Fundada en el año de 1979 en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), ha sido una organización que ha emprendido una férrea lucha en defensa de los derechos de las y los trabajadores de la educación; no en vano desde sus inicios ha buscado democratizar al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), pero también, a la educación y al país entero.
Sí, los hombres y mujeres que escriben la historia a través del tiempo, sobre todo desde el oficialismo, han trazado líneas que tienden a denostar a un movimiento magisterial disidente palpitante que, hoy por hoy, sigue presente y se hace presente a lo largo y ancho de la República Mexicana. Reza una de sus consignas: “gobierne quien gobierne lo derechos se defienden” y es cierto; hay evidencia de ello. No obstante, tal posición suele ser bastante “incómoda” para quienes detentan el poder; vaya, no vayamos tan lejos, volteemos la mirada a lo que ocurrió durante el sexenio de Peña Nieto o lo que sucede en nuestros días con Sheinbaum Pardo, para que se comprenda la fuerza y templanza de su andar en todos estos años.
Con seguridad muy pocos saben o recuerdan, que la mayoría de los líderes que dieron vida a esta disidencia magisterial estudiaron en una escuela normal, particularmente, en una normal rural; ello explica la organización que al interior lograron establecer en sus inicios esos jóvenes maestros, pero también, el enfrentamiento que tuvieron por décadas con dos de los cacicazgos sindicales más visibles: el de Carlos Jonguitud Barrios y el de Elba Esther Gordillo Morales; esta dupla, como se sabe, dirigió al SNTE durante 39 años. Sí, así como se leyó: durante 39 años. ¿Ahora se entiende la narrativa de denostación emprendida contra la CNTE desde el sindicalismo “charro”, clara extensión del oficialismo?
Sí, la historia puede comprenderse si se analiza el lugar y/o pensamiento del que la escribe; curiosamente, en esos textos periodísticos alineados al gobierno que están cargados de esa narrativa construida con esas líneas históricas de derecha, centro o de la reciente “izquierda”, los títulos se redactan en un mismo sentido: “CNTE causa caos en el centro de la República”, “CNTE bloquea calles y avenidas afectando a miles de habitantes”, “CNTE vandaliza edificios públicos y gubernamentales”; cuándo será el día que algún historiador o medio de comunicación titule un texto o comunicado de la siguiente forma: “Por incumplimiento de promesas de campaña: CNTE sale a las calles”, “Ante la precarización del quehacer docente impuesta por el gobierno, CNTE se manifiesta”, “Por prioridad gubernamental hacia empresarios dueños de las Afores, CNTE anuncia paro indefinido”. ¿Acaso no se entiende que la exigencia de sus derechos laborales y profesionales corresponde mayormente a las necesidades que enfrentan las y los trabajadores de la educación en sus comunidades, escuelas y aulas escolares? Sí, es una demanda laboral, pero también, una demanda de vida y por la vida.
No sé cuántos de esos escritores a modo han visitado una escuela en la sierra o en las zonas más vulnerables del estado de Oaxaca o Guerrero, por ejemplo. Bien valdría la pena que se dieran una vueltecita para entender el contexto; un contexto en que el liderazgo del profesorado sigue siendo un rasgo distintivo de su vocación y empeño, pero, sobre todo, de amor y dedicación por sus alumnas y alumnos. No por nada cuando surgió esta organización sus contingentes provenían de Chiapas, Tabasco, La Laguna y de Guerrero y, con posterioridad, se fueron agregando trabajadores de otras entidades, por ejemplo: de Michoacán, Oaxaca, Morelos e Hidalgo.
En absoluto con este texto no pretendo romantizar un movimiento u organización magisterial que está ligada a la enseñanza; desde luego que no persigo ese propósito; lo que estoy intentando hacer (espero lograrlo) es evidenciar, más allá de la denostación de buena parte de los medios de comunicación impresos y digitales que arremeten contra ésta a gusto y disgusto, la permanencia de una lucha por la dignificación y reconocimiento pleno de los derechos laborales y profesionales de los trabajadores de la educación, tema que hoy día es fundamental seguir insistiendo porque, está visto que del SNTE, en manos de todos esos líderes charros no se realizará para beneficiar al magisterio en su conjunto. Ahí tenemos de nueva cuenta a Cepeda Salas, previo y durante la movilización de los tres días de la coordinadora, muy envalentonado expresó su exigencia por la abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007 (demanda de la CNTE) o de la eliminación de la USICAMM (también demanda de la CNTE), pero sin movilizar un solo ápice al magisterio. ¡Sinvergüenza!
Sí, la CNTE volvió a salir a las calles para exigir el cumplimiento de sus demandas y la andanada de críticas, vituperios y denostaciones no se hicieron esperar; irrisoriamente, muchas de estas provienen de ese sector “izquierdista” que tanto aplaudía y reconocía sus acciones durante el peñanietismo; sí, la CNTE volvió a salir a las calles para demandar el cumplimiento de sus exigencias; entre ellas la abrogación de la reforma educativa impulsada durante el sexenio de Peña Nieto y mantenida en el lopezobradorismo, la abrogación de la ley del ISSSTE de 2007 con la finalidad de eliminar el esquema de cuentas individuales (afores) y regresar al sistema de pensiones solidarias, aumento salarial al 100%, entre otras; sí, la CNTE volvió a salir a las calles y créanme, dadas las condiciones por las que atraviesa el país en todos los sentidos, es preferible que haya este tipo de movilizaciones a que uno guarde el más completo y absoluto silencio.
Sí, es cierto, habrá a quienes no les gusten “los modos” en que suelen manifestarse, sin embargo, cuando se trata de la dignificar la vida humana a través de su quehacer profesional, las manifestaciones evidencian que esos “modos” aplican para quienes son parte del gobierno y no del pueblo.
Irrisoriamente, el incumplimiento de campaña de la presidenta en cuanto a abrogar la Ley del ISSSTE de 2007 le estrella en la investidura presidencial cada vez que la CNTE se mueve. Ese daño está hecho y, ni Mario Delgado, Rosa Icela Rodríguez y muchos menos MORENA podrán contrarrestarlo.
Dice Mario Delgado que rodará el balón por aquello del mundial; no sé si sea ingenuidad de su parte, pero, seguro estoy, que lo que rodara en próximas fechas son las más diversas manifestaciones, incluyendo las de la CNTE que promete volver a la Ciudad de México y a las sedes donde se realizarán los partidos del mundial; pienso que lo harán con mayor fuerza de la que hemos visto.
Al tiempo.
