar de abrazar este crecimiento, elige prolongar la pasividad.
V. Del pachuco pedagógico al maestro consciente
La salida de este laberinto no está en la negación ni en la rebeldía sin compromiso. La verdadera rebeldía es formarse, estudiar, crear estrategias propias, dialogar con los pares y concebir la educación como un acto de liberación.
El maestro consciente reconoce su poder como agente de cambio. No teme desaprender para volver a aprender. Su rebeldía es activa y propositiva, no estéril.
Conclusión: La identidad del maestro y la posibilidad de una NEM auténtica
El docente debe elegir entre ser un pachuco pedagógico, que vive en la negación y el distanciamiento, o convertirse en un maestro consciente, capaz de asumir su rol como educador y agente de transformación.
La NEM solo será una realidad cuando los docentes dejen de percibirla como una imposición externa y comiencen a integrarla en su identidad profesional.
La soledad del maestro pachuco no es irreversible. Puede ser superada cuando se reconoce en la comunidad, en la historia y en su propio potencial.
Porque una educación transformadora para un mundo mejor ¡Es posible!